10. DORMIRSE
DORMIRSE
El sol me daba en la cara a través de una rendija de las cortinas. Oía a los pájaros piar fuera. Parpadeé y me estiré.
¡Grietas! Hacía una eternidad que no dormía tanto. Por lo general, Stephanie y yo teníamos que echarnos siestas de una hora entre turnos consecutivos de diez horas.
Espera...
El pánico se apoderó de mí al mirar la hora en el móvil.
Oh, ¡Titán! Las diez de la mañana. En mi primer día de trabajo. Justo después de que Tom me hubiera dicho que tenía que levantarme bien temprano.
Temblando, marqué su número, dispuesta a disculparme y aceptar cualquier tipo de castigo con tal de que no me echaran del equipo.
—Ah... oh... ¿quién es? —contestó Tom, con voz adormilada. Casi podía sentir su resaca al otro lado de la línea.
—¡Tom! Lo siento muchísimo. Me he quedado dormida. ¿Dónde quedo con vosotros?
—Ah... ¿Cindy? ¿Qué quieres decir con que te has quedado dormida?
—Me dijiste que me levantara bien temprano. Lleva horas habiendo luz.
Oí cómo la respiración de Tom se convertía en unos leves ronquidos.
—¿Tom?
—Oh, ¡ah! ¿Cindy? ¿Bien temprano? Ah, ¡mierda! Los monstruos no actúan durante el día. Casi nunca. Bueno, al menos no los tipos a los que nos enfrentamos. Levantarse temprano significa como a las seis de la tarde.
—Ah —fue todo lo que pude decir. Noté cómo se me calentaban las mejillas y me alegré de que no hubiera nadie allí para verme.
—Nos vemos a las seis —solté de golpe, y colgué antes de poder humillarme aún más.
¡Grietas! Mi primer día de trabajo y ya estaba haciendo el ridículo. Me tapé la cara para esconderme del mundo. Entonces, el móvil emitió unas cuantas docenas de pitidos.
Stephanie me estaba mandando mensajes. Uno tras otro. Había de todo: memes, interrogatorios y la convicción de que yo estaba muerta y ahora vivía dentro del estómago de un trol.
Antes de que a mi amiga le diera un ataque, la llamé.
—¡Cins! —chilló prácticamente al teléfono—. Creía que estabas muerta. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás? ¡Grietas! Cuéntamelo todo.
—¡Estoy bien, Steph! —sonreí—. Estoy en un hotel de Upper Kenilworth. No me están digiriendo ni nada por el estilo.
—¿Y cocinándote? ¿Te están cocinando sobre la olla de guiso de un orco?
—He dicho Upper Kenilworth.
—¿Y qué? ¡Los orcos pueden vivir en Upper Kenilworth, Cindy! No seas prejuiciosa.
Me reí mientras ponía los ojos en blanco.
—Entonces... —empezó Stephanie—. ¿Qué tal ha ido? ¿Ya eres una cazadora de monstruos de las buenas?
—Casi. ¿Conoces a ese grupo que mató a aquel monstruo en Mont?
—¡Grietas, Cins! No me digas que te has unido a ellos. Eran...
—Me he unido a ellos.
—¡Eso es increíble! —Stephanie cambió de tono con maestría—. ¿Y qué tal son?
—Son raros. Pero también... agradables. Pensaba que unirme a un grupo de cazadores de monstruos sería difícil, pero todos querían que me uniera.
Bueno, salvo el jefe, pero creo que es solo un tacaño.
Hay un tipo grandote llamado Brick. Es un encanto, aunque un poco tonto.
Luego está ese chico callado llamado Alex.
Bastante guay. Y DJ Gibbs, de quien no estoy segura ni de que sea cazador de monstruos. Y luego está... Tom.
Casi podía sentir la sonrisa pícara de Stephanie al otro lado del teléfono.
—¡Cuéntame más sobre Tom!
—Tom es...
¡Maldita sea! Stephanie ni siquiera tenía que ser buena leyéndome. Yo era prácticamente un libro abierto, con las páginas desparramadas por todo el suelo.
Suspiré, y enseguida me di cuenta de que era un suspiro satisfecho.
—Tom es el chico de las llamas.
—Entonces, ¿está bueno?
—En el sentido literal, sí. Es un piromante muy hábil.
—No te quemes, Cins —ahora sonaba seria—. Ya sabes cómo son los piromantes.
—Él no es así...
—Eso es lo que siempre dicen.
Resoplé. —Bueno, quizá sea porque a menudo tienen razón. Tom es todo un caballero. De hecho, me ha pagado la suite del hotel.
—Ay, pobre criatura ingenua. Eso es que intenta agasajarte. ¿Te pidió entrar al dormitorio?
—En realidad, no.
—Entonces va a largo plazo. —Podía imaginarme a Stephanie frotándose la barbilla, pensativa—. La seducción a fuego lento.
—Creo que a eso lo llaman salir juntos. Pero no creo que sea eso. Dijo que se trata de que los cazadores veteranos cuiden de los novatos. Todos parecen ser así. La verdad es que es bastante bonito.
—Sí, sí. Tú repítetelo, cariño. Pero no vuelvas llorando con tu mejor amiga Stephanie cuando te rompan el corazón.
—¡Estoy aquí para trabajar, Steph!
—Claro, claro. Pero..., pensándolo bien, mezclar trabajo y placer da lugar a un ambiente laboral divertido.
—¿No me estabas diciendo que tuviera cuidado? —Arqueé una ceja. Debió de notarlo.
—Estoy llena de sabiduría. A menudo contradictoria. Pero haz caso de toda ella. En serio, chica, si tú eres feliz, yo soy feliz. Y espero ser tu dama de honor en tu boda.
Suspiré con fingida frustración, pero mi sonrisa delató lo que sentía. Era agradable hablar con Stephanie. Me recordó que aquello no era solo un sueño.
Pero había dicho la verdad. Aquello no eran solo juegos y diversión. Tenía un trabajo que hacer.
—Hay otra persona —dije, poniéndome seria—. Un tipo siniestro. Un mago llamado Lilian Pumpernickel.
Stephanie resopló, salpicando de café el teléfono. Cuando se recuperó, jadeó.
—¿En serio? ¿Ese es su nombre?
—¡Sí! Pero no todo es diversión y juegos. ¡Grietas, Steph! ¿Alguna vez has tocado a alguien y te ha dado mal rollo?
—La mitad de nuestros pacientes son víctimas de la necroplaga.
—Sabes a qué me refiero.
Silencio. Stephanie estaba pensándolo.
—Sí —respondió por fin—. Creo que sí.
—Este tipo es raro. Como... oscuro.
—¿Raro en plan magia oscura?
Mi silencio fue toda la respuesta que necesitaba.
—Mantente alejada de esa clase de gente, Cins. Quédate con el resto del grupo, pero evita a ese capullo. No puede salir nada bueno de pasar tiempo con él.
—No te preocupes, Steph. Procuraré mantenerme fuera de su camino tanto como pueda.
Oí cierto alboroto al otro lado de la línea.
—¡Tengo que irme, Cins! ¿Te llamo algún día para tomar un café? ¡Besos! Chao.
—Gracias, Steph. ¡Buena suerte!
Colgué y me golpeó el silencio de la habitación. Iba a ser un día largo hasta que mi nuevo trabajo empezara aquella tarde.
Y no podía dejar de pensar en lo que había dicho.
Sabía que debía mantenerme alejada de cualquier cosa que se pareciera a los arcanos oscuros. Lilian no traía nada bueno. No necesitaba mi chispa para saberlo.
Pero también sabía que Herschel había muerto a manos de algo oscuro y malvado. Y si quería vengarlo, tenía que entender la oscuridad.