12. CENTRO COMERCIAL #3
El lamento del espectro se hizo más fuerte. ¡Estaba a punto de llegar!
Las voces me asaltaban la cabeza, aun cuando intentaba armarme de valor. Ordené a mi chispa que se calmara. Que se mantuviera firme. Aunque los chillidos se acercaban. Cada vez más.
Había identificado a la criatura. Pero, sin un vínculo, ¿cómo se suponía que iba a desterrarla? ¡Grietas! ¿Habría sido capaz siquiera de realizar el ritual? Yo no era exorcista. ¿A quién pretendía engañar?
Un haz de luz azul atravesó el cristal. DJ Gibbs dio un salto, y el radiocasete cambió de canción a algún tema épico de ópera mezclada con electrónica.
Miré a Tom y Brick mientras fundían la plata sobre el mazo, golpeándola con el plano del hacha de Tom.
Alex esperaba preparado, con los machetes enfundados y un puñado de tenedores y cucharas de plata en las manos.
DJ Gibbs sostenía un reloj de bolsillo de plata por la cadena, balanceándolo como un mayal.
Pero, ¿sería suficiente?
Era solo mi primer día de caza y ya probablemente iba a ver morir a mis nuevos amigos.
Ojalá me hubiera quedado en el hospital...
—¡Está aquí! —gritó Alex cuando el cristal estalló. El expositor de plata del escaparate siseó al entrar en contacto con el espectro, pero a este no le importó.
Alex lanzó toda clase de cucharas, tenedores y cuchillos contra la criatura, pero esta no cedió. Atravesó el cristal, directamente hacia mí.
Intenté recurrir a mi chispa para detenerla.
Y no vino nada.
La vista se me nubló.
Brick dejó escapar un rugido poderoso mientras alzaba su martillo, todavía hirviendo y plateado, y lo descargaba contra el espectro. Este siseó y se encogió, pero esquivó el siguiente golpe.
Brick no cejó, balanceando el martillo como si no pesara nada.
Le acertó de nuevo. Yo me tambaleé hacia delante y hacia atrás.
La oscuridad. Estaba en todas partes. La luz parpadeante de fuera. Los fragmentos de cristal en el suelo.
Brick barrió con el martillo y falló. Las garras como espadas le rasgaron el brazo y él gritó. La sangre salpicó el suelo de la tienda, mezclándose con el cristal.
Mi chispa se había ido.
Brick cayó mientras Tom intentaba disparar fuego contra el espectro. Este lo ignoró, cernido sobre Brick para rematarlo. DJ Gibbs le gritaba a la criatura desde atrás, golpeándola con el reloj de bolsillo, atacándola inútilmente.
Iban a morir.
Y yo no podía hacer nada para impedirlo. Mi chispa...
¡Grietas! No debería haber venido aquí.
Sentí una mano apretarme el hombro. Conrad.
—No te habría traído conmigo si no creyera que das la talla, cría.
Y no había ni el menor atisbo de insinceridad en su voz ni en sus ojos.
Me volví hacia mis nuevos camaradas. Brick, pese a sus heridas, arremetía con el martillo usando una sola mano. Tom y Alex le lanzaban al espectro todo lo que podían.
Al espectro no parecía importarle. Pero ahora yo veía las cosas de otra manera.
Ninguno de ellos se rendía. Ninguno dejaba que el miedo lo paralizara.
Aunque probablemente sabían que no podían hacer nada...
Sentí que una luz dorada regresaba a lo más profundo de mi alma. Pequeña al principio. Después creció.
Di un paso hacia la lucha. Y otro. Y con cada paso sentía regresar mi chispa. Y crecer, más grande y más brillante. Y más resplandeciente.
Había tomado mi decisión. Y la llevaría hasta el final. Por mis nuevos amigos.
Busqué en mi interior y toqué la chispa en lo más profundo de mi alma. Tiré de ella, y se alzó de buen grado.
Mis manos resplandecieron con un dorado espléndido, y el espectro se volvió hacia mí. Todos lo hicieron.
Dejé que el poder fluyera a través de mí.
Un poder puro, sin palabras de conjuro que lo guiaran.
Era mi instinto en bruto. Mi poder en bruto como purificador.
No guiado por palabras de conjuro. No limitado por la necesidad de prudencia.
Sino espléndido y milagroso. No algo adiestrado por los tutores de Heiligslicht ni por una instrucción estricta. Solo mi chispa. Solo yo.
¡Se sentía bien!
Sonreí y liberé mi poder.
El espectro intentó huir, pero quedó atrapado en la explosión de energía blanca abrasadora. Gritó mientras se desvanecía, convertido en polvo, y después no quedó nada.
Seguí quemando mi chispa, liberándola en el mundo para purgar la oscuridad que nos rodeaba. Hasta que no encontré más impureza.
Dejé caer los brazos a los costados y dejé de canalizar. El espectro se había ido. Simplemente se había ido. Y aunque las garras le habían lacerado el brazo a Brick, piel nueva había sustituido la herida.
Incrédula, miré mis manos. ¿Había hecho yo eso?
Antes de que pudiera reflexionar sobre aquella demostración de poder, Brick me alzó por los aires, emocionado.
—¡Ese es el debut más impresionante que he visto en mi vida! —exclamó Conrad, aplaudiendo.
Tom me sonrió radiante, y yo le devolví la sonrisa.
Todos los pensamientos sobre el misterio de mi poder, o siquiera sobre cómo había llegado hasta allí el vínculo del espectro, quedaron olvidados.
Lo único que importaba era aquella victoria y mis camaradas, que la habían ganado conmigo.