Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

Eso sí que no lo sabía. Tampoco quiero averiguarlo; no me apetece leer las porquerías que seguro que estarán diciendo algunos aficionados odiosos.

—Bueno, quizá sea porque no me sacan fotos saliendo de discotecas con ligues evidentes ni con la polla por la calle —replico.

Sé que es solo la mitad de la historia, pero el comportamiento de Harper no ayuda demasiado.

—¿Así que es mi culpa? ¿Merezco que me insulten unos imbéciles ignorantes? ¿Merezco recibir amenazas de muerte porque no estoy haciendo yoga solo en mi habitación a las tres de la mañana?

—No he dicho eso. Digo que…

—¿Qué es lo que dices? Porque ahora mismo lo único que haces es cargarte el buen rollo. Te he invitado a relajarte y a disfrutar, no a sentarte aquí a juzgarlo todo como una pasa seca.

—Sí, claro, échame la culpa a mí. Siempre es mi culpa, ¿verdad?

¿Cuándo aprenderás a responsabilizarte de tus actos?

Algunos nos tomamos nuestra carrera en serio.

—Estoy tan alterado que no puedo parar—.

Sabía que venir aquí era un error. No sé en qué estaban pensando cuando te metieron en el equipo.

No vales nada comparado con Elijah. Eres un niñato.

Veo en su rostro el impacto de mis palabras y al instante me arrepiento de haberlas pronunciado, aunque ya es demasiado tarde. Muy pero que muy tarde.

—Lo que tú digas, abuelo. No me extraña que todo el mundo hable de cuándo te vas a retirar. Por lo menos tu padre se retiró a lo grande. Yo he pisado charcos con más personalidad que tú .

Sé que es probable que me lo merezca, pero tiene una forma de meter el dedo en la llaga que toca todas mis inseguridades. Durante unos segundos, me quedo sin palabras.

Lo único que quiero es largarme de aquí.

—En fin, ha sido divertido —digo con sarcasmo mientras me levanto—. Que disfrutes del resto de la noche.

Nuestra tregua temporal ha terminado, me doy la vuelta y me largo.

Le oigo murmurar algo entre dientes que suena a «gilipollas aburrido», pero no me detengo. Estoy harto de estas tonterías. También estoy harto, muy harto, del puñetero Harper James.

Valoro la posibilidad de llamar un Uber para regresar al hotel, pero decido ir a pie. En Melbourne las noches todavía son templadas, y necesito despejarme.

Harper no ha dado más que problemas desde que ocupó el lugar de Elijah. Lo he intentado, de verdad que sí, pero hay algo en él que me pone histérico. La idea de los beneficios de la sangre nueva y del espíritu competitivo se ha desvanecido y me siento… vacío. Solo. Y muy pero que muy cansado.

Me aterra volver a estar de malas con él, y sé que no intentará ocultar su desprecio delante de Anders, de la prensa ni de nadie que quiera escucharlo.

Se suponía que iba a ser una temporada brillante, incluso la mejor hasta la fecha, y ahora se está convirtiendo en una batalla constante sin ganadores claros.

Me digo a mí mismo que me la pela lo que piense Harper.

No puede preocuparme porque no me lo puedo permitir.

No soy el alma de la fiesta. Nunca lo he sido.

No tiene nada que ver con ser viejo en este deporte, a pesar de lo que Harper pueda decir al respecto.

Si miras la edad promedio de los pilotos de ahora, solo estoy un poco por encima de la media.

Hay pilotos cinco, seis y siete años mayores que yo que siguen siendo competitivos en lo más alto.

Empecé joven, nada más. Alonso tiene más de cuarenta.

Si quiero, puede quedarme otra década por delante.

Si no hubiera tantos jóvenes que vienen de las categorías inferiores, ahora mismo estaría en la media.

Es que la generación actual me está empujando hacia la edad avanzada.

Pero eso no tiene nada que ver con por qué no encajo con Harper y Johannes.

Nunca me ha interesado ese ambiente, ni siquiera cuando era adolescente o veinteañero.

Nunca entendí la fascinación. Yo quería pilotar y ganar.

Es lo que siempre he querido. Pilotar, ganar y luego irme a dormir. ¿Es mucho pedir?

Puede que sí.

Según Harper, sin duda. Quizá es lo que él necesita para estar en su mejor momento, pero desde luego no es lo que necesito yo. A lo mejor…

No. Seguro que no.

Se me ocurre una idea. ¿He subestimado a Harper? ¿Todo esto forma parte de un plan elaborado para desconcentrarme? ¿Es en realidad… un estratega? ¿Es un maestro de ajedrez zen que me lleva diez pasos de ventaja?

Ahora sí que se te está yendo la olla, Walker.

No es más que un novato demasiado entusiasmado que no puede tener el culo quieto.

No pienses en su culo.

Noto que me sumo en un torbellino de pensamientos. Nada de esto me está ayudando.

Respiro hondo e intento controlar la mente.

Me miro el reloj. Aún tengo tiempo de llamar a Elise, y nada me ayuda más a mantener los pies en la tierra y recordar mis metas y prioridades que mi hermana y sus hijos.

Un trofeo para Cassie. Defender mi título en la pista.

Conseguir que mi familia se sienta orgullosa de mí.

Que le den a Harper James.