Play off 63. Agradecido por estar vivo., supongo
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63. Agradecido por estar vivo., supongo

Agradecido por estar vivo..., supongo

Enzo

Han pasado tres días desde que llegué al hospital.

Mi cuerpo sigue algo pesado, pero mi cabeza está más despierta.

Del primer día no recuerdo casi nada, palabras que entraban y salían.

Del segundo me acuerdo algo más, pero empezó el dolor y el cansancio extremo, de esos que no se van por mucho que duermas.

Y ahora aún no sé cómo me encuentro, porque cada día es una sensación nueva.

La pierna me duele de manera constante, profunda, tengo la sensación de que mi rodilla ha decidido rendirse del todo. Están esperando que recupere algo de fuerza —y que la cabeza me funcione mejor— para la intervención.

Ayer conseguí sentarme durante un momento, apenas unos segundos, pero todo empezó a darme vueltas y tuve que tumbarme otra vez. Me siento como un niño pequeño, pero supongo que debería estar agradecido por seguir vivo, ¿no?

—¡Buenos días, guapo! ¿Qué tal te encuentras hoy? —Daniela entra en la habitación como cada mañana desde que estoy aquí.

—Encarcelado —gruño haciendo un mohín.

—¿Te traigo unas esposas para que vivas la experiencia al cien por cien? —me ofrece entornando la mirada.

—Solo si las puedo usar contigo.

—Veo que vas recuperando tu humor. —Se acerca a la cama y, justo cuando va a darme un beso en la mejilla, giro la cara para robárselo de los labios.

—Estoy hasta los huevos de los besos de niños. —La agarro como puedo pegándola a mí.

Daniela suelta una risita que me sabe de puta madre.

—Para, no quiero hacerte daño.

—Lo que me hace daño es tenerte lejos, esta cama es demasiado pequeña, joder. —Ella me besa deprisa, zafándose después de mi agarre, pero se queda a mi lado—. ¿Dónde está mi madre?

—La he mandado a casa, pero, aun conociéndola poco, estoy segura de que en un par de horas volverá. ¿Te duele? —me pregunta señalando la pierna.

Aún no hemos hablado de la lesión; sé que sabe algo, pero no ha ahondado en el tema.

—Sí, me han avisado de que después de la operación el dolor se calmará y lo tendré más controlado. Daniela, yo... yo no te lo conté, pero iba a hacerlo. Solo estaba esperando a que pasara todo.

—Cuando me escribiste aquel mensaje diciéndome que ibas a jugar el último partido de tu carrera, no pensé que fuera literal. Ahora, visto con perspectiva, no sé por qué no lo vi claro. Creía que sería el último hasta que saliera el documental o algo así.

—Cuando nos conocimos, había pasado algo de tiempo desde que descubrí que mi final en la NFL estaba marcado en rojo con una fecha, y que esta estaba más próxima de lo que me habría gustado.

Por eso acepté el proyecto. Mi idea era dar una rueda de prensa después del partido y anunciar mi renuncia. .. No contaba con todo esto.

—¿Recuerdas lo que pasó?

—No, y me atormenta. Sé que Jack me dijo algo que hizo que todo se viniera abajo, pero no consigo acordarme de sus palabras. Recuerdo el impacto y que él estaba a mi derecha... Todo lo demás está mezclado.

—Los médicos han dicho que los recuerdos volverán. No tiene sentido que ahora pienses en ese imbécil, ya se está encargando la prensa de joderlo.

—Más le vale esconderse bien, porque cuando salga de aquí...

—Cuando salgas de aquí probablemente vayas con muletas, eso con suerte.

—Pues las usaré para darle una paliza con ellas y metérselas por el culo.

—No hay duda de que hoy ya eres tú.

—Gracias por volver.

—Sé que no te acuerdas de lo que te dije, pero.

.. no me marché del set de grabación por sentirme decepcionada.

Me fui porque ver cómo te rompías pudo conmigo.

Busqué un lugar donde serenarme para que no me vieras mal, quería ser fuerte por ti, pero cuando volví habías desaparecido.

Dylan tampoco estaba, y nadie sabía decirme qué había pasado.

Después, me llamó el hijo de mi casero para decirme que tenía dos días para sacar las cosas de mi apartamento.

Por eso me marché de ese modo. No tuve más opciones, y las cosas se complicaron más por no poder hablar.

—Me siento como un auténtico imbécil. Pensé que me habías dejado, que después de oírme decir lo cobarde que fui habías dicho basta.

Luego me encontré con la madre de Archie; subí a su casa y estuvimos hablando.

Mi móvil se quedó sin batería y perdí la noción del tiempo.

Me ayudó a comprender las cosas. ¡Dios, esa mujer es de otro mundo!

Entendí que era hora de empezar de nuevo.

Estaba decidido a ir a buscarte para traerte de vuelta después del partido. Iba a luchar por nosotros, Daniela.

—No hace falta que luches. Esta guerra la tenías ganada antes incluso de empezar.

—Cuéntame otra vez la movida del contrato de tu piso, por favor.

—Enzo, sé lo que estás haciendo. No es necesario, no me siento abandonada ni relegada a un segundo plano. Habrá tiempo para todo, ahora lo único que me importa es que mi... que tú te pongas bien y que podamos salir de aquí.

—¿Qué ibas a decir? —Fijo la mirada en ella mientras esbozo una sonrisa pícara. Sentir que poco a poco vuelvo a ser yo es algo que no pensé que fuera a alegrarme tanto, la verdad.

—Nada, no empieces. —Mira hacia la pared intentando disimular, pero sus mejillas sonrojadas la delatan.

—¿«Mi hombre»? Naaa, no te pega decir eso. ¿«Mi papi»? —Daniela suelta una carcajada y niega con la cabeza—. Tienes razón, me cortaría los huevos si me llamaras así... Déjame que piense... ¿«Mi novio»? Es eso, ya lo creo. ¿He conseguido ya esa categoría, señorita Miller?

—Eres muy tonto, Gabriel ...

«Mierda». Había olvidado ese pequeño asuntillo sobre mi segundo nombre.

—¿Quieres hablar de eso? Supongo que mi madre te habrá puesto al día.

—¿De tu nombre completo? Sí, claro. La verdad es que fue algo gracioso preguntarle por qué te llamaba así.

—En mi defensa diré que te lo mencioné...

—En eso tienes razón.

—No estaba en paz con ese nombre, ni con los recuerdos impregnados que había en él. Desde que pasó lo de Archie, digamos que adopté este alter ego : Enzo Silva, la estrella distante. No me sentía capaz de ser Gabriel.

—Y, aun así, cuando nos conocimos te presentaste con tu segundo nombre...

—La verdad es que no sé por qué lo hice, aunque te hubiera dicho mi nombre no habrías sabido quién cojones era. Quizá quise jugar a volver a ser yo sin toda esa mierda de mi pasado. Poder ser Enzo Gabriel Silva de nuevo sin sentirme juzgado, sin preguntas incómodas.

—Me gustas en todas tus facetas, Enzo. En cada capa que escondes y descubro poco a poco.

—Mmm, ¿y qué más cosas te gustan? —La atraigo un poco más hacia mí. En momentos así desearía tener más movilidad, pero habrá que jugar como se pueda.

—A estas alturas, deberías saberlas ya todas.

—Por culpa de un gilipollas me dieron una buena hostia y me he quedado algo tonto. Refrésqueme la memoria, señorita Miller.

Daniela sonríe acercándose más a mí, apoya con cuidado los brazos en la cama y baja la cabeza, que queda muy cerca de la mía.

—Ya eras algo tonto antes, Enzo. Y yo creo que algunas cosas las recuerdas muy bien.

Aproximo mi mano a su pelo y lo acaricio, ella cierra los ojos ante ese gesto y se aproxima un poco más a mi boca.

—Estás deseando besarme, Daniela. Deja de hacerte la dura.

—¿Acaso tú no estás deseándolo también?

—Si te dijera todas las cosas que estoy deseando hacerte, reventaría el chisme este al que estoy conectado. Solo un beso, anda.

—Contigo nunca es solo un beso.

Justo cuando estamos a un milímetro de que nuestras bocas se unan por fin, la puerta de la habitación se abre sin previo aviso.

—Disculpad. —Una de las enfermeras entra y Daniela pega un pequeño bote del susto—. Hora de la medicación.

Nos miramos y nos empezamos a reír. Parecemos dos adolescentes a los que sus padres los han pillado haciendo algo que no deben.

—Pienso cobrármelo más tarde —digo.

Daniela hace un mohín y se aparta para permitir que la enfermera haga su trabajo.

—No tardo nada, pronto os dejo a lo vuestro. —Me guiña un ojo mientras se acerca a la mesilla que está junto a la cama para dejar las pastillas y un vaso con agua—. ¿Cómo estás hoy? ¿Algún cambio reseñable?

—Estoy, que no es poco.

—¿Y la pierna?

—Me duele.

—Es normal. Dentro de un rato volverá a pasar el médico. Tómatelas despacio —me indica señalando las pastillas.

—¿Cómo está todo por ahí abajo? —le pregunto refiriéndome a la prensa. Sé que desde que estoy aquí están haciendo guardias en la puerta, y me preocupa que puedan molestar en exceso.

—De momento, despejado, aunque no creo que tarden en volver. Chico, hay que ver la curiosidad que suscitas.

—Me suele pasar, gajes del oficio, supongo. Mi representante está preparando un comunicado para calmarlos un poco. Ya sabes, algo de carnaza a la que aferrarse. Siento las molestias que hayan podido ocasionar.

—No te preocupes por esas cosas, tú ahora céntrate en mejorar día a día. Luego te incorporaremos para sentarte de nuevo, ¿vale?

—Veremos si soy capaz de no marearme esta vez.

—Poco a poco. Tómate las pastillas. Yo ya os dejo. —La enfermera sale entre risas y cierra la puerta a su espalda.

—¿Por dónde íbamos? —pregunto poniendo morritos.

—No tienes remedio.

Con una sonrisa en los labios, Daniela se acerca despacio y por fin me besa. Joder, volvería a pasar por todo lo que he hecho en mi puta vida si al final del camino está ella esperándome. Porque, incluso así, incluso aquí, nosotros merecemos la pena.