Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 5
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Capítulo 5

Kian

D espués de haber visto cómo lo ha hecho Harper en la pretemporada y de saber que el año pasado ganó la categoría inferior con récord de puntos, no debería sorprenderme que quedara cuarto en la clasificatoria; sin embargo, me sorprende.

No tengo ni idea de cómo lo consigue sin prepararse nada y comportándose como si todo fuera coña.

¿Cómo se recompone cuando algo sale mal?

¿Cómo se concentra? ¿Qué estrategias de superación utiliza?

No entiendo cómo salir de fiesta con sus rivales ayuda a su conducción.

Pese a todo, los dos han quedado por delante de mí. Ambos.

¿Qué cojones está pasando?

Como el gran premio es mañana, esta noche no podrán salir y emborracharse. La noche antes de una carrera es sagrada. Harper no es tan tonto. O, por lo menos, no creo que lo sea. Puede que idolatre a Tyler Heath, pero no cometería el mismo error que le costó a mi padre su puesto en el equipo.

¿O sí?

Tyler siempre afirmó que lo despidieron injustamente porque a los jefes del equipo no les gustaban algunas de las decisiones que había tomado en su vida personal; sin embargo, mi madre me contó que le hicieron una prueba de alcoholemia la mañana de una carrera y dio positivo.

No era la primera vez que tenía problemas con la bebida, y supongo que al final se hartaron.

Era un peligro para sí mismo y para los demás.

Además, siempre hacía lo que quería sin pensar si hacía daño a alguien ni si los demás sufrían. Siempre.

Que lo despidieran por borracho fue una humillación que quiso mantener en secreto, y por eso pagó mucho dinero.

Todavía me sorprende que la historia no se haya filtrado.

Obligó a mi madre a firmar un acuerdo de confidencialidad como parte del acuerdo de divorcio.

Estoy seguro de que, si mi hermana y yo hubiéramos sido mayores, nos habría obligado a firmar uno también.

Por suerte, no tiene ningún poder sobre mí y nunca lo tendrá.

En mis primeros años como piloto profesional, me esmeré en modificar la historia para que todo girara en torno a cómo nuestra madre nos había enseñado a mi gemela y a mí a soñar a lo grande y a perseverar.

El trabajo duro y la dedicación me habían llevado hasta la Fórmula 1.

Nada de genética. Les debo mi éxito a mi madre y a Elise; mi padre no tiene nada que ver.

Poco a poco, la gente dejó de hacer preguntas al respecto.

Y aquí estoy, echándolo todo a perder y quedando octavo. ¡Octavo! No es propio de mí. No es propio de mí para nada, pero no consigo concentrarme. Desde que supe que Harper se uniría al equipo, mi cabeza está hecha un lío.

De vuelta en el hotel, sumido en la ansiedad, me doy una ducha para quitarme el estrés del día e intento desesperadamente recomponerme cuando me suena el teléfono. Es una videollamada de Elise.

De más joven, eran mis momentos favoritos del día.

Me llamaba y me contaba qué tal le iba en Enfermería, que había empezado a salir con su novio y ahora marido, y me hablaba de todas sus amigas, que se divertían sin parar en la universidad.

Ahora, cada vez que suena el teléfono, me da miedo que me llame con malas noticias sobre nuestra madre.

Aunque eso no me impide contestar a toda prisa. No es demasiado tarde en el Reino Unido; una enorme sonrisa se me dibuja en la cara al aceptar la videollamada y ver a mi sobrina ocupando casi toda la pantalla.

—¡Tío Ki! —exclama alegre, aplaudiendo mientras mi cara llena su pantalla—. Tío Ki, hoy he pintado con los dedos.

Elise cambia la vista a la cámara trasera y me encuentro con al menos diez hojas de papel cubiertas de remolinos de pintura de diferentes colores. Es lo que me hacía falta para recuperar la alegría.

Suspiro hondo y dejo que Cassie me explique sus pensamientos dispersos sobre un par de pinturas antes de que se distraiga por completo hablándome de un programa de televisión de cuentos para dormir que le han permitido ver.

—Te echo de menos, tío Ki. Mamá dice que vas a ganar algo, como papá cuando vamos a la feria.

El corazón me late más rápido al oírla. No puedo decepcionarla. Está tan emocionada… Me partiría el corazón.

—Claro que lo voy a intentar, cariño. Una gran copa de oro. ¿Qué te parece?

Suelta un aullido de alegría y luego deja caer el teléfono. Su voz se desvanece en el fondo al correr para ir a buscar a su padre y contárselo.

Elise lo recoge del suelo y, por una vez, me sorprenden las manchas de pintura de su cara en lugar del cansancio de sus ojos.

—Lo siento. Ha comido demasiado azúcar. Grant hoy la ha llevado a la feria del parque. Ha cenado una mezcla de dónuts y algodón de azúcar.

Niego con la cabeza porque quiero demasiado a la pequeña como para preocuparme por que me haya tirado al suelo.

—No pasa nada. Te veo muy bien, El.

—Ha sido un buen día. Los niños están contentos. Es agradable tener a Grant en casa. Mamá ha acunado a Jesse y ha sabido quién era, así que tengo el corazón lleno de alegría.

Recuerdo lo que me dijo cuando me sentó y me contó que el párkinson ya se consideraba avanzado, que deberíamos crear todos los recuerdos posibles con nuestra madre, atesorando los buenos días y alegrándonos de que siga aquí durante los malos. No me sorprende que esté contenta.

—Vaya, El. Siento no haber estado allí. —Noto una pesadez en el corazón por perderme todos estos buenos momentos. Debería aprovecharlos al máximo.

—Te enviaré todas las fotos, no te preocupes. Esta noche ha preguntado por ti. Aunque no estés cerca, sigues en su mente.

Ahogo un gran sollozo al oír sus palabras. Hoy los echo muchísimo de menos a todos.

—No hemos estado atentos a las clasificatorias, pero en las noticias he visto que has acabado octavo. Recuerda que mañana será otro día y que los grandes premios siempre se te dan mejor que los entrenamientos.

No se equivoca. Para alguien que se niega activamente a ver la mayoría de mis carreras por miedo a verme estamparme, sabe mucho sobre mis estadísticas.

—Te queremos mucho, Ki. Solo me apetecía charlar un poco contigo antes de acostar a los niños. Ya deberían estar durmiendo.

Le agradezco que haya sacado tiempo; es probable que viera el resultado de hoy y supiera que ahora mismo los necesitaba.

Quiero muchísimo a mi hermana.

—Yo también os quiero a vosotros. Dales un beso de buenas noches de mi parte.

—Espero que no te olvides de mí —tercia Grant, su marido, con una sonrisa detrás de ella, con Jesse profundamente dormido en su cadera, mientras se dirige a las escaleras.

—Dale un beso al bebé grande también de mi parte. —Hago ruiditos de besos ante la cámara, luego se corta la llamada y me quedo solo en mi hotel otra vez.

Otra vez .

A la mañana siguiente, susurro un mantra en voz baja mientras me dirijo a los boxes y me visto.

«El ayer está olvidado, hoy es un nuevo día, está todo controlado».

Lo repito una y otra vez mentalmente para intentar llegar a un estado de concentración absoluta.

Ya no noto los músculos de la nuca tan tensos por la ansiedad y mi mente está centrada en el gran premio.

Me quedé dormido imaginando entregarle la copa a Cassie.

Esa es ahora mi motivación. Las victorias no son para mí: son para ella y para Jesse.

Todo lo que hago es por ellos, no solo para darles trofeos, sino para darles una vida mejor. Una vida que yo no tuve.

Que nadie me malinterprete. Mi madre siempre se aseguró de que no nos faltara nada, pero los regalos que nos dio eran para llenar el vacío que dejaba la ausencia paterna.

Nuestro padre no estaba físicamente y muchas veces parecía que nuestra madre se ausentaba mentalmente.

A Cassie y Jesse no les va a pasar. Sabrán en todo momento que los queremos y los valoramos.

«El ayer está olvidado, hoy es un nuevo día, está todo controlado».

Echo los hombros hacia atrás mientras me dirijo a los boxes de Hendersohm. El estruendo que me rodea me resulta tan familiar que ni siquiera me distrae. Hay gente en las gradas sosteniendo carteles con mi nombre. Está todo controlado.

No sé dónde está Harper James y no me importa. No es mi problema.

—El ayer está olvidado, hoy es un nuevo día, está todo controlado —susurro.

La multitud aplaude cuando saludo y siento el rugido que crece dentro de mí.

—El ayer está olvidado, hoy es un nuevo día, está todo controlado —repito.

Es una mala clasificación. No es un resultado definitivo hasta que bajen la bandera a cuadros. Basta de dramatismo .

Cuando me subo al monoplaza, estoy tranquilo y en control. Cole se asegura de que me encuentre cómodo y de que todo vaya bien.

«El ayer está olvidado, hoy es un nuevo día, está todo controlado».

Asiento con la cabeza cuando se aparta y el halo se instala a mi alrededor.

—Muy bien, Kian. Mantén la concentración. Lo tienes controlado. —La voz de Cole me ha estado resonando en los oídos durante años, y me tranquiliza saber que él tampoco ha perdido la fe en mí.

—Gracias, Cole. ¡Vamos a por ello!

Ayer estuve un poco nervioso, la verdad, pero siempre rindo mejor cuando conduzco junto a todos los demás pilotos en el circuito. Aunque eso incluya a Harper, a quien no puedo evitar ver que espera para salir cuarto.

Empezar octavo no es lo ideal; sin embargo, en cuanto empieza la carrera, siento que recupero la concentración que me ha traído hasta aquí.

Todo es positivo a mi alrededor: el halo está seguro, la dirección es más suave, el derrape en la pista es mucho mejor que ayer. No tardo en sentir la emoción de volver a pilotar.

Comienzo a remontar, primero me pongo séptimo y luego sexto. Me siento bien, me siento cómodo y empiezo a disfrutar. El trofeo será de Cassie, tal como le he prometido.

Tardo un par de vueltas, pero subo a la quinta posición, con Harper justo delante de mí.

No ha conseguido avanzar nada, aunque ha mantenido su posición, así que por lo menos tengo que reconocérselo.

Estoy decidido a adelantarlo. No puedo terminar detrás de un capullo que parece saber cómo sacarme de mis casillas.