44. Volvemos a la carga
Volvemos a la carga
Daniela
Enzo me llamó para anular nuestra «cita» y no me dio muchos detalles; solo me dijo que le había surgido un problema de última hora y que le iba a resultar imposible poder llegar a tiempo para vernos.
Sonaba sincero, y lo noté algo afectado por tener que cancelar nuestro encuentro, así que me guardé las ganas que tenía de estar con él y me pasé la tarde preparando todo el material para hoy, porque volvemos a la carga.
¿Tengo ganas? Sí.
¿Estoy un poco nerviosa? También.
Contaba con que volvería a verlo a solas antes de estar de nuevo con todo el equipo y que de alguna manera hablaríamos sobre cómo actuar cuando estemos juntos con los demás, pero de nuevo el destino se empeña en complicarme la vida.
Y, por si eso no fuera suficiente, el comunicado que ya se está distribuyendo fluye como la pólvora, como era de esperar. Parece que está suscitando mucha curiosidad. No he querido mirar demasiado para no generarme más ansiedad, pero sí que he visto que es tendencia en varias redes sociales.
El plan de localizaciones que vamos a seguir va a ser algo diferente de lo habitual. Para salvaguardar e intentar que no haya filtraciones que lleguen a la prensa, no sabremos dónde grabaremos hasta el mismo día.
Hoy toca en exteriores, vamos a ir a las ruinas de los Sutro Baths.
Por lo que veo en el iPad, quieren grabar a Enzo paseando por los alrededores y le harán algunas preguntas, pero no sé de qué manera estarán enfocadas, si serán más personales o más de relleno.
El rodaje de hoy no debería extenderse mucho en el tiempo.
Lo tengo todo listo cuando me avisan de que el coche de producción está abajo esperándome.
Cuando llego, están desplegando ya todo el set: las cámaras, los micrófonos, los paneles para la iluminación.
.. Si esto lo estuviéramos grabando en una ciudad como Los Ángeles, pasaríamos totalmente desapercibidos, pero aquí, si no tenemos cuidado, podemos llamar la atención de cualquier curioso.
Por mi parte, hoy me va a tocar uno de esos días en los que no voy a estar todo lo cómoda que podría, como cuando trabajo en un plató o un sitio cerrado.
Trabajar en exteriores es lo que tiene, que hay que apañarse con lo que te dan.
En producciones más grandes y que suelen conllevar muchas más horas de rodaje suelen poner caravanas a modo de camerinos, pero en esta ocasión no vamos a contar con ello.
Me han puesto una mesa plegable y una silla en la que ya sé que Enzo no va a estar demasiado cómodo.
Lo bueno es que al menos no suelo tardar mucho en maquillarlo y dejarlo listo. Lo malo es que volver a tenerlo tan cerca y mantener las distancias va a ser complicado.
Si tuviera que definir el ambiente que hay en el set, debería buscar las palabras, porque no es tenso ni raro. Pero se respira algo nuevo, y está muy lejos de ser relajado. Es una mezcla de nervios y silencio oscuro que espero que se disipe en cuanto el piloto de la cámara cambie de color.
Hago un barrido global con la mirada, pero no veo ni a Mateo ni a Valentina y, por supuesto, tampoco a Enzo ni a Dylan.
Hay lío de cables y esa locura típica de montaje propia de cualquier producción.
Intento deshacerme de esta sensación pesada que tengo encima y empiezo a colocar todo el material exhaustivamente mientras espero a que lleguen los que faltan para comenzar con mi cometido.
Es entonces cuando lo veo aparecer, y no puedo evitar clavar mi mirada en él.
Lleva puestas unas gafas de sol Ray-Ban que le dan ese toque misterioso que hace que se tense algo en mi interior.
«Recuerda que tenéis que mantener las distancias, Daniela», me repito a mí misma.
Enzo se acerca con paso decidido al «camerino» improvisado donde me encuentro.
—Estás preciosa, Miller —me susurra acercándose peligrosamente a mi cara. Su dulce olor me inunda y siento unas ganas locas de tocarlo.
—Tú tampoco estás mal, Silva. —«Mentirosilla», me recrimina una voz en mi cabeza, porque no es que no esté mal, es que está muy bien.
—Veo que vamos a tener cero de intimidad en esta cosa que te han montado. No me gusta.
—Ya, bueno. Es lo que hay. Siéntate, por favor.
—Uy, qué seria te has puesto. Me pone mucho cuando me hablas en ese tono. Te he echado mucho de menos, me muero por besarte, Daniela. —Su mano me roza la parte interior de la pierna con disimulo y a mí se me escapa una risita a la vez que el vello del brazo se me eriza.
—Enzo, aquí no.
—Aburrida. Tenía pensado secuestrarte cuando nadie mire y llevarte detrás de esa furgoneta de los de sonido para robarte un gemido o dos. —Se sienta en la silla, que, tal como pensaba, es demasiado pequeña para su cuerpo, mientras una sonrisa ladeada se instala en su rostro.
—Nada de secuestros y nada de gemidos. Voy a tener que hacerte firmar algún papel con ciertas normas básicas de comportamiento.
—Vale, vale... Seré bueno, aunque me cueste.
—¿Está todo bien? —pregunto algo preocupada por cómo está llevando ser el foco de la prensa ahora que el proyecto está empezando a estar en boca de todo el mundo.
—Ahora estoy mucho mejor teniéndote cerca. Hemos llegado un poco más tarde porque he tenido que atender un par de llamadas de algunos periodistas. Tanto Dylan como Valentina han considerado que lo mejor era que lo hiciera para que se quedaran tranquilos. Creo que hemos capeado muy bien el temporal.
Mientras Enzo me pone al día, yo empiezo a maquillarlo. Como ya conozco perfectamente sus facciones y las zonas de su piel en las que debo poner más atención, termino rápido.
—Me alegra verte tan... tan tranquilo. Por mi parte, estás listo.
En ese momento se acerca Valentina, que nos saluda a ambos y se marcha con Enzo a la posición donde van a empezar las tomas.
Yo me quedo para preparar lo que me voy a llevar al set para estar más cerca y poder retocarlo mientras avanzamos con la escaleta del día.
Él se da la vuelta cuando Valentina parece estar distraída y me lanza un beso que hace que yo sonría y niegue con la cabeza.
Este nuevo Enzo más juguetón y relajado me gusta aún más.
La jornada transcurre sin mayor problema y, a medida que van pasando las horas, el ambiente vuelve a sentirse distendido entre todos. Con los planos grabados, y cuando Mateo nos da el okey al revisar la última toma, damos por finalizada la primera jornada de grabación tras el comunicado de prensa.
Empezamos a recoger y, a medida que vamos acabando, nos vamos despidiendo. Cada vez queda menos gente en el set y, aunque yo lo tengo todo preparado, estoy esperando que mi amigo termine para saber si va a venir conmigo de vuelta al hotel o si tiene otros planes.
Estoy sentada en la silla con la maleta de maquillaje cerrada y lista cuando me vibra el teléfono. Sonrío a la pantalla al ver quién me ha escrito.
¿Te apetece cena y música en mi casa? Recuerdo que te debo unas clases de baile .
Estás loco.
Por ti. Venga..., ¿qué me dices? Me muero de ganas de estar contigo.
Vale.
McFly y yo te esperamos a la vuelta de la manzana, para no levantar sospechas y eso .
—Mateo, ¿te importa volver solo al hotel? Me ha surgido un plan —informo a mi amigo en cuanto se acerca a mí.
—¿Un plan que incluye a cierto moreno alto, guapo y un poco gilipollas?
—Puede...
—No te pega nada hacerte la interesante, rubia. Pero la verdad es que venía justo a decirte lo mismo. Que volvieras sola al hotel. Mi madre me ha interceptado en mitad de la grabación y vamos a ir a cenar juntos. Creo que quiere tener una conversación de esas madre e hijo. Reza por mí, rubia.
—Suerte con eso, querido amigo, porque la vas a necesitar.
Nos despedimos y me marcho algo cautelosa y nerviosa por los planes inesperados que me acaban de surgir.