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Enzo

Han pasado dos días desde que hablé con Valentina y le dije que había llegado el momento de contarlo todo. Necesito sacarlo ya. Tener esa baza por si las cosas se ponen más feas de lo que ya lo están.

Hemos conseguido parar la publicación de las fotos gracias a ella y a sus contactos sin tener que entrar en darle explicaciones, pero no sabemos por cuánto tiempo.

Ni tampoco si disponen de más material que puedan usar en cualquier momento.

Después de nuestra reunión, Valentina dispuso todo lo necesario para que adelantáramos y pudiéramos grabar en el barrio donde me crie.

Aquí empezó y aquí tiene que terminar.

El barrio ha cambiado mucho, en gran parte por las aportaciones que hacemos Dylan y yo a la fundación que lleva el nombre de nuestro amigo Archie Jones.

Nos centramos en mejorar lo que tiene que ver con los chavales que viven aquí.

Mantenerlos alejados de las drogas y de las calles es la prioridad.

Pero hemos podido renovar también otros aspectos, como que haya espacios públicos activos, más seguridad, e ir saneando las infraestructuras.

Aun con todo, volver aquí no me gusta. Desde que mi madre se marchó, he venido muy pocas veces, y volver a pisar este suelo me pone nervioso. Por eso he pedido venir preparado desde casa para empezar a grabar y pasar el menor tiempo posible en este barrio.

Está todo listo, nadie sabe lo que realmente estoy a punto de desvelar, porque he pedido improvisar las preguntas según vaya mi relato. Dando cuatro datos para que sepan cómo quiero que vayan dirigidas.

Daniela me mira nerviosa detrás de la cámara. Ella tampoco sabe lo que voy a decir hoy, pero es tan lista que intuye que va a pasar algo.

El piloto se enciende, y Mateo da la señal de que podemos empezar.

—Enzo, estamos en el barrio donde creciste. ¿Cómo te sientes al volver a tus orígenes?

—¿La verdad? Tenso. Aquí hay muy buenos recuerdos, pero también muchos malos. Volver siempre es sinónimo de recordarlo a él y a lo que tuve que hacer.

—Durante las entrevistas que hemos mantenido a lo largo del documental nos has hablado de tu amigo Archie y su trágico final. Sabemos que su nombre no es conocido por el gran público, es como si hubiera desaparecido. ¿Tú sabes por qué?

—Sí. Se encargaron de tapar su muerte y de que su nombre no se vinculara ni conmigo ni con ellos.

—¿Puedes ser más específico?

—Archie Jones sufrió una sobredosis mientras estábamos en una fiesta que había organizado parte del equipo directivo de aquel entonces.

Se creían por encima del bien y del mal, hacían y deshacían las cosas como les daba la gana, saliendo impunes de cualquier situación.

Si la noticia de la muerte de una de las posibles futuras promesas hubiera llegado a oídos de la prensa seguramente habría sido algo catastrófico.

Y, con ello, también se habrían destapado circunstancias mucho más turbias que se daban por aquel entonces en ese entorno.

Así que se encargaron de borrar su nombre del mapa. .., de que quedara en el olvido.

—¿Y cómo consiguieron hacer eso?

—Porque yo los ayudé. Esa es mi realidad y la carga que llevo a mis espaldas: Enzo Silva es un cobarde, una farsa...

—Pero Archie era uno de tus mejores amigos, ¿por qué te prestaste a ello?

—Estábamos juntos cuando ocurrió. No era la primera vez que mi amigo consumía estando en una fiesta.

No era algo que ni a mí ni a Dylan nos hiciera sentir cómodos, pero era muy habitual en el mundillo.

La cocaína y otras drogas formaban parte del catering que podías encontrarte en esas fiestas.

Se servían en bandejas de plata. En un momento de la noche, Archie y yo nos apartamos del bullicio de la fiesta para hablar.

Tiempo después, tras analizar nuestra conversación, deduje que esta fue una especie de despedida.

.., como si mi amigo supiera que su final estaba cerca.

Me hizo prometer que si le pasaba algo yo me haría cargo de su familia y me esforzaría por triunfar en mi carrera deportiva.

Los tres venimos de familias complicadas, pero Archie tenía tres hermanos pequeños, su madre se mataba a trabajar y los mantenía ella sola como podía: su padre había fallecido hacía algunos años.

Entre risas, le respondí que dejara de decir tonterías, que él mismo sacaría a su familia del barrio en cuanto entrara en el equipo.

Que si alguien tenía que triunfar en algo era él.

Aún recuerdo lo serio que se puso cuando me repitió que se lo prometiera.

Lo hice, claro que lo hice. Era mi colega, mi hermano.

Entonces él se metió otra raya y después todo se fue a la mierda. ..

—¿Qué más recuerdas de esa noche?

—Todo. Solía tener pesadillas a diario sobre aquello.

Al principio pensé que me estaba vacilando, pero cuando vi que no respondía, empecé a preocuparme.

Mis gritos llegaron a oídos de Dylan, que vino para saber qué pasaba, y fue entonces cuando Archie empezó a convulsionar.

Llamamos a una ambulancia, esperábamos que la gente que había allí nos ayudara de alguna forma.

Pero la realidad fue otra. Nos dejaron solos.

Entre cuatro guardaespaldas sacaron a Archie y nos echaron de la propiedad hasta que llegó la ayuda.

Éramos unos chavales y no teníamos ni puta idea de cómo manejar la situación.

Las horas en el hospital fueron muy jodidas mientras esperábamos un milagro que no llegó.

.. Cuando nos dijeron que no había nada que hacer, yo entré en shock.

—¿Qué pasó después?

—Después vino la hostia de realidad... Quisieron tapar lo sucedido para que nadie se enterara.

Para ellos, lo importante era que la noticia no llegara a los medios.

Y yo me dejé llevar, acepté todo lo que me propusieron bajo amenazas encubiertas, juegos mentales que pasé por alto y que me hicieron creer que lo que estaban haciendo era por mi bien.

Que aquello era una forma de protegernos a Dylan, a la familia de Archie y a mí.

Sin embargo, lo único que querían era mi silencio para salvarse ellos mismos.

—¿A qué tipo de amenazas te refieres?

—Yo aún no era nadie, y mi carrera dependía de ellos.

Con tan solo levantar el teléfono se habrían deshecho de mí.

Primero se disculparon por las formas, por echarnos de la propiedad de aquella manera, escudándose en que no se habían enterado de lo ocurrido.

Después se ofrecieron a hacerse cargo de la elevadísima factura del hospital, del entierro.

.., de todo. Al principio parecía que estaban dispuestos a apoyarnos de manera incondicional, que eran sinceros y se ponían de nuestro lado.

Pero yo estaba tan jodido que entré en una espiral de autodestrucción.

Empecé a beber, a meterme en problemas. Iba cagada tras cagada pensando que así lograría acallar mi conciencia.

No había sido capaz de ver que Archie no se encontraba bien.

.., me sentía responsable de lo que le había pasado.

Ellos borraron las huellas de mis errores, parecía que se preocupaban por mí.

.. Cuando comencé a darme cuenta de lo que estaba sucediendo, quise hablar, y ahí fue cuando empezó a complicarse todo.

Conscientes de la culpabilidad que yo sentía, le dieron la vuelta al asunto.

Si callaba y los dejaba ocuparse a ellos del tema, si accedía a no hablar más de mi amigo, podría seguir jugando y ganando dinero para hacerme cargo de la familia de Archie y darles así un futuro a sus hermanos.

Pero si, por el contrario, no accedía, sacarían a la luz lo que había estado haciendo, mi carrera se iría a la mierda y sería el fin de todos.

Me tenían cogido por los huevos, así que acepté.

.. Consentí borrar del mapa a mi amigo y ocultar lo que pasó.

—Pero si sacarte de la ecuación era tan fácil como levantar el teléfono, ¿por qué no lo hicieron?

—Porque esa clase de gentuza disfruta teniendo el control. Y lo tenían si yo acataba sus reglas. He sido como un perro de presa para ellos, encerrado en una jaula con la correa suelta, lo justo para llegar a beber agua.

—¿Y por qué has decidido hablar ahora?

—Se han juntado varios motivos que me han hecho ver que debía ser ahora o nunca.

.. En varias ocasiones me han ofrecido hacer un documental sobre mi carrera deportiva.

Desde que decidí alejarme del ojo público he sido consciente del especial interés que suscitaba mi vida, pero eso no es para mí, no necesito ni quiero reconocimiento.

Siempre he declinado la oferta, pero este año mi vida ha dado un vuelco, y ya no tengo nada que perder.

Así que he accedido a grabar este documental con una condición: destapar la muerte de mi amigo para que su nombre no quede en el olvido.

—¿Cómo te sientes después de contar la verdad?

—Pues igual de mierda que antes de hacerlo. Con esto no pretendo limpiar mi imagen ni mi conciencia. Lo que busco es justicia, y que se sepa todo lo que encubrieron los directivos de aquel momento.

—¿Sabes dónde están o a qué se dedican ahora?

—No, pero estoy seguro de que esas ratas siguen manejando los hilos ocultos en la oscuridad.

Tiempo después de lo que le pasó a Archie, hubo otro escándalo que no pudieron silenciar porque estaban metidos hasta el cuello en él.

Supongo que os sonará el «Caso Prisma»: drogas, abuso de menores, invitados vestidos de blanco en fiestas turbias.

.. Terminaron absolviéndolos, porque ya sabemos cómo funciona la justicia cuando hay dinero de por medio, pero su nombre quedó manchado y me consta que los invitaron amablemente a dejar sus puestos directivos.

No obstante, se habrían merecido algo bien distinto y cero cordialidades. Hasta para eso tuvieron suerte.

—¿Hay algo más que quieras añadir?

—Sí. Sé que después de esta revelación habrá juicios de valor y que es posible que mi postura no se entienda.

Tampoco lo pretendo, porque ni yo mismo la comparto.

Ahora que el mundo va a conocer lo sucedido, a lo único que puedo aferrarme es a que con mi testimonio no se repita lo que pasó.

A los chavales que sueñan con poder dedicarse a esto algún día quiero decirles que tengan cuidado, que busquen una red de apoyo.

Que no se dejen engañar por el brillo de los focos, porque tras ellos siempre hay sombras.

Te lo pintan todo de color de rosa, pero a la primera de cambio te ves solo y hasta el cuello de mierda.

Cuando Mateo da la voz de cortar, me percato del silencio que se ha mantenido a lo largo de mi declaración, y de que por primera vez desde que empezamos con el documental hay una sensación extraña en el ambiente.

Casi como si nadie se atreviera a pronunciar palabra.

Busco a Daniela con la mirada, pero no la encuentro.

Vale, esperaba que esto pasara. No la culpo, no podría. Me levanto, y es Valentina la primera que se me acerca.

—Enzo, cariño. No-no sabía...

—Lo sé. Supongo que ahora entiendes el porqué de las amenazas para frenarme. Sé que el día que me conociste en aquella fiesta pensabas que solo era un chico perdido. No tenías ni idea de la magnitud de todo lo que llevo arrastrando conmigo tanto tiempo.

—Ven aquí... —Valentina me toma entre sus brazos y me estrecha con fuerza—. A veces tenemos que hacer cosas de las que no estamos orgullosos para poder sacar adelante otras que son importantes.

—Solo espero que esto no te traiga más problemas.

—Que lo intenten, para parar a Valentina Ferrani hace falta mucho.

—Gracias por todo.

Voy adonde está Dylan y, cuando llego, mi amigo me saluda dándome un apretón en el hombro.

—Tío, lo has hecho muy bien. Estoy muy orgulloso de ti.

—Ojalá pudiéramos tenerlo aún aquí, con nosotros.

—Enzo, ahora que ya lo has soltado todo.

.. Vale que tuviste que aceptar callarte, yo también lo hice.

Pero nuestro amigo tenía un problema con las drogas.

Tentó mucho a la suerte y esa noche su cuerpo no aguantó más.

Aquello no fue culpa tuya, él jugaba a la ruleta rusa, y habría tenido el mismo final tarde o temprano.

—Si yo no hubiera firmado antes que él, si los dos hubiéramos llegado juntos a la NFL...

—¿Nunca te has preguntado por qué no acudió al partido con los ojeadores? Joder, Enzo, te creía más listo...

—Estaba enfermo.

—Y una polla, lo que estaba era drogado hasta las cejas, tío... Aquel día no se tenía en pie. No sé qué mierda se metió antes del partido, pero su problema no empezó porque nos moviéramos con gente importante. Su mierda venía de mucho tiempo atrás, y tú no tuviste la culpa de ello.

—Pero tampoco lo vi venir. No fui consciente del problema hasta que ya fue demasiado tarde.

—Ni yo, porque la realidad es que nuestro amigo supo ocultarlo muy bien. Siempre tan sonriente, siempre de buen rollo, siempre...

No sé en qué momento de la conversación hemos ido levantando el tono de voz hasta llegar a gritarnos, y no puedo con esto. La cabeza está a punto de explotarme, necesito salir de aquí.

—Dylan, para.

—Joder, es que es verdad...

No quiero seguir escuchando las mierdas que me dice mi amigo, así que doy media vuelta y me alejo de él.

El cuerpo solo me pide estar con la única persona que sigue sin aparecer por el set.

He pensado que habría necesitado unos minutos para gestionar mi confesión pero que volvería.

Sin embargo, según va pasando el tiempo, empiezo a creer que se ha marchado y no va a volver.

Solo nos queda una última grabación. Valentina sabe que no voy a seguir, que hoy era el último día en el que trabajaba todo el equipo.

Hay material de sobra y solo falta una última cosa en la que participarán los cámaras: el próximo partido que voy a disputar.

Ese en el que anunciaré mi retirada oficial.

Estaba esperando a terminar la jornada de hoy para decírselo a Daniela, pero supongo que ella ha tomado su decisión y ya no hace falta.