Play off 67. Él no, pero yo sí
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67. Él no, pero yo sí

Él no, pero yo sí

Enzo

En cuanto le conté a Dylan todo lo que había recordado y las sospechas que teníamos, no dudó en decir que me acompañaría a casa del puto Jack. Aporreamos su puerta —bueno, para ser sincero, es Dylan quien se encarga de eso— hasta que esta se abre después de unos largos segundos.

—Vaya, el lisiado y su guardaespaldas... No esperaba visitas. ¿Qué cojones queréis?

—Acabar con esto de una puta vez —sentencio en un gruñido—. Me he acordado de lo que me dijiste en el campo.

Jack intenta cerrarnos la puerta en las narices, pero mi amigo adelanta el pie y se lo impide.

—Me parece que esta vez no te vas a librar, gilipollas —suelta Dylan mientras hace fuerza para abrir y que podamos colarnos. Entro despacio, apoyándome en la muleta.

—Auch, eso debe de doler, ¿no? —dice Jack con sorna, mirándome con una sonrisa de superioridad en la puta cara.

—No más que saber que una carrera deportiva está acabada —replico—. Y no estoy hablando de la mía.

—¿Crees que esa mierda de sanción va a pararme?

El golpe que te diste te ha afectado más de lo que pensaba —escupe a la defensiva, y ahora soy yo el que sonríe—.

Dentro de cuatro días todos se habrán olvidado de esto.

Tú mejor que nadie deberías saber cómo funcionan los escándalos en este mundillo y lo fácil que resulta taparlos con tan solo mover cuatro hilos.

—Si piensas que esto va a quedar así es que me conoces muy poco.

Quiero que dejes al margen a Daniela. Sé que estás detrás del acoso al que ha sido sometida y, aunque no tengo pruebas todavía, también sospecho que estás detrás de la falsificación de los documentos de su contrato de alquiler. Lo que quiero saber es por qué.

—Eres tan ridículo... —Echa la cabeza hacia atrás forzando una carcajada—.

Deberías haber acabado igual que vuestro amiguito el drogadicto.

Y, sí, resulta que después de nuestro pequeño intercambio en los vestuarios, mi primo Liam me contó el percance de la zorrita de tu novia.

.. Deberíais prestar más atención a quién contratáis en los rodajes, sobre todo si pretendéis que no se vaya de la lengua.

En cuanto le enseñé una foto suya, la reconoció al instante.

Me dijo que habló con ella en el set de rodaje porque su cara le sonaba de algo, pero que no cayó en el momento.

Al fijarse más, se le encendió la bombilla.

Tío, ese vídeo es oro, te lo juro... Menuda fiera.

—¡¿Por qué?! —rujo con la ira corriéndome por las venas.

—Estaba aburrido y me apetecía joderos un poco.

En cuanto noté cómo la mirabas en el rodaje, lo supe.

Esa zorra te importaba y me iba a encargar de poneros contra las cuerdas —suelta con indiferencia—.

No fue difícil conseguir la dirección exacta de su apartamento.

¿Sabías que su casero es un señor muy mayor con principio de demencia?

Engañarlo fue tan fácil... Eres un puto infeliz, Enzo Silva, y te lo mereces.

Siempre paseándote como si nada te importara, aparentando estar por encima de todos nosotros.

¿Pensabas que por fin ibas a ser feliz? Y una polla, hijo de puta.

.. ¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Pegarme con la muleta como si fueras una abuelita?

Iros de mi puta casa o llamo a la policía.

Estoy a punto de lanzarme a por él sin pensar en las consecuencias, pero Dylan me frena.

—Él igual no puede, pero yo ya lo he perdido todo, polla enana.

Todo pasa muy rápido. Mi amigo le propina un derechazo en la mandíbula a Jack que me duele hasta a mí. El ruido de su puño estampándose contra el hueso resuena por todo el salón. Jack le responde con un empujón bastante torpe, tambaleándose.

—¿Quieres más, hijo de puta? —grita Dylan sin dejarlo responder.

Y vuelve a lanzarse a por él. Lo empuja contra una silla, y el sonido de esta al caer me hace entrecerrar los ojos. Hay una rabia en mi amigo que no me resulta familiar. Es la primera vez que lo veo así, y ahora pienso que quizá esto no solo sea por Jack y sus acciones.

—Dylan, para.

Pero mi amigo no responde. Vuelve a cargar contra el imbécil que está ahora en el suelo, intentando recobrar el aliento.

Está aturdido, y veo la cara enfurecida de Dylan, sopesando si seguir pegándole o parar.

Me muevo hasta él con torpeza para tratar de calmarlo y que no haga algo de lo que pueda arrepentirse.

—Tío, para. No se merece que te jodas la vida.

—Como vuelvas a acercarte a cualquiera de ellos, te juro que terminaré lo que he empezado, ¿me has entendido? —le grita mi amigo señalándolo con rabia.

—Sí...

—En el fondo siempre has sido un puto cobarde. —Dylan escupe en el suelo cerca de Jack.

La madre que me parió. No quería que la situación se descontrolara hasta este punto.

—Que os jodan —murmura Jack, aún en el suelo.

—¿Más de lo que lo vas a estar tú? Imposible, gilipollas —sentencio yo.

Salimos de la casa y veo que Dylan aún tiene la respiración agitada. Espero a montarnos en el coche para empezar a hablar.

—¿Me puedes explicar qué cojones ha pasado ahí dentro?

—Se me ha ido la pinza..., yo qué sé.

—No me jodas, tío. Me acuerdo de tu cara en el hospital, no has querido contarme qué cojones te sucedió, y ahora te dejas llevar por la ira de esta manera.

—Supongo que estoy hasta los huevos de la gente que piensa que por tener dinero puede hacer lo que le dé la puta gana.

—¿Y qué es esa mierda de que lo has perdido todo?

—Digamos que me he quedado sin oficina donde ejercer mi trabajo.

—Pero ¿qué cojones me estás contando, Dylan?

—Es algo que ha quedado en el pasado, pero la realidad es esa. Por el motivo que sea, me han rescindido el contrato.

—Encontraremos otra.

—¿En esta ciudad? Lo dudo. Además, después del documental, ya sabes lo que va a pasar. No solo he perdido la oficina, también se han encargado de reubicar a mi equipo. Así que todo se ha acabado, Enzo. Esto era inevitable. Creo que necesito un cambio de aires, hermano.

—Le acabas de partir la cara a un tío por mí, ¿y ahora me sueltas que necesitas un cambio de aires? Por primera vez en años, no te pillo...

—Estoy pensando en irme, empezar de cero en otro sitio.

—¿Cuándo?

—Después de tu rueda de prensa.

—Dylan...

—Lo necesito, Enzo.

Por su forma de mirarme, sé que no hay nada que pueda hacer o decir para convencerlo de que no se marche, aunque me joda.

—Sabes que me tienes para lo que necesites, ¿verdad?

—Necesito que me apoyes en esto.

—En lo que sea, hermano, en lo que sea.

Parece que la vida le está pidiendo a gritos que se libere. Puedo verlo en sus ojos y en cómo le tiembla la pierna mientras conduce. Pero quiero que le quede claro que siempre tendrá un lugar al que volver donde hacerlo sin dar explicaciones.