Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Se refiere a Johannes, claro. Me muero de ganas de verlo cuando lleguemos a Baréin.

—Tomo nota —contesto antes de irme a un asiento en la otra punta del pasillo .

Supongo que no debería tentar a la suerte con Anna. Necesito que hable bien de mí para conseguir los contratos con todos los patrocinadores sobre los que mi mánager no deja de insistirme.

El año pasado gané más dinero que nunca.

Mi cuenta corriente estaba rebosante por primera vez en mi vida, aunque no demasiadas marcas se pusieron en contacto conmigo.

Es probable que sea culpa mía, pero bueno.

El dinero que me embolsaré este año hará que lo que gane con las carreras sea una minucia en comparación.

Los asientos reclinados del todo en jets privados serán mucho más habituales, fijo.

Espero que mis padres lean el comunicado de prensa.

Espero que se sientan como el culo cuando se den cuenta de que lo he conseguido, a pesar de todo lo que me han hecho. Y a pesar de todo lo que nunca hicieron.

El dinero, el avión lujoso y todos los contratos que están por venir…

; en fin, es el principio de una vida totalmente nueva para mí.

Son las cosas que más me motivan para esforzarme al máximo, pero no puedo ignorar la emoción que me recorre al pensar en conocer a Kian Walker como Dios manda; o, por lo menos, en ser su compañero de equipo.

Lleva ya casi quince años en la Fórmula 1.

Ha ganado cuatro campeonatos y, en mi opinión, es una absoluta leyenda.

Puede que durante mi adolescencia hubiera un par de pósteres de él en las paredes de mi habitación.

También algunos de su padre. Tyler Heath fue una leyenda que despertaba tanta emoción en la pista como fuera de ella.

Era famoso por la sucesión de mujeres que lo seguían por todo el mundo y por la masa de hijos que en teoría había engendrado.

Es evidente de dónde sacó Kian su físico y su talento.

Cuando empecé con los karts, vi muchísimas de las carreras de Tyler Heath.

Encontré un montón de viejos vídeos de él en YouTube y estudié sus habilidades.

Su forma de pilotar era muy emocionante, imprudente y estimulante, siempre al límite.

Pero un buen día le dieron la patada y ya no volvió a pilotar.

Demasiados escándalos, y pasó de héroe a villano.

Seguro que debería aprender algo de su historia, pero los detalles de por qué se convirtió en intocable son un secreto muy bien guardado.

Me he cruzado con Kian un par de veces en alguna que otra fiesta, pero nunca he mantenido una conversación de verdad con él.

Siempre está demasiado ocupado, es demasiado inaccesible, como para hablar.

No me lo tomo como algo personal; todo el mundo quiere un poco de atención del rey de los circuitos.

Pronto ese seré yo. La gente llamará a mi puerta y querrá mi atención, pero estaré demasiado ocupado.

Mentiría si dijera que no me muero de ganas de conocer a Kian para así poder acribillarlo a preguntas sobre los años que lleva en este deporte. Quiero saber todo lo que sabe. Quiero interesarme por su padre.

Tengo veinticinco años y por fin subo a la categoría superior; él, en cambio, tenía dieciocho cuando lo fichó un equipo de los grandes. Supongo que no debería decirle que sé que corrió su primera carrera el día que cumplía diecinueve; quedaría como un pelota.

Me hundo en el sillón, me quito las zapatillas y descanso los pies en el asiento de piel al comenzar a reclinarlo.

Es un vuelo de siete horas y tengo ganas de ponerme cómodo.

No me puedo creer que esté aquí; no me puedo creer que por fin vaya a conseguir lo que siempre he querido.

Una sonrisa absurda se me extiende por la cara.

El avión es un hervidero, con grupitos de gente importante hablando y llamando por teléfono, hasta que se oyen pasos en las escaleras y todo el mundo guarda silencio cuando aparece Kian Walker.

Madre de Dios. En persona está más bueno aún que en las fotos.

Mi gran bocaza, que no tiene ningún tipo de filtro, coge el control de mi cerebro antes de que pueda pensarlo mejor y termino diciéndole :

—¿Qué tal, Walker? ¿Cómo te va, colega?

La mueca que pone me deja sin palabras, pero luego mira de reojo a todos los peces gordos que nos observan y rápidamente me dedica una sonrisa forzada.

—Harper. Bienvenido al equipo.

Es lo único que me responde. Se ajusta la mochila y se dirige derecho al asiento más alejado del mío.

Todos vuelven a sus cosas hasta que el capitán nos dice que nos abrochemos el cinturón y se cierran las puertas. Estamos moviéndonos hacia la pista antes de que pueda comprender hasta qué punto Kian Walker ha pasado de mí.

Más allá de sus estadísticas, en realidad no sé gran cosa sobre él.

Es una persona muy reservada que no publica demasiado en internet ni habla abiertamente con la prensa sobre su vida.

Sé que tiene dos padres famosos: Tyler Heath, por supuesto, y su madre es Chastity Walker.

En su época, fue una superestrella mundial, con una serie de éxitos pop que todavía suenan en la radio y de los que sacan remixes.

Tyler Heath lo tenía todo, pero su vida se vino abajo tras engañar a su esposa embarazada…

y dejó embarazada a la otra mujer al mismo tiempo.

Chastity desapareció durante un par de años de la escena pública, desconsolada y humillada.

Tyler fue despedido de su equipo —por razones desconocidas— y nunca más lo contrató nadie.

La oscura nube de sospecha que lo rodeaba ensombreció su increíble carrera, así que no volvió a aparecer en el deporte.

Y aquí estoy yo, en el mismo equipo y en el mismo avión que su hijo. Tiene toda la destreza de su padre al volante, también la ética de trabajo y la creatividad de su madre. ¿Cuántas veces se tiene la oportunidad de conocer a tu héroe? Más aún, de ser su compañero de equipo.

Mientras el avión empieza a estabilizarse en el cielo, y antes de que el posible movimiento pueda impedírmelo, me desabrocho el cinturón y me dirijo hacia Kian. Ha elegido un asiento para él solo en la parte de atrás, y yo me acerco hasta sentarme en una mesita baja junto a su sitio.

Tiene los ojos cerrados y está recostado, pero eso no me detiene. Nunca he sido muy bueno con el autocontrol, y en este momento ni se me ocurre ejercerlo.

—Hola, Kian.

No hay respuesta.

Muevo la mano delante de su cara como un idiota, como si así pudiera llamar su atención. Obviamente, no puede verme.

—¿Kian?

Nada.

Le pongo la mano en la rodilla y se la agito. Abre los ojos de golpe.

—¿Qué cojones haces? —gruñe, quitándose los auriculares. No los había visto bajo su mata de pelo, que necesita urgentemente un buen corte.

—Lo siento, tío. Se me ha ocurrido venir a ver cómo estabas…, y así conocer a mi nuevo compañero de equipo.

Niega con la cabeza como si no pudiera creérselo, aunque no estoy seguro de qué he hecho para provocar esta reacción.

Hay muchos otros pilotos a los que he cabreado a lo largo de los años que tendrían motivos para reaccionar así, o peor.

Me he acostado con algún que otro hermano o le he tirado una copa a alguien en una mala noche.

Pero ¿qué le he hecho a Kian Walker? Nada.

Ni siquiera un error por estar borracho.

No necesito más de una mano para contar las veces que lo he visto salir de fiesta.

Creo que el año pasado ni siquiera se presentó en la fiesta de Navidad de Hendersohm.

—Todo bien. Creo que ya te conozco suficiente —me contesta.

«Ya te conozco suficiente». ¿En serio me suelta eso?

A ver, que me alegro de que por lo menos sepa quién soy, porque de lo contrario sería aún más humillante, pero la forma en la que lo dice me hace pensar que todo lo que sabe de mí es malo.

Estoy al tanto de que en la prensa tengo mala fama, pero también soy un piloto excelente .

—Vale. Muy bien. Bueno, pues ya está todo claro. —Me levanto y prácticamente corro de vuelta a mi asiento.

Me dejo caer en el sillón y me cuesta encontrar una postura cómoda. No es algo que pensara que tendría que hacer en un jet privado; sin embargo, cierta extraña energía me está inquietando.

Doy vueltas sin parar, incluso reclino el asiento y me tapo con una manta mullida, pero no funciona. Al final, saco el móvil, me conecto al wifi del avión y le envío un mensaje a Johannes.

Creo que Kian Walker me odia.

Por suerte, en la pantalla aparecen enseguida tres puntitos.

No le vas a caer bien a todo el mundo, James. Además, es muy sieso, y, conociéndote, seguro que le estás tocando los huevos.

Frunzo el ceño al leer el mensaje.

Lo único que he hecho es saludarlo e intentar conocerlo, pero me ha dicho, y cito textualmente: «Ya te conozco suficiente».

Las palabras de Kian siguen reproduciéndose en bucle en mi cabeza. ¿Qué coño ha querido decir con eso? Y ¿cómo me va a conocer suficiente? Conmigo nunca se tiene suficiente.

Ah. Bueno, con el resto de los pilotos no es el tío más sociable del mundo, pero con Elijah se lleva muy bien. A lo mejor está cansado o no le gusta volar o algo .

Asimilo sus palabras. Puede que tenga razón o puede que Kian esté molesto por haberse quedado sin su mejor amigo y tener que aguantarme a mí.

A lo mejor sí.

Asomo la cabeza entre los asientos hacia el gran Kian Walker. Tiene los ojos cerrados y está acurrucado de lado, pero tampoco consigue dar la sensación de estar supercómodo.

Es un tío distinto. Distinto en un sentido que aún no he llegado a entender.

El avión sobrevuela Europa, y el último pensamiento que me inunda la cabeza antes de quedarme dormido es el siguiente: ¿cómo puedo convencer a Kian Walker de que no me conoce lo suficiente?