Play off 49. Mia mamma
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49. Mia mamma

Mia mamma

Enzo

Después del altercado con la prensa, retomamos las grabaciones un día después de lo previsto para despistar e intentar que no se repitiese la situación, y, por eso mismo, decidimos grabar también en días alternos.

Pero toda la comodidad que había conseguido al sentarme delante de la cámara se ha visto alterada, y vuelvo a estar tenso de narices.

Solo tengo ganas de que acabe esto de una vez.

Por si fuera poco, me han llamado de la consulta de Mark porque los resultados de las pruebas que me hicieron están ya listos y debo ir a recogerlos. Trato de autoengañarme pensando que no estoy cagado de miedo, pero lo cierto es que sí lo estoy.

Aunque no todo en mi vida es una basura en estos momentos, porque la tengo a ella.

Desde la noche que pasamos en mi casa, en la que le dije por primera vez que la quería, las cosas entre los dos han adquirido otro tono.

Me dejé llevar por lo que siento sin tener miedo a pegarme una hostia, aunque termine pegándomela de igual manera.

Besos a escondidas cuando nadie nos mira en el rodaje, cenas en mi casa, escaparme de su hotel al alba para que no nos pillen.

.. Me encantaría poder gritar como un loco que soy suyo, pero sé que ahora sería muy mala idea añadir más leña al fuego, así que tendré que conformarme con lo que tenemos escondidos del mundo.

La consulta de Mark Shepherd me trae recuerdos del pasado que odio. Las batas blancas, el olor a desinfectante... El silencio de la sala de espera me pone de los nervios.

Estoy sentado aguardando a que me llamen, tratando de pensar en algo que no sea lo que vivimos aquella noche. Pero es inevitable que mi mente no divague y reviva aquellas horas agónicas hasta que supimos que no había nada que hacer por Archie.

Cuando la enfermera sale y me dice que pase, veo la cara del doctor y ya sé que no va a darme buenas noticias. Tampoco esperaba un milagro, pero no sé a qué atenerme viendo la seriedad que me devuelven sus facciones.

—Buenas tardes, Enzo. Toma asiento, por favor.

—Hola, Mark. Supongo que no tienes buenas noticias —le digo mientras me siento.

—En efecto, supones bien.

«Mierda».

—¿Cómo de malas son?

—Lo suficiente para decirte que tenemos que adelantar la operación.

—¿Qué? No, ni hablar. Eso no es posible. Tiene que haber otra solución. Más pastillas, cambiar la medicación, infiltrarme alguna mierda, no sé, lo que sea... Alguna historia experimental... —Gesticulo nervioso mientras las palabras salen de mi boca sin poder pararlas.

—Enzo, tranquilízate. Hemos agotado todas las opciones.

.. La lesión se ha extendido, y si no ha ido a más es porque llevas tiempo sin jugar.

Pero te estoy siendo lo más franco que puedo: o te operas a la mayor brevedad o las cosas se van a poner peor.

Y cuando eso pase, no voy a poder asegurarte que. ..

—No sigas. Lo pillo. Joder. —Me llevo las manos a la cara, porque darle un puñetazo a la pared no me parece nada adecuado.

—Lo sé, y lo lamento mucho, pero no hay más que pueda hacer.

Esas son las palabras que tanto temía oír. Y voy directo al grano, porque ya me da todo igual.

—¿Cuánto tiempo tengo? —pregunto sin medias tintas.

—Una semana como mucho, quizá dos...

Ni de coña.

—No puede ser.

—En cuanto me digas, programo el preoperatorio y fijamos una fecha.

—No, no puedo. —Me levanto de la silla saliendo por la puerta de la consulta sin mirar atrás.

—Enzo...

Pero yo ya estoy fuera cuando lo oigo pronunciar mi nombre.

¿Máximo dos semanas? No puede ser, no... Me falta el puto aire, y tengo que correr hacia mi coche para meterme dentro e intentar calmarme. No puedo cometer una puta locura y montar un numerito en plena calle.

Me apoyo en el volante de McFly intentando recuperar la compostura, pero mi cabeza en estos momentos va a una velocidad de vértigo. Llamo a la única persona que puede tranquilizarme en un instante así, porque me siento como un niño perdido y la necesito.

No tarda en responder.

—Tesoro, ¿qué ha pasado? ¿Sabes qué hora es aquí? —En cuanto me doy cuenta de que allí son las dos de la mañana, me siento todavía peor.

—Perdona, mamá. No, no me he dado cuenta de la diferencia horaria. Mierda.

—Esa boca, figlio . ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

—No, mamá, no estoy bien.

Cuando logro tranquilizarme lo suficiente, la pongo al día de mi lesión y, aunque primero me como una bronca monumental por no habérselo dicho antes, una vez que termina de sacar su furia italiana se calma y trata de hacer lo mismo conmigo.

—Si ese doctor te ha dicho que la solución es operarte lo más pronto posible, no sé dónde están las dudas, figlio . Cogeré el primer vuelo que encuentre para estar allí contigo.

—No es tan fácil, mamá. Ahora no puedo. Debemos terminar el documental y... —Me quedo callado unos segundos intentando encontrar las palabras adecuadas para lo que estoy a punto de confesar.

—¿Y qué más? Por cierto, que de todo ese tema me haya tenido que enterar por Dylan es de tener muy poca vergüenza... ¿Acaso yo te he educado así? ¿Pensabas contarme algún día que mi único hijo está grabando un documental sobre su carrera?

Voy a matar a Dylan en cuanto lo vea, joder.

—Ya, mamá, lo siento. Te lo iba a decir cuando hubiéramos terminado el rodaje.

—Claro, cuando no te quedara más opción. ¿Y qué era lo otro...?

—Pues que también está ella.

—¿Hay una «ella»?

—Sí. Se llama Daniela.

Mi madre suspira al otro lado de la línea.

—Esto sí que no me lo esperaba. Con más razón entonces debo coger ese vuelo. Tengo que conocer a esa chica.

—Frena un poco. No tienes que conocer a nadie. No hemos... no hemos definido aún qué somos.

—Enzo Gabriel Silva, ¿cómo que no habéis definido qué sois? Ma che razza di uomo ho cresciuto? Y ahora me dirás que ella también ignora cuál es tu estado de salud, ¿verdad?

—Mamá...

—No, figlio , yo te quiero mucho, pero un hombre se viste por los pies.

Sé que has pasado unos años malos desde que perdimos a Archie y te encerraste en ti mismo, pero es la primera vez que me hablas de una chica, y no pienso consentir que seas de esos que.

.. ¿Cómo se dice ahora? Ah, sí, que van fluyendo.

.. Más te vale que cuando llegue a San Francisco me presentes a esa chica como tu novia.

Te pasaré la información del vuelo en cuanto la tenga.

Y, cuando esté allí, ya hablaremos de todo con más calma. Ti voglio bene.

—Te quiero, mamá.

Y me cuelga casi sin dejarme terminar la frase.

De puta madre, otro problema más que añadir a mi larga lista de mierdas.

Cuando llego a mi casa me sorprende descubrir quién me está esperando en la puerta. Está tan serio que sé que algo grave ha pasado.

—¿Y ahora qué? —le pregunto en cuanto llego junto a él.

—Mejor vamos dentro, tío —me responde Dylan.

Abro la puerta y entramos en silencio. Cierro expectante, esperando que me diga qué narices pasa, pero el único movimiento que hace mi amigo es tenderme su móvil.

Miro la pantalla y lo que veo me deja helado.