30. ¿Dónde narices me estoy metiendo?
¿Dónde narices me estoy metiendo?
Enzo
No sé qué cojones es lo que ha recibido Daniela en su móvil, pero he visto cómo su cara perdía todo el color y le han empezado a temblar las manos. El miedo se había apoderado de su cuerpo y, joder, no me ha gustado nada. Me he asustado al verla así.
Ni siquiera he tenido que pensar, mi cuerpo ha reaccionado solo y he acudido como si sostenerla en esa situación fuera lo más natural del mundo.
Llevamos un rato fuera y ella está mucho más tranquila.
El color ha vuelto a sus mejillas y ha dejado de mover la pierna en ese tic nervioso que tan bien conozco.
No he querido preguntarle nada aún. Prefiero que sea ella la que hable cuando se sienta preparada, si es que lo está en algún momento.
Pero no puedo negar que la rabia me está consumiendo, pensando que haya alguien que esté intentando hacerle daño de la manera que sea.
Lo único que sé es que es algo de su pasado, lo he visto en sus ojos, en su mirada, porque es exactamente la misma que pongo yo cuando me acuerdo de Archie, y si me quedaba alguna duda su confirmación ha hecho que se esfumase.
—Siento el numerito, Enzo —se excusa rompiendo por fin el silencio.
—No vuelvas a hacer eso —le pido, porque odio que tenga que disculparse por tener un momento de debilidad.
—¿El qué? —Se acerca a los labios la taza de café, que está frío de cojones.
—Disculparte. Sea lo que sea lo que te haya hecho sentirte así, no tienes que excusarte por ello. Y menos conmigo, Daniela.
—Gracias.
—¿Estás mejor? —me atrevo a preguntarle por fin.
—La verdad es que sí, hacía mucho que no recibía un mensaje de ese tipo. Y casi me había olvidado de ello.
—¿Quieres contármelo? Se me da bien escuchar, aunque suelo dar unos consejos de mierda, no te hagas muchas ilusiones. —Veo que duda unos segundos, sopesando qué hacer.
—Creo que sí, creo que me vendrá bien contar mi versión de la historia a alguien que está dispuesto a escucharla.
Daniela empieza a hablar y me cuenta todo lo que vivió hace un año, el arrebato que tuvo por defenderse de aquel imbécil y cómo, después de que el fragmento de vídeo se hiciera viral, se vino abajo su vida laboral y personal.
El modo en que todo el mundo le dio la espalda sin concederle siquiera la oportunidad de defenderse.
La dejaron de lado y tuvo que lidiar sola con las amenazas y los insultos que le llegaban a través de la pantalla por parte de gente que se cree muy valiente y con derecho a volcar sus frustraciones personales sin ningún tipo de escrúpulos sobre una persona desconocida.
Dieron igual todos los años que se había dedicado en cuerpo y alma a todos los proyectos en los que había trabajado.
Todo su entorno laboral la dio de lado sin escuchar su versión.
—Es por eso por lo que esto tiene que salir bien, ¿verdad? —Después de lo que me ha contado, entiendo mucho mejor los motivos de que, aunque existe una clara atracción entre ambos, le hayan surgido tantas dudas y de que haya aguantado tanto mis cambios de humor sin mandarme a tomar por el culo.
—Sí, me siento en deuda con Valentina por haberme ofrecido esta oportunidad de nuevo cuando yo lo daba todo por perdido. Un año entero en mi trabajo es mucho tiempo en el olvido. Existe mucha competencia y somos el último mono en una producción. Somos absolutamente prescindibles.
—Daniela, no creo que Valentina piense que le debes nada. Lo sabes, ¿verdad? —Esa mujer da todo por la gente a la que quiere, no tengo dudas cuando digo esto. Todo lo que hace es de corazón y porque sabe lo buena profesional que es Daniela.
—Sí, pero aun así. Estaba lista para volver a casa de mi padre y, en cuanto tuvo la oportunidad, ella contó conmigo sin pensárselo dos veces.
—Eso es porque confía en ti y sabe que eres buena en tu trabajo. Tiene un don especial para ver más allá.
—¿Eso lo dices por experiencia propia?
Ahora podría sincerarme, pero a diferencia de ella, yo aún no estoy preparado para contarle mis fantasmas del pasado, aunque sé muy bien quién y cómo es Valentina Ferrani.
—Sí, si no fuera así, no hubiera contado con ella. ¿Qué es lo que has recibido antes?
—Un clip del vídeo y un mensaje.
—¿Qué ponía?
—Que el pasado siempre vuelve.
—¿No tienes ni la menor idea de quién puede estar detrás? —Me bastaría tener un nombre para ir a por esa persona.
—No, es una cuenta que me hice justo antes de venir a trabajar aquí. Ni siquiera hay una foto mía, de perfil tengo la de unos gatitos. No sé cómo han llegado a ella. Pero no creo que sea nadie desconocido.
—Vamos a averiguarlo. Si es alguien que conocemos, que se dé por jodido y si no, también.
No tengo ni la menor idea de cómo voy a llegar al fondo de este asunto, pero voy a hacerlo. Y sea quien sea el que le haya enviado ese mensaje, que se prepare y empiece a rezar todo lo que sepa, porque se le van a quitar las ganas de seguir mandando mierdas escondido tras una pantalla.
—Gracias por escucharme y por los ánimos, sienta bien no estar sola en esto.
—Cuando quieras, aquí estoy, ya te he dicho que se me da bien escuchar. Y una cosa más, Daniela: si tienes hambre, come.
—¿Qué dices? —Me mira sorprendida por la gilipollez que acabo de soltar.
—Me faltaba darte el consejo de mierda —respondo levantando los hombros, y ella rompe a reír a carcajadas.
Y esa risa hace que el pecho se me llene.
Daría lo que fuera por poder oírla a todas horas, por ser yo el que consiguiera que se riese de esa forma haciendo que todo su malestar se fuera.
Que se sintiera protegida conmigo. Me sorprende descubrir todo lo que estoy pensando y sintiendo de pronto. ¿Dónde narices me estoy metiendo?