34. ¿Interrumpo?
¿Interrumpo?
Enzo
Mi puto karma se lo debe de estar pasando de cojones. Después de permitirme disfrutar con la boca de Daniela y de correrme como un puñetero adolescente, tienen que interrumpirnos a los dos. Y uno de ellos tiene que ser Dylan, que parece que haya nacido para tocarme los huevos.
—¿Qué pasa? —le contesto de mala gana cuando descuelgo la llamada, con la respiración un poco agitada.
—Me alegra oír que sigues siendo la alegría de la huerta, cariñito.
¿He interrumpido algo? —Casi puedo ver la cara de gilipollas que estará poniendo mi amigo.
Desde que Bree le contó que fui a cenar con Daniela a La Rivière, y después de que me llamara para vacilarme, he recibido varios mensajes suyos durante la noche preguntando lo mismo.
Mensajes de los que he pasado. No tenía ganas precisamente de aguantar las chorradas de mi amigo, aunque ahora acabe de dar justo en el clavo.
—Vete a la mierda. ¿Qué quieres, Dylan? —Sé que su llamada no es solo para vacilarme y que es probable que no haya sido una coincidencia que sonaran ambos teléfonos a la vez.
—Hacer el trabajo por el que me pagas, gilipollas. ¿Por qué no has respondido a la llamada?
—Disculpe usted, no me ha dado tiempo a cogerlo a la primera.
—Ya... ¿Y por qué parece que acabes de correr una maratón? No estarías follando, ¿no?
Por desgracia, no, pero no se le escapa una. Aunque es un exagerado, un poco sofocado quizá sí que estoy. Sobre todo, porque aún la tengo medio dura..., sigo recreándome en la imagen de los labios de Daniela sobre ella.
A Dylan le gustan muchas cosas, y sacarme de mis casillas es sin duda una de sus favoritas.
—Estaba en el gimnasio, imbécil. ¿Qué quieres? —le repito, no me está gustando nada que esté dando tantos rodeos y no me diga cuál es el motivo real de la llamada.
Lo conozco lo suficiente como para saber que está intentando retrasar el momento de contarme lo que sea que tenga que decirme.
—Me ha llamado Mark Shepherd. Quería saber por qué aún no le has respondido. Dice que las pastillas que te recetó eran solo un parche para ganar un poco de tiempo... —Como si eso fuera algo que yo no supiera ya.
—No sé qué cojones quiere que le responda, ya le dije que iba a esperar. Me dio un plazo máximo y ni por asomo hemos llegado. Ya sé que las putas pastillas no van a curarme, joder. Soy muy consciente de mi situación, no soy un niño pequeño.
—Pues deja de actuar como uno y llámalo, todavía tiene que hacerte alguna prueba más.
—No quiero hacerme ninguna otra. Ya sé cuál va a ser el resultado, no es el primero al que acudo, y él también sabe que no es mi primer diagnóstico.
Todos y cada uno de los médicos a los que he ido me han dicho lo mismo.
Sé cuál va a ser el final, solo quiero retrasarlo lo máximo posible.
No creo que sea tan difícil de entender.
Haré lo que tengo que hacer cuando ya no pueda más.
Pero primero debo acabar de grabar el documental, ¿o te parece mejor idea que lo haga desde la puta cama de un hospital, drogado hasta las cejas?
—Pero, Enzo...
—Pero nada, Dylan. Ya lo hemos hablado, y también se lo expliqué bien clarito a él. No le des más vueltas y deja de preocuparte como si fueras mi madre.
—Es que, si se lo hubieras contado a ella, no tendría que hacer yo su labor... No me pagas lo suficiente, Enzo Silva. Tú llámalo o tendré que decírselo a mami S.
—¿Te vas a chivar a mi madre como cuando éramos niños?
—Deja de comportarte como si lo fuéramos y no tendré que hacerlo —resoplo, sabiendo una vez más que mi mejor amigo tiene razón.
No sé cómo se le puede dar tan bien aconsejar y ver el camino correcto en la vida de los demás y que le cueste tanto no meterse en líos en la suya propia.
—¿Qué tal Marty?
—¿Ese diablo gordo que tienes por gato? De puta madre, me odia y no evita hacérmelo saber.
—Odia a todo el mundo, ya lo sabes. No es nada personal.
—Ya, pero podría mostrar un poco de afecto por la persona que está teniendo que cuidarlo en tu ausencia.
—Vale. ¿Algo más?
—Nooo —su forma de decirlo me hace pensar por un segundo que sí que hay algo que no me está diciendo, pero lo dejo pasar—, solo era eso y tocarte un poco los huevos, me aburro sin ti por aquí.
¿Qué tal todo con Daniela? —Ahí está otra vez.
El muy capullo consigue hacerme reír al volver a su insistencia con la rubia, que veo que sale de su habitación mientras se despide de Valentina.
—Adiós, Dylan —cuelgo sin añadir nada más.
Ahora solo tengo ojos para la chica que acaba de salir en dirección al salón con cara de pocos amigos. De pronto entiendo que Dylan sí que tenía algo más para decirme, pero que le han dejado el marrón a la rubia que me acompaña.
Voy detrás de ella y veo que Daniela deja el teléfono lentamente sobre la mesita. Me mira con una expresión rara mientras se sienta en el sofá.
Algo va mal, y creo que no sabe cómo afrontar la situación y decírmelo.
Un malestar me recorre el cuerpo al ver cómo me está mirando nerviosa.
No me gusta que se sienta así, no conmigo.
Sé que a veces no he sido la persona más accesible del mundo, bueno, sé que muchas veces no lo he sido.
Pero no quiero que ella se sienta incómoda con lo que sea que tiene que decirme.
Me gustaría que estuviera tranquila cuando habla conmigo, vaya a decirme algo bueno o malo.
Y ahora lo único que me preocupa es cómo conseguir eso.
—Deja de mirarme así y suéltalo de una vez, Daniela.
—Lo siento, no sé cómo...
—Simplemente dilo, no me como a nadie, y menos a ti... Bueno, a ti sí, pero no en ese sentido, ya me entiendes. —Guiño un ojo y sonrío.
Estoy intentando que deje de estar preocupada por ser la portadora de las malas noticias.
—Valentina me ha pedido que cambiemos un poco el timing , quiere que hables de Archie mientras estamos aquí.
No me sorprende que haya propuesto ese cambio, sabe que aquí estoy tranquilo, que este es un lugar neutro, mi refugio personal. Lejos de los recuerdos y las pesadillas que suponen vivir en el mismo lugar donde pasó todo.
Una parte de mí lo estaba esperando. Valentina es una mujer muy inteligente, sabe lo que hace y sabe cuándo hacerlo. Si no hubiese pedido ese cambio, me habría sorprendido.
—¿Eso es todo? —le pregunto, porque, a juzgar por su expresión, siento que no es lo único que tiene que contarme.
—No —niega—. Es muy posible que tengamos que volver antes, ha pasado algo y tenemos que darnos un poco más de prisa en grabar.
—¿El qué? ¿Y cuándo tenemos que volver?
—No ha querido darme más detalles, me ha dicho que hablará contigo cuando volvamos mañana.
—¿Mañana?... Vale —Sueno más serio de lo que pretendo, pero no contaba con que solo tendríamos el día de hoy para estar solos—. Habrá que aprovecharlo al máximo.
Daniela fija su mirada en mí, sopesando lo que acabo de decir, intentando descifrar el significado de mis palabras. Aunque mi intención es precisamente que no sepa si me estoy refiriendo a nosotros o a lo que nos queda por grabar.
Pero la incertidumbre de qué será de lo nuestro cuando salgamos de la burbuja en la que estamos metidos en esta casa me golpea más fuerte de lo que esperaba y, sí, pienso aprovechar cada segundo que nos quede para seguir siendo nosotros.
Cuando regresemos a San Francisco ya veré cómo me las ingenio para que Daniela no vuelva a alejarse de mí.
Por lo menos hasta que se entere de toda la verdad y sea ella misma la que decida irse.