Capítulo 9 #2
No está bien. No está nada bien. Me muero por irme, aunque también me apetece muchísimo levantarme y colocarme entre ellos.
Quiero ser yo el que se retuerza contra Harper.
Quiero olvidarme de toda la mierda del mundo, de toda la presión, de todas mis responsabilidades y de todas las maneras en las que le estoy fallando a mi hermana, y simplemente perderme en Harper. Eso es lo que quiero.
Se supone que estoy aquí para construir una relación con mi compañero de equipo. Para hacernos amigos y poder trabajar juntos.
Pero el deseo ardiente que me recorre no es de amistad. Se debe a él. Quiero sentir su cuerpo pegado al mío. Su culo en mis manos. Los labios sobre los suyos…
Debería irme, pero si salgo ahora todo el mundo va a verme la tienda de campaña, y es probable que termine en la portada de algún periódico australiano. O en el perfil de Instagram de alguien.
Todo el mundo se enteraría. Y aún sería peor que se entere él, que Harper vea cómo lo estoy mirando.
Siento que me invade un pánico repentino y se me corta la respiración. Entonces sucede.
Mierda.
Sucede como en una cámara lenta febril y no puedo apartar la mirada.
Abre los ojos e intercambiamos una mirada.
Es eléctrica, con fuegos artificiales instantáneos.
Es casi como si pudiera oír cada uno de mis pensamientos guarros, porque me mira de arriba abajo con ojos escrutadores, y luego sonríe como el gato de Cheshire.
Demasiado tarde. Es demasiado tarde. Lo sabe.
Me hace una seña con un dedo. Ni por todo el oro del mundo, vamos. El único lugar al que voy es de vuelta al hotel. Ni en sueños me sacará a la pista de baile.
Niego con la cabeza y él pone morritos, morritos de modelo, pero enseguida vuelve a concentrarse en bailar con Johannes.
El hechizo se ha roto.
El momento se ha acabado.
Harper no sabe nada y, sinceramente, no le importa.
He aprendido qué es lo que pasa con Harper.
Estoy bastante seguro de que en su vida todos los tíos son de usar y tirar.
Nadie pasa más de una noche en su cama. Solo tiene ligues y follamigos.
Nadie significa nada para él y nadie penetra en su corazón.
Johannes y él son amigos, claro, pero no sé si han estado juntos o no.
En cualquier caso, no creo que ahora mismo se acuesten. No me da esa impresión.
Es bonito en el sentido más retorcido de la palabra. Harper parece sentir aversión o desconfianza hacia la mayoría de las personas de su vida; sin embargo, Johannes es su persona especial. El único a quien deja acercarse a su corazón.
Si ignoro el sentimiento al que me niego a llamar celos, veo que podrían hacer muy buena pareja.
No estoy muy familiarizado con las estadísticas de Johannes, ya que el año pasado no tuvo demasiados buenos resultados en el campeonato, pero esta temporada es diferente.
Sus payasadas fuera de la pista se han calmado y está progresando a pasos agigantados para convertirse en un verdadero rival.
Sobre todo desde que forma parte del nuevo equipo Red Bull Ford.
Solo espero que Harper aprenda de su amigo y encuentre la manera de concentrarse en la conducción.
Este momento quizá no sea el mejor ejemplo, aunque en medio de la presión de la competición es importante desahogarse.
Al verlos ahora, es evidente que lo que tienen en común es la forma en la que eligen hacerlo.
Son solo las nueve y ninguno está borracho, así que es bastante tranquilo comparado con lo que podría ser.
Intento asimilarlo y relajarme como ellos, pero estoy tenso como un palo. Esta no es mi manera de desahogarme. Al contrario, estoy a punto de estallar.
Mierda.
¿Por qué he aceptado venir?
Miro la comida que han traído a la mesa y considero devorarla toda para así tener algo que hacer.
Sin embargo, sigo una dieta estricta, ya que cada gramo de peso está cuidadosamente controlado para que el monoplaza y yo alcancemos la masa perfecta para un rendimiento óptimo.
Aparto la comida y me concentro en hacer girar la botella de cerveza, que ya se está calentando un poco, entre las palmas de las manos y jugar con la etiqueta.
Cualquier cosa con tal de no verlos a los dos en la pista de baile.
Debo de parecer aburrido porque, cuando la canción animada se convierte en una melodía más lenta, Harper reaparece de repente en la mesa.
—¿Qué tengo que hacer para que salgas a la pista de baile?
Se inclina sobre la mesa, apoyándose en los codos e invadiendo mi espacio. Su cara está demasiado cerca para mi gusto; además puedo olerlo, algo que definitivamente no ayuda.
Es casi como si me estuviera provocando. A lo mejor piensa que, si se acerca lo suficiente, conseguirá lo que quiere.
Quizá siempre se comporte de esta manera. Es probable que sea así como conquista a todos los hombres. Pero ¿por qué usa esa técnica conmigo? No tiene ni idea de que soy bisexual ni de si estoy interesado. Que no es que lo esté. No estoy interesado en él.
—Aquí estoy bien, «colega». Vuelve y disfruta… con Johannes. Te lo pasarás mejor sin mí. —Odio cómo sueno .
Debería haber cerrado el pico después de decirle que estaba bien. Ahora me mira como si fuera un gato que se ha apoderado de la leche. No lo sabe, me digo a mí mismo. No lo sabe. Es solo que estoy alimentando su puto ego, que ya es enorme.
—Ah. Aaah. —Me sonríe con su dichoso ego hinchado aún más—. El verde no te sienta bien, guapetón.
Finjo mirar mi camisa azul marino y frunzo el ceño, confundido.
—¿Eres daltónico?
—Te veo verde de envidia…
—Vete a la mierda.
—¡Ja! ¡Lo sabía!
Dios, cómo odio sus aires de superioridad.
—Sabía que estabas disfrutando del espectáculo. Gracias por confirmarme eso al menos.
—Enhorabuena, Sherlock. Soy bisexual. Avisa a los medios. ¿Qué quieres, una medalla?
¿Por qué me molesta tanto que lo sepa? No es ningún secreto. Es que nunca lo he anunciado oficialmente al público. Pero, si alguien me lo pregunta, no intento ocultarlo.
Lo que me jode es el modo en el que sonríe con sorna, como si pensara que he estado comiéndomelo con los ojos. Y que conste no lo he hecho, salvo ahora mismo, claro.
—Vaya, el campeonato de este año es muy queer .
No le pregunto qué significa. Obviamente, sé que se refiere a mí, a él y a Johannes, aunque no sabía que alguien más lo era.
Ni siquiera lo sospechaba. Hay una forma de que él sepa quién más no es heterosexual, pero no había caído.
O no demasiado. Seguro que esta noche, cuando no pueda dormir, le daré vueltas y vueltas a la idea de que Harper se esté acostando con otros pilotos.
—¿A alguien le importa a estas alturas?
Ninguno de los equipos se ha mostrado especialmente homófobo. Si lo son, lo han mantenido en secreto .
—Tengo uno de los mejores radares de maricas que existen, y ni siquiera yo me había dado cuenta de que eras bisexual.
¿No ves que aparentas ser heterosexual o es que lo haces a propósito?
Cuando publican algo en Instagram sobre mí o sobre Johannes, uno de cada tres comentarios de la página se refiere a nuestra sexualidad.