Plomo en la niebla 10 Las lanchas del norte
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10 Las lanchas del norte

El astillero clandestino de Aguiño no figuraba en las guías de industria de la provincia. Era una nave de chapa galvanizada levantada entre los peñascos negros de la costa, donde las olas rompían con un trueno constante que amortiguaba el ruido de las lijadoras y las llaves inglesas.

Dentro, colgada de unas eslingas de nailon gordo, una planeadora de doce metros esperaba los últimos retoques de fibra de carbono. Una bestia negra diseñada solo para saltar crestas de agua helada a ochenta nudos en mitad de la noche.

Iago Souto "O Mariscal" supervisaba el montaje de los motores. Llevaba el fusil HK colgado a la espalda, por encima del impermeable empapado, y el humo de su cigarrillo Malboro formaba una nube rancia bajo los fluorescentes parpadeantes.

—Metedle las hélices de paso corto —ordenó Iago a los dos mecánicos que andaban metidos hasta los codos en grasa negra—.

Si el Ruso sale del muelle de Cambados con la neumática de aduanas, nos va a buscar en los bajos de Corrubedo.

Necesito que esta lancha levante el morro antes de que la patrullera del GRECO encienda el radar.