66. Esto no ha terminado
Esto no ha terminado
Una semana después Daniela
Desde que Enzo salió del hospital, hemos intentado alejarlo de los titulares sensacionalistas que se han estado publicando respecto de su lesión y del revuelo que ha habido con Jack.
No creo que podamos seguir así mucho tiempo más, sobre todo porque va a dar una rueda de prensa para comunicar que no podrá seguir jugando de manera profesional.
Es imposible saber las preguntas que le hará la prensa, y es probable que saquen el tema.
Dylan ha dicho —y yo también lo creo— que debemos estar preparados y darle a Enzo las herramientas necesarias para salir airoso ante cualquier contratiempo.
Giulia ha vuelto a Manarola, y yo me he trasladado al apartamento de Enzo, porque él solo no se vale por sí mismo de momento.
Por mi cabeza no había pasado la posibilidad de que el motivo de que me mudase con mi pareja fuese ese, ni tampoco tan pronto, pero aquí estamos.
Debo decir que lo está poniendo bastante fácil, aunque una parte de mí tiene miedo de que, cuando se enfrente de nuevo a los periodistas, vuelva a sucederle lo mismo que cuando salió del hospital.
Oigo el ruido de la cama mientras estoy desayunando en la cocina, con Marty ronroneando a mi lado. Me levanto y voy a la habitación de Enzo para pasarle la muleta. El inicio del día siempre es algo más complicado para él.
—¿Cómo te has despertado?
Mientras Enzo se incorpora despacio, me quedo mirándole la venda que le cubre la cicatriz de la pierna, y aprovecho para subir luego la vista y admirar todo lo demás. Durante el tiempo que ha estado en el hospital ha perdido algo de peso y masa muscular, pero sigue teniendo el mismo efecto en mí.
—Lento, como todas las mañanas. Ya sabes que hasta que pase un poco de tiempo la rodilla no irá soltándose. ¿Cuánto rato llevas despierta?
—No mucho, he hecho café. Estábamos desayunando.
—¿«Estábamos»?
—Marty y yo.
—Ese gato...
—Anda, vamos. —Enzo se detiene frente a mí arqueando las cejas.
—¿Eso es un chiste malo?
—No, perdón. —Pero no puedo evitar carcajearme.
La rutina de las mañanas es un poco diferente de la que él estaba acostumbrado. Medicación, hielo y algunos ejercicios, de los cuales siempre se queja porque le parecen ridículos. El fisioterapeuta que está llevando su rehabilitación fue muy claro acerca de cómo proceder y le estamos haciendo caso.
Aprovechamos para ponernos al día con Dark , una serie que empezamos a ver en las horas muertas del hospital y a la que nos hemos enganchado tanto que estamos haciendo una maratón con la última temporada.
El tiempo pasa lento. A última hora de la tarde es cuando suele sentirse más cansado. Nos avisaron de que sería normal y le aconsejaron que intentara tomárselo con calma. Parece que está siendo fácil, pero me temo que se está guardando sus sentimientos y que eso acabe explotando de alguna manera.
Ya de madrugada, Enzo empieza a revolverse en la cama, hasta que se despierta entre jadeos y cubierto de sudor.
—¿Estás bien? —pregunto alarmada mientras busco a tientas el interruptor de la luz de la mesilla.
—He tenido un sueño. Daniela, creo que ya lo recuerdo. Ya recuerdo qué fue lo que Jack me dijo.
—Enzo...
—Me encontraba de nuevo en el campo, pero esta vez estaba vacío, no había ruido, solo el césped bajo mis pies.
Jack estaba a mi lado, y entonces me miraba la rodilla.
.. Yo lo increpaba y él se me acercaba sonriendo y me decía: «Esto ha sido solo el principio.
Pienso hundirte, y luego iré a por tu zorra.
Porque el pasado siempre vuelve. Pregúntale qué le parece tener que volver a casa de su padre.
.. Espero que se vaya lo suficientemente lejos de mí como para no poder lanzarme una puta lata de refresco.
..». Ahí entendí que era posible que hubiese sido él quien te enviara aquel mensaje cuando estábamos en New Lake.
La frase se quedó dando vueltas en mi cabeza y no reaccioné, joder. .. Debería haber ido a por él...
—Enzo, ¿cómo sabía Jack que iba a tener que mudarme con mi padre? —De pronto, la idea toma forma en mi cabeza—. La cancelación de mi contrato de alquiler..., ¿crees que el responsable podría ser él?
—No lo sé, pero pienso llegar al final de este puto asunto y lo hundiré hasta el fondo del mismísimo infierno para que no vuelva a salir de ahí.
Estando en el hospital le conté a Enzo todo lo sucedido con mi apartamento, y tuve que calmarlo para que no saliese en busca del culpable.
Ahora veo la misma rabia en sus ojos al pensar que Jack podría estar detrás de todo.
Pero ¿por qué iba a hacer tal cosa? ¿Por qué alguien iba a tomarse tantas molestias?
¿Por venganza? Que sepa lo de mi vídeo no me sorprende, es posible que le haya llegado de muchas maneras.
—Tienes que saber algo... No queríamos decírtelo para no alterarte, pero han sancionado a Jack por conducta antideportiva grave —digo entonces con voz serena.
—¿Qué incluye la sanción?
—Dicen que es la más dura de la historia de la NFL.
Suspensión de ocho partidos sin sueldo, una multa bastante significativa y tiene que hacer revisiones periódicas de conducta y ética deportiva.
En caso de que vuelva a hacer algo parecido, lo suspenderán de manera indefinida. Un solo escándalo más y está fuera.
—Imagino entonces que ahora mismo debe de estar encerrado en su casa, esperando que se olviden del tema.
—¿Qué piensas hacer, Enzo?
—De momento, llamar a Dylan.
No sé qué tiene en mente, pero en su mirada hay algo que promete que esto no ha terminado.