Play off 71. Por fin puedo respirar #2
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71. Por fin puedo respirar #2

—Es en el Black Dog. Hemos cerrado el local entero para la ocasión.

—Tirando la casa por la ventana..., ese es mi humilde amigo antifiestas.

—Después de tantos años, algo se me tenía que terminar pegando de ti.

—¡DYLAN! —La voz de Daniela nos llega como una exhalación, y acto seguido mi chica se lanza emocionada a los brazos de mi amigo.

—Rubia, menudo recibimiento. Mi propuesta de matrimonio sigue en pie, por si este gilipollas deja de cumplir en algún momento.

—Que te jodan.

—¿Qué tal estás? Te sienta muy bien ese estilo más bohemio.

Me gusta. —Dylan me mira con cara de satisfacción y yo le saco el dedo corazón.

Daniela, en cambio, nos observa a ambos desaprobando nuestro comportamiento—.

Echaba de menos estos momentos de sentirme como una profesora en una clase de niños.

Por cierto, ya se han ido casi todos, venía a buscarte.

—¿Hay alguna novedad? —pregunto echándome el pelo hacia atrás.

—Está teniendo muy buen recibimiento en redes sociales, Enzo. Ahora vamos a disfrutar de la noche, que te lo mereces.

La fiesta transcurre sin problemas. Algunos periodistas se acercan intentando sacarme un poco más de información sobre mis próximos movimientos. Soy amable, pero no entro en detalles.

—Dani, tía, creo que vamos a terminar siendo hermanastros. ¿Tú has visto a esos dos? —le pregunta Mateo a Daniela, señalando a su madre y al padre de mi novia.

—No exageres, déjalos. A mí me parecen supermonos —responde ella con una sonrisa en los labios—. Y solo están bailando.

—Tu padre y mi madre están perreando. Por Dios, que alguien me saque los ojos.

—Amor, eres un exagerado, yo pienso como Dani —añade Oliver, el novio de Mateo—. Míralos, parecen dos adolescentes.

—No me apetece ser el padre de mi madre y tener que darle la charlita de que hay que usar protección y todo ese rollo. Creo que en parte me ayudó tanto a conseguirme otro trabajo para tener vía libre.

—De verdad, eres de lo que no hay —replica Daniela entornando los ojos.

Ni Valentina ni Robert han confirmado que sean pareja, ambos aseguran que solo son colegas, pero la química que tienen es innegable. Daniela lo lleva muy bien, la verdad, quiere mucho a Valentina, y ver ilusionado a su padre de nuevo es lo que más feliz la hace.

—Mateo, el universo se está vengando por haber tocado los cojones tanto tiempo —añado yo con sorna.

—Que te den, Cara Acelga.

Le lanzo un besito y él me responde sacando su dedo corazón y plantándomelo en la cara.

La puerta de mi apartamento se cierra con un clic seco y de pronto el mundo entero vuelve a reducirse a nosotros.

Le quito el abrigo despacio a Daniela y lo dejo sobre una silla, como si el tiempo fuera algo que nos perteneciera. Sé que le dije que me moría de ganas por arrancarle el vestido, y lo pienso hacer, pero antes quiero saborearla entera, sin prisas.

Nos miramos sin decir nada más, volviendo de esta manera a la calma que nos ha acompañado durante estos meses. La beso hasta saciarme y caminamos enredados hasta la habitación.

Antes de tumbarla en la cama y seguir saboreando su cuerpo, la miro y sonrío de medio lado mientras me lamo el labio inferior.

Ella suelta una carcajada al entender mi siguiente movimiento.

Cojo la fina tela roja de su vestido y tiro de ella tensando mis músculos.

En el suelo de madera suena el repiqueteo de los botones de la prenda al caer.

—¿Siempre cumples tus promesas, Gabriel?

—Siempre, Mia.

Mis manos repasan cada una de sus curvas como si fuera un mapa que ya me sé de memoria. Daniela me desnuda tomándose su tiempo también, como si esto se hubiera convertido en una tortura que duele y gusta a la vez.

La tomo en brazos y la tumbo sobre el colchón. Me bebo sus gemidos al tiempo que aumenta el ritmo de nuestras respiraciones. La temperatura del dormitorio sube y mis pensamientos se nublan solo de pensar en entrar en ella.

Creo que nunca conseguiré saciarme del todo.

Hacemos el amor sin prisas, tan solo disfrutando el uno del otro.

El amanecer nos sorprende abrazados. Daniela tiene la cabeza apoyada sobre mi pecho y suelta un suspiro.

—¿Qué te pasa?

—Nada, solo estoy cansada.

—Ni hablar, ese suspiro no ha sido de cansancio. Estuviste muy callada gran parte de la noche. Al principio pensaba que estabas nerviosa por el estreno, pero ahora empiezo a dudarlo.

—Es que he recibido una oferta para un proyecto —dice al fin—. Se trata de una adaptación literaria que van a empezar a grabar dentro de un mes. Me han ofrecido ser la directora del departamento de maquillaje. Va a ser una gran producción, la propuesta es muy jugosa, pero...

—Pero ¿qué?

—Es en Los Ángeles, Enzo.

—¿Y cuál es el problema?

—Que tendría que irme allí.

—De eso nada; tendríamos que irnos allí, querrás decir. No me dejes fuera de la ecuación.

—¿Vendrías?

—Daniela, durante todos estos meses has parado tu mundo por quedarte a mi lado.

Te he visto rechazar demasiados proyectos por estar cerca de mí, aun cuando tu carrera ha vuelto a despegar.

No sería justo que te quedaras anclada y siguieras rechazando producciones que sé que te hacen ilusión.

Si tu mundo está en Los Ángeles, el mío también.

No hay nada que nos ate a San Francisco, así que acepta ese proyecto.

Ya va siendo hora de que sea yo el que haga algo por ti.

—Te quiero, Enzo.

—Te quiero, Daniela.

La vida en ocasiones nos puede llevar a perder lo que queremos, a tomar decisiones que nos pesan durante mucho tiempo.

Y otras veces, en medio del caos, somos capaces de encontrar algo que nos sostenga.

Y eso, incluso en los días más oscuros, es razón suficiente para luchar y seguir.

Porque vivir siempre merecerá la pena. Porque con ella a mi lado por fin puedo respirar.