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41. Cambio de planes

Cambio de planes

Daniela

No sé qué hora es cuando la luz del día me despierta, eso y el calor que desprende el cuerpo de Enzo, que sigue durmiendo a mi lado. Una cosa nos llevó a la otra y ha terminado pasando la noche conmigo. Creo que no hace falta dar más detalles.

Después de nuestra conversación, llamó a Valentina para decirle que quería seguir adelante con el proyecto, que podían preparar la nota de prensa con Dylan y, una vez que Enzo dé su visto bueno, distribuirla a los medios de comunicación para poner en conocimiento de todo el mundo el documental.

No hablamos mucho más del tema, hemos estado ocupados en nosotros, en aprendernos concienzudamente el cuerpo del otro, algo que a Enzo se le da muy bien.

Se ha empleado a fondo en crear un mapa por todos los puntos clave de mi anatomía, casi como aquel que le enseñaron Monica y Rachel a Chandler en un capítulo de Friends .

Así que la tarde-noche de ayer fue un tanto movidita.

Intento alcanzar de manera sigilosa mi teléfono para mirar la hora cuando sus brazos me atrapan y sus labios dejan un beso de buenos días en mi cuello que consigue que se me erice la piel de una manera deliciosa.

—Buenos días, Miller, ¿qué hora es? —me pregunta entre arrumacos.

—Eso estaba intentando comprobar justo antes de que me interceptaras. ¿Es deformación profesional o qué?

—Daniela, soy quarterback, yo lanzo los pases.

.. las intercepciones las hacen otros. Pero la realidad es que es muy difícil mantener las manos alejadas cuando se trata de ti.

—Hago un mohín poniendo los ojos en blanco por su comentario y vuelvo a estirarme para alcanzar mi teléfono. Pego un bote al ver la hora que es.

«Mierda».

—Son las nueve de la mañana, Enzo —digo algo alarmada al descubrir lo tarde que se nos ha hecho.

—¿Y? —me pregunta él de forma despreocupada.

—Pues que Mateo estará a punto de llegar para irnos a desayunar. Ayer me envió un mensaje por la noche para quedar hoy y le dije que sí. Por motivos más que obvios, se me olvidó poner la alarma. No contaba con que la hora se nos fuera de las manos.

—Bueno, si el problema es él, no creo que tu amigo se vaya a asustar por verme.

—Enzo... —le advierto, porque aunque Mateo no se escandalizase, a mí no me apetece tener que aguantar sus bromas.

—Vale, vale. —Levanta las manos ante mi advertencia—. Me visto y me pongo en modo ninja para que nadie se entere de que he pasado la noche aquí. Pero que sepas que me siento como un objeto sexual ahora mismo.

—Lo siento, no pretendía... —me disculpo, porque no he querido violentarlo o que sienta que lo estoy echando de malas maneras.

Enzo se levanta de la cama como un resorte y empieza a vestirse sin la más mínima nota de preocupación. Vuelve a mirarme y ve que yo me estoy mordiendo el labio porque me siento mal por haberle dicho que se fuera.

—Estoy de coña, Daniela. Lo entiendo. Además, puedes usarme como objeto sexual todas las veces que quieras, yo me dejo. Hablamos luego, ¿vale? Voy a ir a casa y después me pasaré por la oficina de Dylan para ver cómo llevan el tema de la nota de prensa. Pásalo bien con tu amigo.

Me da un beso en los labios y se dirige hacia la puerta de mi habitación. Justo antes de salir, se para en seco y yo me alarmo un poco al comprobar que sigue como una estatua, paralizado en el umbral de la puerta.

—Vaya, pero a quién tenemos aquí... El paseo de la vergüenza, ¿eh, Romeo?... —oigo que dice Mateo en tono de guasa.

«Mierda».

—Buenos días a ti también. Tengo que pensar en ponerte algún mote.

¿Qué tal Charmander? Creo que ese te va al pelo.

.. Aunque con lo rarito que eres igual eras más de los Digimon.

—La risa de Enzo suena por el pasillo del hotel mientras se aleja.

Yo pongo los ojos en blanco mientras espero que Mateo suelte alguna de las suyas.

—Joder, pues sí que le cambia el humor al enamorado, está menos gilipollas. Diría que hasta está empezando a parecer alguien con sentido del humor y todo... Bueno, amiguita, veo que ya tenemos tema de conversación para el desayuno, ¿no?

Mientras mi amigo se descojona, yo me levanto de la cama.

—Me voy a la ducha...

—Sí, eso, lávate bien, que hueles a sexo del bueno, cabrona.

Voy hacia el baño mientras le saco el dedo corazón a mi amigo cuando paso por su lado. Él, a su vez, se sienta a esperarme en la silla del escritorio de la habitación.

Una vez dentro, mientras dejo que el agua se cuele por el sumidero metálico, un pequeño nudo se instala en la boca de mi estómago al pensar en todo lo que puede salir mal a partir de ahora.

Una brizna de miedo se une a mis pensamientos y hago que se evapore con el calor del agua que sale por la alcachofa.

Estoy decidida a descubrir qué puede ofrecerme lo que ha surgido entre Enzo y yo, e iré capeando las consecuencias a medida que vengan.

No tiene sentido preocuparse por problemas que aún no han pasado.

Me gusta cómo me siento cuando estoy con él, y siempre he sido alguien que enfrenta el miedo de cara, así que eso haré.

Lo que de verdad me preocupa ahora mismo es salir ilesa en el desayuno que voy a tener con la persona que me espera fuera y que ha tenido el tiempo suficiente para preparar concienzudamente una ristra de preguntas que me veré obligada a responder.

Porque mi amigo va a querer datos, posturas y medidas.

Aprovechando el día libre —y después de que Mateo se haya quedado satisfecho con todos los detalles de la noche—, nos hemos acercado al centro para ir de compras y comer.

Hemos pasado también por cierta tienda de maquillaje cuyo nombre empieza por «S» y acaba en «-phora» porque sabía que habían llegado novedades de una de mis marcas favoritas que me apetecía un montón probar.

Y he salido de allí con una colección de productos más grande de lo que me gustaría admitir, pero una es débil, qué le vamos a hacer.

De vuelta en el hotel, nos paramos un rato a hablar en la entrada porque Mateo ha quedado para cenar en casa de Oliver, su viejo amigo de la uni.

—Mi madre nos ha citado mañana a todo el equipo para ponernos al día, me ha pedido que te lo dijera. Esta tarde se ha reunido otra vez con Enzo y Dylan para terminar de ultimarlo todo.

—Van a hacer un comunicado para enviar a la prensa y decir lo del documental —informo a mi amigo, que no se sorprende.

—Suponía que se haría algo así. Eso, o que nos íbamos todos a la mierda. Dani, no sé si vamos a estar listos para lo que se nos viene encima. Aunque mi madre mantenga la calma, me asusta pensar en la magnitud que pueda alcanzar todo esto.

—Yo prefiero no pensarlo demasiado —confieso algo nerviosa.

Mateo lo nota, y su actitud se vuelve algo más protectora.

—Pase lo que pase, podremos con ello. Como hemos hecho siempre, Dani —me dice mientras me da un abrazo.

—Eso espero. —Me separo un poco de él y le doy un beso en la mejilla—. Mañana me cuentas qué tal la cena.

Nos despedimos y veo cómo se aleja en dirección al aparcamiento donde está el coche de alquiler y yo entro en el hotel porque mañana promete ser un día intenso.