Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 1 #3
5%

Capítulo 1 #3

—Creo que Anders lo ha descartado para toda la temporada. Ah, y Harper James será su sustituto.

La habitación queda en silencio. Elise pausa la serie para que podamos hablar con calma y una quietud inquietante se apodera de repente de la casa.

—Mira, hermanito —dice, diminutivo que solo me provoca ganas de gruñir más fuerte—.

Sé lo que te está pasando por la cabeza.

Se parece muchísimo al hombre en el que has intentado con todas tus fuerzas no convertirte; sé que odias todos los rasgos de su actitud y cómo trata a la gente, pero es temporal.

Su presencia es temporal. La pierna de Elijah se curará, el equipo volverá a la normalidad y el idiota novato se irá a la categoría inferior más rápido de lo que ha subido.

Y por eso es la mejor hermana del mundo.

Es la mejor madre, hija, cuidadora y, cuando termine la carrera, también será la mejor enfermera.

Es justo lo que necesitaba oír. Sé que tiene razón.

En el fondo, en la parte racional de mí que está enterrada por la ansiedad, lo sé.

Mi cerebro tiende a dramatizar, mientras que el suyo es de acero o de fibra de carbono.

Siempre bromeo diciendo que robó todos los genes sensatos en el útero.

—Es que… —Ni siquiera sé qué más decir. Solo quiero que todo esté bien.

En calma—. Pensaba que esta iba a ser «la» temporada.

—No encuentro las palabras para verbalizarlo, para expresar que me pregunto si esta será mi última temporada.

No estoy seguro de estar todavía en ese punto.

No estoy seguro de estar listo para decirlo en voz alta—.

Pensaba que este iba a ser el año en el que todo sería…

—El año pasado, terminaste en lo más alto del podio y conseguiste tu cuarto título mundial —me interrumpe rápidamente—. Ya eres una leyenda. Mucho mejor que papá.

—Lo sé, pero sigo pensando que este año tengo mucho que demostrar. Me gustaría intentar batir el récord de puntos, a poder ser. —Ha oído los rumores sobre mi retirada, y nadie me conoce mejor que Elise, así que sabe perfectamente a qué me refiero.

—Harper no tiene por qué interponerse en tu camino. Elijah no te impide ganar. Como tu segundo piloto, te apoya a ti y apoya al equipo. Solo tienes que olvidarte de Harper y concentrarte en ti mismo.

Ojalá fuera tan fácil. Vamos a pasarnos meses respirando el mismo aire, compartiendo boxes, simuladores, aviones privados, vestuarios.

Todo el ambiente está a punto de cambiar y alterará mi rendimiento, por mucho que intente evitarlo.

Ya he estado cerca de hombres como él, y sé cuánto va a afectarme. No sé en qué está pensando Anders.

Pero mi hermana tiene razón. Soy un deportista de élite y, si dejo que el cambio me desconcentre, no merezco la victoria. Mentalmente, preparo una caja y meto a Harper James dentro antes de cerrarla con candado.

—Vale, listilla. Me has pillado. Tengo toda la intención de traer la copa a casa esta temporada, no te preocupes. No es que no tenga ya cuatro. —Me encojo de hombros como si tal cosa, aunque significa muchísimo para mí.

La primera ocupa un lugar de honor en mi casa. La segunda está en la habitación de mi madre y la tercera era para Elise. La cuarta está expuesta en las instalaciones de una organización benéfica juvenil local de la que soy embajador. Creo que por fin es hora de traer una a casa para Cassie y Jesse.

—Muy bien. ¿Me dejas volver a mi serie, por favor? —me reprende con el gesto de poner los ojos en blanco más odioso que he visto en la vida.

No puedo evitar reírme en silencio.

Mi hermana vuelve a poner la serie y me lanza una manta, y me hundo en el acogedor rincón del sofá en forma de ele.

Me quedo dormido en cuestión de minutos en la peor posición para la espalda y el cuello, aunque a las cuatro de la madrugada me despiertan los gritos de Jesse.

Es el momento perfecto, porque un coche viene a recogerme dentro de una hora para llevarme al aeropuerto… , donde me encontraré con Harper James.

Elise baja las escaleras con Jesse en brazos, con la cara hinchada y el pelo revuelto, refunfuñando que nunca consigue dormir una noche del tirón. Le doy un beso en la frente y me despido en voz baja.

—Buena suerte, hermano. Puedes ganar, y no importa quién esté en el otro coche. Lo tienes en el bote. Y no lo olvides: pase lo que pase, te queremos.

Conduzco de vuelta a casa y espero a que me recojan.

Las palabras de mi hermana me rondan la cabeza hasta que subo las escaleras para embarcar en el avión privado, donde veo a Harper James recostado en un sillón reclinable, con su característica sonrisa arrogante curvándole las comisuras de los labios.

Mi esperanza y mi entusiasmo se esfuman, y solamente me embargan la frustración y la irritación .

—¿Qué tal, Walker? ¿Cómo te va, colega?

Su sonrisa es tan ancha que casi se parte por la mitad, y lo odio al instante. Solo nos hemos visto un par de veces y, desde luego, no somos colegas. Buf.

Va a ser una temporada muy larga.