Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

—Estando yo en el equipo, no lo echará de menos mucho tiempo —me vuelve a interrumpir Harper, esta vez añadiendo una sonrisa de oreja a oreja que parece conquistar a la entrevistadora, cuyo nombre sigo sin recordar.

—Claro que echo de menos a Elijah —agrego antes de que el muy idiota pueda añadir algo más.

Me aclaro la garganta y fulmino a Harper con la mirada—.

Elijah Gutaga es uno de los mejores pilotos del mundo…

y el mejor compañero con el que he tenido la suerte de compartir equipo.

Ya no sale nadie como él. Esta temporada se le echará muchísimo de menos en la pista, yo sobre todo, pero se recupera bien y estará de vuelta antes de que nos demos cuenta.

Se hace un breve silencio incómodo. De repente soy sumamente consciente de la multitud de cámaras de vídeo que captan cada ángulo, preparadas para subir enseguida trocitos de la entrevista a los canales de las redes sociales.

No es algo inusual, pero odio estos taburetes minúsculos, y de pronto me siento cohibido junto a Harper.

Cada vez que intenta invadir el espacio que nos separa, me inclino en dirección contraria.

Me desconcentra. Se muestra demasiado amistoso.

Se me acerca demasiado. Todo el rato, joder.

—Por lo visto, no crees que Harper James esté preparado para ocupar el puesto de Gutaga.

Devuelvo mi atención a la entrevistadora.

Ay, mierda.

—No es lo que…

Sin embargo, Harper resopla cabreado, y, antes de que me deje continuar, la mujer se gira hacia él.

—Harper, ¿qué opinas tú de ocupar el puesto de Elijah en el equipo? Según tu nuevo compañero, tienes el listón muy alto. —La muy lista usa un tono de voz provocativo, y no me gusta. Lo que le he dicho a Harper en el ascensor regresa a mí para atormentarme .

—No me preocupa en absoluto. Elijah Gutaga ha tenido una carrera estupenda, pero va siendo hora de que haya sangre nueva en el equipo Hendersohm, y es obvio que los de arriba han pensado en mí.

¿Qué cojones dice?

Vuelvo la cabeza para mirarlo a los ojos. La periodista sonríe, radiante, y los tíos que están detrás de las cámaras están encantados con lo que están grabando. Es probable que se haga viral.

No pienso permitirlo.

—La sangre nueva no necesariamente vence la destreza y la experiencia. Si Elijah no se hubiera roto la pierna, nos habría deparado una temporada fantástica, sobre todo con todo el trabajo que el equipo ha hecho en el monoplaza en los últimos dos meses.

No voy a quedarme sentado y dejar que el niñato imbécil critique a uno de los grandes, a mi mejor amigo, ¡al piloto al que le ha robado el puesto!

—Pero, Harper, el año pasado tuviste una temporada estupenda con la escudería Hendersohm en la categoría inferior, con tu primer podio, y ya se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que te suban a piloto sustituto este año en el equipo de Fórmula 1 —dice la entrevistadora.

Está claro que huele el drama y que piensa hacer lo que esté en su mano para convertir la conversación en una historia.

Yo también he visto las especulaciones, pero también he oído rumores de que a los jefes no les gusta la actitud de Harper y estaban divididos entre si darle o no una oportunidad. Y no podría estar más de acuerdo.

—Cuando dices «estupenda», te refieres a que batí récords, ¿no? He sido el mejor piloto que ha habido nunca en la categoría inferior. La puntuación fue brutal —se regodea Harper, mirándome con un brillo desafiante en los ojos .

Nunca he sido capaz de ocultar del todo lo que pienso, así que seguro que todos ven sin problemas lo que me está pasando por la cabeza.

—Sí, es cierto —replica la entrevistadora—. Y, de hecho, el récord anterior lo ostentaba tu padre, Kian. Tyler Heath. —Se gira hacia mí.

Hasta este segundo, estaba decidido a ser un profesional, a cerrar el pico y a rezar para que el micrófono no capte cómo estoy apretando los dientes hasta hacerme añicos las muelas. Sin embargo, tras oírla mencionar como si tal cosa a mi padre, puede pasar cualquier cosa.

—¡Menuda leyenda! —tercia Harper—. Es un honor que me comparen con Tyler Heath. Cuando era pequeño, era un gran fan suyo. Fue uno de los motivos por los que empecé a interesarme por los karts. A él no le daba miedo arriesgarse ni probar cosas nuevas.

La pulla de Harper da en el blanco, y noto cómo se me va escurriendo el control.

—En el circuito uno se puede arriesgar de forma calculada, y luego está lo que sea que hagas fuera de la pista —contesto con frialdad—.

A lo mejor te llaman el nuevo Tyler Heath por los motivos inapropiados.

—Este comentario no debería haber abandonado mi cerebro, aunque ya es demasiado tarde.

No vamos a conseguir que editen este trozo, ni de coña.

—¿A qué te refieres exactamente? —me pregunta Harper—. El año pasado lo demostré y ya estoy empezando a demostrarlo en esta categoría también. Las estadísticas no mienten.

Se cree un absoluto dios, pero no tiene ni idea de qué está diciendo. Yo tuve un mejor año como novato que la supuesta leyenda Tyler Heath, y se necesitaría un tío mejor que Harper James para superarlo. Él no está a la altura.

—Solo era un comentario. —Me encojo de hombros.

—Pues parece que insinúes que no soy lo bastante bueno para estar aquí, Walker. Me he ganado mi puesto igual que tú, y mi forma de conducir es lo único que importa —protesta Harper.

La entrevistadora se gira hacia los productores, como si nuestros micrófonos no estuvieran captando ya este desastre catastrófico. Harper se vuelve para mirarme a la cara, pero me echo un poco hacia atrás. Va siendo hora de que aprenda a ser un poco humilde.

—No, estás aquí porque Elijah Gutaga se ha roto la pierna. De lo contrario, seguirías languideciendo en la categoría inferior. —Dejo que las palabras floten en el aire.

—Vale, hagamos una pequeña pausa —interviene Anna con un tono que implica que no va a aceptar un no por respuesta.

Me pregunto por qué ha permitido que la periodista llevara la conversación por esos derroteros durante tanto tiempo.

Ha sido un caos de principio a fin. Seguro que la revista está encantada, ya que las grabaciones se reproducirán una y otra vez, llenando interminables columnas y ocupando pantallas acerca del drama y de la rivalidad en el seno de la escudería Hendersohm.

Anna me saca del plató por los hombros, sujetándome con las manos como si fueran garras.

Supongo que me lleva a otra habitación para calmarme o algo, pero en realidad me lleva hacia un conductor, al que le pide que me acompañe hasta el hotel.

—Lo siento —digo, arrepentido de inmediato—. ¿Y el resto de la entrevista? —le pregunto cuando el hombre abre la puerta del coche.

—Ya la reprogramaremos —responde Anna.

Sé que no será así.

Me hundo en el asiento trasero del coche y me recuesto en el frío reposacabezas de piel, con los ojos cerrados.

Durante mi carrera como piloto, me han formulado muchas preguntas peliagudas.

Cuando estaba empezando, a los periodistas les encantaba compararnos a Tyler Heath y a mí.

Les encantaba decir la suerte que había tenido de que mi padre me hubiera inspirado y ayudado a hacer realidad mi sueño.

Siempre me he mordido la lengua, me he aferrado a mi autocontrol y he respirado hondo para superar el trago sin transmitir lo que pienso de verdad de Tyler Heath y de sus gilipolleces. Han transcurrido años, casi dos décadas desde que comencé a dar entrevistas, y nunca he tenido ningún problema.

Sin embargo, han bastado un par de palabras de Harper James para casi sacarme de mis casillas. Y delante de una cámara, para colmo.

Mierda.