Play off 35. Mateo y sus brillantes ideas
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35. Mateo y sus brillantes ideas

Mateo y sus brillantes ideas

Daniela

No pensaba que Enzo fuera a tomarse tan bien los contratiempos a los que tenemos que enfrentarnos, sobre todo la parte en la que debemos marcharnos antes y volver para retomar allí las rutinas de las grabaciones.

Estoy delante del iPad, revisando el documento que me ha enviado Valentina con las nuevas directrices para las tomas que tenemos que hacer.

Enzo debe volver a hablar de Archie. Aún no sé por qué es tan importante ese chico en su historia, pero a juzgar por la delicadeza con la que Valentina se refiere a él, debió de ser un suceso que marcó su trayectoria.

Me preocupa un poco el hecho de que no haya querido decirme por qué tenemos que adelantar nuestra vuelta, que solo quiera decírselo a Enzo en persona cuando estemos allí, no me da buena espina.

Tengo una sensación rara en el cuerpo con todo esto, no sé por qué.

Por suerte, hace un día genial para mantener el set de grabación fuera y no tener que usar apenas iluminación artificial. Me aprovecharé también de la luz natural para el maquillaje y así no tener que hacer comprobaciones extras de color.

Me resulta extraño el ambiente que se ha creado entre los dos, pensar que hace nada nos estábamos comiendo y ahora hemos tenido que volver a la realidad.

.. Es como si te dan un caramelo, lo saboreas dos o tres veces en las que tu lengua se impregna de ese dulzor que engancha, que hace que tus papilas gustativas pidan más, y luego te lo quitan con brusquedad.

Toca volver a ser Daniela Miller, maquilladora profesional.

—¿Estás cómodo así? Puedo ponerte un cojín o algo para que no sientas que te estás partiendo el cuello —le ofrezco viendo la postura en la que se encuentra.

—Estoy perfectamente, desde aquí tengo unas vistas maravillosas. —La silla en la que está sentado es demasiado baja y muy poco cómoda para él. Mis pechos le llegan justo a la cara porque ha tenido que recostarse para que yo pueda trabajar en condiciones.

—Enzo...

—¿Qué? Solo estaba respondiendo a tu pregunta y añadiendo algo que es obvio. Si voy a morirme con el cuello partido por esta postura, que tus tetas sean lo último que vea me parece una imagen maravillosa para llevarme al otro mundo.

Al parecer, la única que ha vuelto a la realidad he sido yo, porque él desde luego que sigue metido en la burbuja. ¿Me molesta? La verdad es que no, me gusta este Enzo juguetón, y me he quitado un peso de encima al comprobar que no ha vuelto a cerrarse en banda.

En los días que llevamos aquí aún no he abierto la maleta de maquillaje.

No ha hecho falta, porque lo único que hemos grabado han sido las tomas de recursos de Enzo entrenando en el gimnasio.

Pero para esta ocasión sí que va a ser necesario sacar algunas cosas de ella, porque vamos a rodar primeros planos y, aunque el moratón que le salió debido a la pelea con Jack casi ha desaparecido, aún se ve un poco.

Me está costando mucho abrirla y no sé muy bien el motivo. Hay algo dentro que bloquea la cremallera, pero no recuerdo haberla llenado hasta los topes como para que pueda pasar esto.

—¿Me ayudas?

—Claro —contesta con una sonrisa de oreja a oreja. Pocas cosas hay en la vida que hagan más feliz a un hombre que pedirle que te ayude con algo que demuestre su fuerza o su ingenio, ya sea arreglar un aplique o abrir una maleta.

Le cuesta unos pocos tirones conseguirlo y, por fin, la maleta se abre de par en par. Lo que impedía que se abriera cae justo a mis pies y, de inmediato, siento cómo el fuego me empieza a subir por las mejillas. ¿Cómo ha llegado eso ahí?

—Esto... esto no es mío. —Recojo la cajita que ha caído a mis pies lo más rápido que puedo.

Enzo está muerto de la risa, intenta contenerse un poco cuando ve la cara que le pongo, pero le está costando.

—Joder, Daniela, qué claras tenías tus intenciones, ¿eh? Míralo por el lado bueno, acabamos de ahorrarnos un viaje.

—Sé lo que parece, pero te prometo que... —Le doy la vuelta a la caja de condones que tengo en la mano y veo que tiene una nota pegada. La leo y me cago en todo—. Yo lo mato...

La nota es de Mateo, con un escueto mensaje que dice: «Úsalos todos.

De nada». Entonces recuerdo sus últimas palabras antes de despedirnos.

Así que este era el regalito que había añadido a mi maleta.

Ingenua de mí, pensé que quizá se tratara de alguna chorrada típica de él, pero con la montaña rusa de sentimientos en los que me he visto envuelta estos días, lo había olvidado por completo.

—Tú lo matarás, pero yo pienso darle las gracias y hasta lo perdono por todas las veces que me habrá llamado Cara Acelga.

Ahora mismo ese tío se acaba de convertir en mi ídolo.

—Yo niego con la cabeza y dejo la caja en la mesa del jardín—.

Venga, no te lo tomes así..., ha tenido su gracia.

Y vamos a poder terminar lo que hemos empezado hace unas horas sin tener que movernos de casa.

Cuando Enzo pronuncia esas palabras, un hormigueo muy agradable se instala en mi vientre, y me muerdo el labio por la anticipación. La verdad es que, visto así, ha sido una sorpresa inesperada que nos va a venir muy bien.

—Pienso matarlo igualmente. Y ahora, a trabajar, así que quita esa mirada y borra lo que sea que estés pensando ahora mismo. Vamos a ser profesionales. Y, Enzo, una última cosa...

—¿Qué?

—Estaría genial que retiraras las manos de mi culo para poder empezar a hacer mi trabajo.

—Aburrida —me suelta sacándome la lengua y disponiéndose a devolver la mano a su sitio.

Pero, antes, abre la caja y se guarda un par de condones en el bolsillo trasero del pantalón que lleva.

—Para tenerlos a mano y estar preparados, ya sabes... —Me guiña un ojo y me sonríe con esa sonrisa tan suya que creo que podría quemar estadios—. Hombre prevenido vale por dos, ¿no?

Le devuelvo la sonrisa y niego mientras voy preparándolo todo para empezar a grabar cuanto antes.

Cuando termino de maquillarlo, situamos las cámaras en su sitio y colocamos la silla donde habíamos puesto las marcas para guardar el encuadre.

Enzo se sienta y suspira justo antes de empezar.

Voy a ser yo la que le haga las preguntas que nos ha enviado Valentina y luego, en postproducción, Hannah grabará en estos clips la que será la voz en off que saldrá en el documental.

—Esta casa es como tu refugio personal, ¿puedes hablarnos de cómo te sientes cuando vienes aquí?

—Es difícil para mí expresar todo lo que este sitio me ha dado.

En San Francisco, todo lo que me rodea me recuerda quién debo ser, pero aquí, en New Lake, puedo ser quien realmente soy.

De por sí, mi trabajo ya genera bastante estrés, y si a eso le sumamos la presión social que conlleva ser un personaje público, la tensión puede llegar a ser muy difícil de gestionar.

Venir aquí es como una especie de reinicio para mí.

—¿Se puede decir que entonces este sitio es tu lugar para recargar pilas?

—Se podría decir que sí, necesitaba un lugar al que poder huir de vez en cuando, y supongo que lo encontré aquí.

—Vamos con una pregunta que quizá se haya hecho cualquiera que conozca tu trayectoria profesional: ¿por qué eres tan hermético con respecto a tu vida privada? ¿Qué le esconde Enzo Silva al mundo?

Veo cómo se tensa en la silla y aprieta la mandíbula con fuerza. Esta pregunta debe de haber dado con su talón de Aquiles, y estoy a punto de decirle que no tiene por qué responder si no quiere cuando él empieza a hablar.

—Si no fuera un loco kamikaze que está harto de fingir, soltaría el típico rollo de que realmente lo único que busco manteniéndome apartado del foco público es llevar una vida normal.

Pero lo cierto es que decidí alejarme de todo por miedo y porque soy un cobarde miserable y llevo años tapando una realidad que me grita todos los días.

No podía soportar en lo que se había convertido mi vida y lo único que me quedaba era intentar esconderme para que la verdad no saliera a la luz.

Lo habría dejado todo si no hubiese sido porque había personas que dependían de mí. ..

Su sinceridad me parece aplastante y me deja paralizada, quiero preguntarle por qué se considera un cobarde, pero debo ceñirme al guion que tengo delante.

—Debe de ser difícil llevar tantos años salvaguardando tu vida privada. ¿Qué fue lo que te llevó a tomar una decisión tan drástica?

—La muerte de uno de mis mejores amigos. La muerte de Archie Jones.