Capítulo 4 #2
—¿En qué nadas? —La curiosidad me puede, casi necesito saber la respuesta para quedarme tranquilo.
—Pues… ¿en la piscina del hotel? —Lo dice como si el tonto fuera yo—. Hay dos. Una cubierta y otra al aire libre.
Qué sieso llega a ser. Sonrío y niego con la cabeza, aunque él me mira fijamente como si no entendiera qué me ha hecho gracia de lo que ha dicho.
—Me refería a la ropa —le aclaro; lo miro a los ojos y le devuelvo la mirada desafiante .
—Ah. —Mi comentario lo deja perplejo.
A estas alturas, debe de saber que soy gay. Si no, vive completamente aislado del mundo. A lo mejor he conseguido incomodarlo.
Se le tiñen las mejillas con un ligero rubor y aferra con las manos la barandilla del ascensor. Debería echarme a reír porque no quiero que piense que soy un pervertido que lo va a espiar mientras se cambia en el vestuario, pero su reacción me parece de lo más interesante.
No parece que lo moleste de verdad que meta la nariz donde no debo. «Muy interesante, sí, sí».
Pasan doce plantas antes de que finalmente se recomponga:
—En un bañador normal y corriente. —Lo dice como si tal cosa. Pero lo he observado antes de que contestara y creo que le ha dado muchas vueltas a la pregunta.
No digo nada más. Me ha soltado la respuesta más aburrida del mundo, claro; sin embargo, su reacción me ha dado algo en lo que pensar.
A lo mejor no es tan heterosexual como me pensaba.
—Qué decepción —murmuro, pero ya no me apetece hacer coña. Kian le quita la gracia a todo.
Cuando el ascensor llega a nuestra planta, sale disparado tan rápido que me quedo parpadeando bajo el resplandor de las luces mientras él desaparece por el pasillo hacia su suite .
Me encanta que nos llevemos tan bien.
Cumplo mi palabra y vuelvo a la cama, ya que todavía no son ni las nueve. Aunque irme a dormir imaginándome a Kian en bañador no es una buena idea.
Porque termino soñando con él en una piscina desierta, con el diminuto Speedo abandonado a un lado, los dos en pleno polvo bajo el resplandor de mil estrellas.
Hasta que Anders entra en el sueño y se lo carga todo .
Son casi las once cuando me despierto de golpe, con gotas de sudor en la frente y una erección espectacular. Suelto un gruñido. Estupendo, otro problema provocado por Kian.
¿De verdad puedo culparlo? ¿O es mi castigo por haberme metido con él? Recuerdo cuando se ha ruborizado en el ascensor, imagen que no ayuda en nada a mi situación actual. Me lo imagino aferrándose a la barandilla y deseo volver a perderme en mi sueño.
Cojo el móvil para ver las notificaciones. Necesito una distracción. No aparece nada interesante, salvo un mensaje de Johannes diciendo que nos alojamos en el mismo hotel y preguntándome si esta noche quiero que cenemos juntos. Pues claro que sí.
En el cuarto de baño, le respondo para quedar en el restaurante del hotel, antes de meterme en la ducha y lidiar con mi siguiente problema con Kian.
Ni siquiera es un orgasmo satisfactorio cuando, con solo un par de sacudidas y la imagen de Kian agarrándose a la barra del ascensor, cubro los azulejos y el suelo de la ducha con mi corrida. Bueno, soñar es gratis.
Mi mánager me llama justo cuando salgo de la ducha, y me paso el resto de la tarde revisando los portafolios de las marcas interesadas en trabajar conmigo, una pila mucho más grande después de ver mi desempeño durante la pretemporada. Hay tantas que casi llego tarde a cenar con Johannes.
—Lo siento, lo siento —digo al llegar a la mesa donde Johannes está esperándome—. Ha sido un día inesperadamente ajetreado. Pero ya estoy aquí, tienes toda mi atención.
En cambio, no la tiene porque el móvil empieza a sonarme. Ni siquiera necesito mirar la pantalla para saber que es Kian quien me llama porque no he asistido a nuestra sesión de formación. Si me conoce tan bien como asegura, fijo que no esperaba que fuera.
—¿Seguro que no necesitas cogerlo? —me pregunta Johannes, pero me limito a negar con la cabeza—. Nils cenó aquí anoche; por lo visto, la ensalada de bistec y queso azul está buenísima.
—Vaya, si a tu nuevo mejor amigo le gusta, supongo que la probaré —bromeo, aunque envidio que Johannes haya tenido la suerte de contar con un compañero de equipo tan bueno, alguien que parece disfrutar de su compañía.
—Es majo. Déjalo en paz. Que a tu ídolo no le caigas bien no significa que tengas que amargarte.
Pedimos la ensalada recomendada y nos dejamos caer en el reservado con vasos de agua helada con limón.
—No me puedo creer que nos portemos así de bien —refunfuño.
—Mañana tengo una sesión de fotos en la que necesito ponerme al volante de un coche; no puedo ir con resaca, tío. Además, ¿no sales mañana en el programa matutino de Sky Sports? Sabes que querrán que estés en el set a primera hora, ¿verdad?
Lo sé. Por suerte, mi mánager me consiguió a un asistente que me organiza muy bien la agenda y que me explica fácilmente dónde tengo que estar y cuándo. Aun así, después de lo de esta mañana me vendría bien tomar un par de copas.
El teléfono empieza a sonarme de nuevo y le enseño a Johannes la pantalla.
—Mi ángel de la guarda. Por lo visto, no se cansa de mí.
Johannes se ríe entre dientes y cuelgo la llamada otra vez, que empieza a sonar inmediatamente.
Por Dios, Kian. Pilla el mensaje.
Me suena el teléfono por cuarta vez, y el nombre de Kian vuelve a llenar la pantalla.
—Madre mía, está obsesionado contigo —exclama Johannes .
—A mí me lo vas a decir. Y es porque no he ido con él a la sesión de prensa. —Bloqueo el teléfono y lo dejo bocabajo encima de la mesa.
No pienso dejar que su humor de perros me arruine la noche.
—Un momento, ¿se supone que ahora mismo deberías estar ahí?
Asiento con la cabeza.
—Por Dios, Harper. Sé que cenar conmigo es lo más importante de tu vida, nene, pero estás en la Fórmula 1. Tienes que esforzarte más por el equipo, sobre todo si la sesión la ha agendado tu jefe. Mañana te vas a meter en un buen lío.
Es probable que tenga razón, pero todavía no estoy preparado para afrontar las consecuencias. Ese problema lo dejo para mañana.
Poniendo los ojos en blanco, ignoro sus comentarios.
—Joder, ¿desde cuándo eres tan sensato?
—Desde que me di cuenta de que soy reemplazable.
Hay muchos pilotos jóvenes que están subiendo puestos con un talento increíble; si me desvío del camino, no dudarán en echarme.
Para ellos todo se resume en el dinero, Harps.
Si no lo conseguimos, o si perdemos patrocinadores y les generamos mala prensa, se acabó.
Sus palabras me golpean como el agua helada que he estado bebiendo, frías y asfixiantes.
Johannes era el alma de la fiesta, era como yo.
Solo me lleva un año; el año pasado por estas fechas estaba en su temporada de debut en la Fórmula 1.
Ha aprendido la lección, y seguro que debería hacerle caso.
Sin embargo, echo de menos al tío que era pura diversión cuando estábamos en las categorías inferiores, que se escapaba cuando teníamos dieciocho o diecinueve años a un bar de cada ciudad para emborracharse y ligar con buenorros.
—Entiendo lo que dices, pero no necesito formación con los medios —protesto—.
Fue Kian quien básicamente dijo que no me puedo comparar con su amigo.
Es un llorón. Y luego se enfadó porque la entrevistadora comentó que batí el récord de su padre y comparó mi talento con el de Tyler Heath en lugar del de Kian.
—He visto el vídeo. Se ha vuelto bastante viral, Harps.
Solo digo que tienes que jugar un poco al juego.
Desde que pasé por el aro, siento que me dejan en paz.
Gano puntos y no dicen nada cuando salgo demasiado, siempre y cuando no me saquen fotos haciendo alguna tontería.
A nadie le importa lo que hagas en tu tiempo libre cuando estás en las categorías inferiores. Ahora es diferente.
En el fondo, sé que lleva razón, pero ya es demasiado tarde. Me he perdido la sesión y estoy seguro de que Kian les ha contado a los jefes que no he asistido. Fijo que él se ha sentado allí como un niño bueno y ha aceptado su castigo.
—La reprogramaré. No te preocupes. Kian seguiría enfadado conmigo, aunque hubiera ido.
Sentados en el despacho improvisado de Anders como dos niños traviesos, le salía humo de las orejas. Sé que me culpa y que me guarda rencor por haberle buscado problemas, aunque en realidad fue culpa suya.
—¿Intentas calmar la situación con él?
—Es él quien no intenta nada conmigo.
—¿Tú te estás oyendo, Harp? Hablas como un niño pequeño.
Le saco la lengua para darle la razón antes de recostarme en el reservado.
—¿Podemos cambiar de tema? Estoy harto de hablar del idiota de Kian Walker. Disfrutemos de la noche y brindemos con estos aburridos vasos de agua por nuestro primer gran campeonato juntos.
Entrechoca el vaso con el mío y el mundo vuelve a la normalidad. Así es como imaginaba que sería cuando Jo y yo éramos unos novatos en los karts y las carreras de Fórmula 1 eran solo un sueño. Míranos ahora. Lo hemos conseguido .
Johannes me acompaña de vuelta a mi habitación y, de repente, nuestra bonita felicidad estalla al ver a un furioso Kian merodeando junto a mi puerta.
Mira a Johannes con cansancio.
—Johannes. —Y asiente con la cabeza.
—Kian. —Johannes me da una palmada en el hombro y me empuja hacia mi nuevo compañero de equipo—. Es todo tuyo.
—Traidor —mascullo entre dientes cuando Johannes se dirige al ascensor para ir a su planta.
—¿Qué coño haces, Harper?
—¿Cómo que qué coño hago?
Sé por qué está aquí, pero ahora estoy relajado y no puedo resistirme.
—¿No te tomas nada en serio o qué?
Es un milagro que le queden dientes en la boca con la fuerza con la que los aprieta para intentar controlar su mala hostia. Kian ve la sonrisa burlona que esbozo, y sé que eso es lo que lo saca de quicio.
—No sé si te crees demasiado bueno como para que te despidan o si eres un imbécil integral sin más.
—Es una sesión de nada, Kian. Cálmate.
Resopla y niega con la cabeza.