23. PESARES
PESARES
La lluvia me empapaba, pegándome el pelo apelmazado a la frente y arrastrando las capas acumuladas de barro, sangre y ceniza, mientras llamaba a la puerta.
Tom abrió, con los ojos muy abiertos por la conmoción y la sorpresa. Se había duchado y no llevaba el abrigo sobre el pantalón de chándal y la camiseta. No pude disfrutar de aquella novedad. Las lágrimas me corrían por las mejillas, mezclándose con las gotas de lluvia.
Tom no hizo ninguna pregunta. Se limitó a estrecharme entre sus brazos y a llevarme al refugio de su hogar, cerrando la puerta a su espalda.
—Pensaba que no les importaría —solté entre sollozos silenciosos—. No me dejaron vengarlo. Pensaba que me estaban desperdiciando en curaciones. Quería estar aquí. Luchando contra monstruos. Persiguiendo a ese demonio…
—¿Heiligslicht? —preguntó Tom—. ¿Qué ha pasado?
—Ellos… ellos…
Resultaba difícil incluso admitirlo.
Negué con la cabeza, salpicando el suelo de lluvia y lágrimas.
—Ya no soy purificador.
Y no supe cuánto dolía de verdad aquella constatación hasta que la pronuncié en voz alta. Me llevé una mano al corazón. Me ardía. El alma me palpitaba violentamente. Se apagaba y vibraba.
Tom me sostuvo y me acomodó en su sillón. No le importaban la suciedad ni lo empapada que estaba.
—¿Qué ha pasado? —preguntó con voz serena.
Se lo conté todo. Lo de Sarah y Kabo sujetándome. Las súplicas de Stephanie. Y la condena de Cox.
—No me había dado cuenta de cuánto significaban para mí —concluí—. Hasta que los perdí.
Heiligslicht había sido mi hogar. Mi familia. Y ahora… volvía a estar huérfana.
Herschel. Se había ido.
Mi orden. Se había ido.
Todo…
Y ni siquiera Stephanie podría desobedecer al Chapter-Meister. No tenía nada más.
La vida que había construido durante más de una década se había desvanecido en una bocanada de humo. Y no había vuelta atrás.
—¿Cómo vamos a enfrentarnos ahora a ese demonio? —pregunté a medias, supliqué a medias entre sollozos—. Conrad se ha ido. Ese demonio se ha ido…
¿Cómo iba a vengar ahora a Herschel? ¿Qué pensaría de mí? Expulsada de la familia que tanto valoraba. Todo por intentar vengarlo en una campaña violenta e inútil.
El Chapter-Meister tenía razón. Aquella había sido una cruzada infantil.
Pero había estado tan cerca…
Si hubiera reservado mi chispa, si la hubiera controlado mejor, podría haber tenido suficiente para destruir a aquel Engendro de Ceniza. Lo sabía.
Pero ¿y si no?
¿Y si la única forma de combatirlo era adivinar su nombre? Tal como Conrad me había enseñado.
¿Y si ni siquiera era capaz de lograr eso?
Tom me sujetó por los hombros y me miró fijamente a los ojos.
—Eres una purificadora poderosa. Con Heiligslicht o sin él, eres poderosa, buena y maravillosa.
—Pero no fui capaz de acabar con aquel Engendro de Ceniza. Eso… él… lo que fuera… mató a lo más parecido a un padre de verdad que he tenido nunca.
—Los demonios no son como los monstruos normales, Cins. Lo sabes. Por eso hacemos que se enfrenten a ellos especialistas. Gente como Conrad. No puedes esperar ser capaz de enfrentarte a un demonio mayor. Ni siquiera con una chispa tan grande como la tuya.
Me froté un ojo. —Pero sigue ahí fuera. Matando gente.
Tom asintió. —Los demonios son seres de otro mundo. No podemos enfrentarnos necesariamente a ellos nosotros solos. Pero quienes los traen a este mundo no son tan de otro mundo.
—¿El invocador?
Tom asintió y después echó un vistazo a su alrededor, como si buscara a alguien que pudiera estar escuchando. Por fin, se inclinó hacia mí y susurró.
—¿Recuerdas la enigmática orden que me dio Conrad en la Taberna? Me ha encargado vigilar a Lilian. De hecho, esa es la razón por la que pude encontrarte en los barrios bajos. Estaba siguiendo a Lilian.
—¿Usando tu caminar por el vacío? —pregunté.
Tom vaciló y luego asintió.
—Hablaremos más de eso en el futuro, pero ¿qué averiguaste sobre Lilian?
—Después de que Conrad me diera la orden, fui a buscarlo. Pero se ha ido. Nadie lo ha visto.
Eso me recordó algo.
—Mi collar no llevaba escrito mi nombre. Significaba Paz y Lealtad.
Tom casi ladeó la cabeza. Confundido.
—Lilian sabía mi nombre antes incluso de que nos conociéramos. Dijo que era porque mi nombre estaba bordado en Sintari en mi collar. Pero no era mi nombre. Mintió.
Una sombra oscura pareció cubrir el rostro de Tom. Noté cómo se le tensaban los brazos.
—Pero no puede ser él, ¿verdad? Sería demasiada coincidencia. ¿La primera y única cuadrilla de cazadores de monstruos a la que me uno contiene al hombre que invocó al demonio que hizo que quisiera convertirme en cazadora de monstruos? El mundo no funciona así.
—El mundo no funciona. Simplemente es . Y el destino tiene un sentido del humor mucho más simple de lo que crees.
Negué con la cabeza. —Aún no me lo creo. Lilian es un tipo repugnante. Puede que hubiera encontrado mi nombre en alguna otra parte. Puede que estuviera acechando a Heiligslicht. ¡Pero eso no lo convierte en el invocador de demonios!
—Tienes demasiada fe en la gente, Cins. Incluso después de todo lo que has visto y hecho, sigues buscando la luz.
Sonreí débilmente. —Es fácil ver la luz cuando tienes una llama justo delante de ti.
Tom se ruborizó. Algo que jamás le había visto hacer. Pero el rubor se le desvaneció y se irguió, tendiéndome una mano.
—Hay una forma de confirmar nuestras sospechas. ¿Quieres ducharte primero?
Por algún motivo, no sentí la necesidad. Había asuntos más urgentes. Sentí que mi chispa estaba de acuerdo.
Negué con la cabeza.
—Vamos.