Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 6
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Capítulo 6

Harper

E stoy delante del gimnasio, cuya puerta está entornada lo justo como para ver a Kian por el espejo.

Con los hombros encorvados, espera junto a la máquina de curl de bíceps.

Tiene una capa de sudor en la frente que anuncia que ha empezado sin mí, pero, como no deja de echar miradas al reloj, sé que piensa que a lo mejor aparezco.

Sé que me hace quedar como un niño quejica; aun así, no es culpa mía que él decidiera comportarse primero como un capullo.

No me puedo creer que admirase a ese tío, que lo único que hace es mirarme con altivez.

¿Qué problema hay con querer pasarlo bien?

¿Qué problema hay con trabajar y disfrutar con la misma intensidad?

No es culpa mía que él sea un pelmazo y que se comporte como una mujer de mediana edad.

¿Quién quiere hacer yoga y acostarse a las nueve cuando estamos en el mejor momento de nuestras vidas?

A pesar de todo, debería entrar. Una parte de mí quiere, aunque sea para comerme con los ojos a Kian y los pantaloncitos cortos que lleva.

Sin embargo, hay algo que me lo impide.

Si hubiera continuado con la terapia a la que me obligaron a asistir a los dieciocho años cuando salí del sistema de acogida, probablemente me habrían dicho que se debe a que no lidio bien con la ansiedad y con ceder el control a otras personas.

Tendría mucho más sentido si alguna vez conocieras a mis padres.

Aunque ahora mismo, en el pasillo del hotel, no necesito reflexionar sobre mi trauma emocional.

Estoy paralizado, observando cómo Kian camina hacia la pared, colocando una cuerda de saltar y un montón de pelotas con peso a sus pies.

Luego se saca una pelota de tenis del bolsillo del pantalón corto y la hace rebotar rápidamente contra la pared, haciendo algunos ejercicios antes de su entrenamiento de fuerza.

Ojalá no admirara su absoluta dedicación al deporte. Sería más fácil odiarlo así. Hace esto todos los días, excepto los que hay carrera. Lo es todo para él. Está claro que ha dedicado toda su vida al automovilismo, y eso significa que el automovilismo tiene el poder de destrozarlo.

Yo también adoro este deporte y espero tener una larga carrera, pero no le daré ese poder a nada ni a nadie. Quiero disfrutar del presente. Y ahora no quiero darle a Kian la satisfacción de entrenar con él.

Decisión tomada, me piro. Huyo de algo que no quiero hacer. Otra vez.

De hecho, convenzo a Johannes para que cene conmigo en el restaurante del hotel.

Nos hacemos un montón de selfis y los publico en mis historias.

Inmediatamente las ven y las comparten cuentas de medios de comunicación y fans; juro que el mundo entero está observando cada uno de nuestros movimientos.

Es emocionante sentir que a tanta gente le importa lo que hago.

Estamos pagando la cuenta cuando veo a Kian salir del gimnasio y subir en el ascensor del vestíbulo del hotel.

Durante un segundo, se le ve muy abatido, moviendo los ojos entre los platos y vasos vacíos sobre nuestra mesa y observando cómo Johannes se ríe de algo que su compañero de equipo, Nils, hizo en el vuelo hasta aquí.

De pronto, me pilla mirándolo y enseguida pone la cara de enfado que reserva para mí.

Soy un cabrón, y lo sé .

Lo está intentando. De verdad que lo intenta, y yo estoy siendo un capullo. Lo peor es que lo sé; aun así, me cuesta aceptar la maldita rama de olivo que me ofrece.

—¿Hola? Tierra llamando a Harper. —Johannes chasquea los dedos delante de mi cara, y veo cómo Kian camina con aire derrotado hacia los ascensores.

—Perdona, perdona. Creo que estoy cansado. Un momento, necesito hacer una cosa.

Salgo del reservado y cruzo el vestíbulo del hotel a grandes zancadas hacia el ascensor que espera Kian. Las puertas empiezan a abrirse cuando estoy a solo cinco segundos, entonces acelero el paso para llegar justo a tiempo y mantenerlas abiertas.

—¿Estás de coña? —me gruñe.

Ahora mismo huele a vestuario de gimnasio y odio que sea tan atractivo.

Quiero acercarme a él, estar cerca y respirar hondo, inhalar su aroma amaderado y masculino.

Recuerdo cómo estaba en el gimnasio con la camiseta de tirantes y pantalones cortos; entonces tengo que sacudir la cabeza para borrar la imagen.

Se empieza a formar una cola detrás de nosotros, así que nos apartamos para dejar pasar a la gente al ascensor.

—Eres gilipollas —dice entre dientes mientras el vestíbulo se vacía a nuestro alrededor y el ascensor se marcha—. ¿Por qué me has dejado plantado?

No vuelve a llamar a otro ascensor; está claro que vamos a hablar de eso aquí y ahora.

Suspiro.

—A ver, técnicamente no te he dejado plantado. Me mandaste una hora y un lugar. No te dije que fuera a ir. —Es una tontería, porque le respondí al mensaje con un pulgar hacia arriba. Tenía toda la intención de ir, y he ido… más o menos. Es decir, he ido. Pero no he entrado.

—Por favor, explícame el significado del emoji del pulgar hacia arriba, anda .

—Era para avisarte de que había visto el mensaje, no para decirte que iría. No me apetecía, así que he decidido ir a cenar.

Kian mira por encima de mi hombro en la dirección por la que he llegado y ve a Johannes en la mesa donde lo he dejado.

—Ya veo. No se te ocurra perder la oportunidad de actualizar tus redes sociales y juntarte con la competencia. Está claro que emborracharse y posar para las fotos es más importante que el equipo en el que estás. ¿No te ha entrado en la cabeza nada de lo que nos ha dicho Anders?

—Mi mejor amigo. —Cuando Kian me mira con una ceja levantada, inclinando ligeramente la cabeza, le aclaro—: Es mi mejor amigo.

Y no nos estábamos emborrachando. Estábamos cenando.

Si no me crees, ve a oler mi vaso. Me he pasado toda la noche con agua con gas y limón.

—No le digo que ha sido idea de Johannes, no mía, y que me habría tomado un vodka con soda si no me hubiera prohibido beber alcohol.

—Es nuestro rival. Uno de los principales, si nos guiamos por las predicciones. No lo entiendo. ¿No te importa tu carrera o qué? ¿Todo esto te parece una broma? Elijah está sentado en casa soñando con estar aquí, y su puesto se está desperdiciando contigo.

Estoy harto de sus constantes juicios y críticas. Está hablando de mi mejor amigo del mundo. La única persona que ha estado a mi lado a las duras y a las maduras, y no hay nada que pueda sustituir a Johannes. Ni un equipo ni este deporte.

—Tú también eres uno de mis mayores rivales —replico—. Aun así, has intentado quedar conmigo en el gimnasio, en la piscina o en esas aburridas sesiones de prensa. ¿En qué quedamos? ¿Deberíamos socializar o no?

Se gira y da un paso hacia mí.

—No es lo mismo y lo sabes. ¡Estamos en el mismo equipo, coño! ¿O es que no entiendes el concepto de equipo? ¿No hay nada dentro de esa cabecita tuya o qué? Se supone que debemos ayudarnos mutuamente a mejorar por el bien del Campeonato Mundial de Constructores y de Hendersohm como equipo .

Sé que tiene razón, pero se está comportando como un idiota.

Creo que la única forma de ser que conoce es la de condescendiente.

En las categorías inferiores, siempre me esforcé por ser como mínimo amable con mi compañero de equipo.

Quizá demasiado amable, teniendo en cuenta que le metía la polla a Johannes cuando pilotábamos para el mismo equipo.

Así que me pongo de nuevo a la defensiva.

—Johannes y yo hemos estado presentes en la vida del otro desde nuestros inicios con los karts. Me niego a renunciar a eso solo porque compitamos el uno contra el otro. ¿Dejarías de socializar con Elijah si el año que viene estuvierais en equipos diferentes?

Me responde un silencio antes de que suspire. Un punto para mí.

—Vale, haz lo que quieras. Lo he intentado. Que no te sorprenda cuando Anders te vuelva a dejar en el banquillo porque no demuestras ningún compromiso.

—A lo mejor te dejan a ti, viejo, ahora que tienen sangre nueva en el equipo.

Los ojos de Kian se oscurecen durante unos segundos y no puedo evitar que me haga gracia. Si las miradas mataran, ahora estaría enterrado bajo el circuito de Albert Park.

—No te confíes demasiado, novato. Un par de buenas carreras no significan nada cuando aún quedan veinte. Puede que hayas hecho alguna maniobra arriesgada, pero no me ha costado demasiado adelantarte. Cuando todos los demás también vean que eres un hazmerreír, no volverás a subir al podio.

Está tan seguro de que sabe cómo soy que casi me mina la confianza. Sin embargo, son solo palabras, y ya tengo un tercer puesto en mi haber.

No soy tan ingenuo como para pensar que soy el mejor del mundo…

Todavía no. Pero me he ganado esta oportunidad, aunque haya sido a costa de la pierna rota de Elijah.

Quizá haber terminado en el podio en mi primera carrera se me ha subido a la cabeza, pero no puedo olvidar que soy el segundo mejor piloto, ya qu e Kian está compartiendo conmigo toda su sabiduría y experiencia.

Aún queda mucho camino por recorrer, no se equivoca. No voy a confiarme pensando que podría llevarme el título a casa después de quedar tercero un par de veces.

Kian parece satisfecho al pulsar el botón del ascensor y se apoya contra la pared, como si me hubiera dejado sin palabras. No lo ha hecho. Jamás podría. Voy a estar aquí todo el tiempo que me necesiten, compitiendo contra el puñetero Kian Walker hasta que haya demostrado mi valía.

Tal vez Elijah vuelva dentro de tres meses, con la pierna ya curada, y ocupe mi puesto. O tal vez en Hendersohm se den cuenta de que Kian ya lleva suficiente tiempo aquí y necesitan sangre nueva. Para mí, todo está por decidirse.

—Bueno, pues disfruta de la noche. Iré al gimnasio a las siete de la mañana. Te apuntarás si sabes lo que te conviene, pero casi puedo garantizarte que es probable que no lo hagas.

El ascensor suena a sus espaldas con una sincronización perfecta, y él entra con paso tranquilo. Pulsa el botón y las puertas se cierran, dejándolo con la última palabra.

Mierda. Me quedo plantado como un idiota mientras observo cómo el número sube y sube, y creo que no podría haber ido peor. Johannes aparece detrás de mí.

—No te voy a mentir, me ha gustado mucho ver cómo Kian te cantaba las cuarenta. Ahora me cae aún mejor.

—Piérdete —digo—. ¿Podemos ir a por un postre? Sé que no deberíamos, pero ahora mismo necesito algo dulce.

En el menú he visto una foto de la porción más grande de pastel de chocolate y no hay nada que me apetezca más, salvo quizá emborracharme. Gracias a Dios que este hotel tiene un restaurante de lujo aquí mismo, en el vestíbulo.

—¿Quieres ahogar las penas en comida, Harp? Debes de estar destrozado porque tu ídolo no te aguanta ninguna tontería .

—No me obligues a decirte que te pierdas otra vez.

—¿No me digas que te has desenamorado de él? Hace tiempo, te gustaba…

Me apresuro a taparle la boca con las dos manos hasta que se rinde y me lame la palma para que lo deje ir.

—Me gustaba, en pasado.

Tras poner fin a la conversación, volvemos al restaurante. Hago señas a una camarera y pido un gran trozo de pastel de chocolate para compartir. Ya lo pagaré mañana. Aunque no en el gimnasio a las siete con Kian.

—Te odio —dice Johannes cuando nos traen rápidamente la tarta junto con dos tenedores—. No tanto como te odia Kian, pero bueno.

—¿Es demasiado tarde para ver si otro equipo me quiere? ¿Crees que a Nils le gustaría cambiar?

—Te quiero, pero que volvamos a estar en el mismo equipo sería una pesadilla.

Seguramente mataría por volver a estar en el mismo equipo con él, como estuvimos hace tiempo, pero puede que tenga razón. Nos meteríamos en demasiados líos, y el equipo no podría con nosotros.

—Sí, ahora soy demasiado bueno para ti. Te haría quedar mal.

—Lo que tú digas, James, lo que tú digas. ¿Qué tal si mañana vas a lamerle el culo a tu amaaante y arregláis las cosas?

Aunque no puedo negar que lamerle el culo a Kian Walker suena de lo más excitante, no creo que pudiera conseguir que se quitara el palo tieso que se ha metido el tiempo suficiente como para introducirle la lengua.

—Paso. Dame el tenedor, anda. Lo necesito.

Johannes me lo da, pero el pastel no soluciona el hecho de que sé que mañana tendré que rendirme ante Kian y entrenar con él en el gimnasio.