25. Road Trip
Road Trip
Daniela
Hemos salido de San Francisco y estamos ya en la autopista.
No hemos hablado prácticamente nada desde que ha empezado el trayecto, y el ambiente no puede estar más enrarecido, es asfixiante.
Sin embargo, estoy cabreada y quiero que se note, que lo sepa y que le quede claro que, aunque he aceptado hacerme cargo del trabajo, no voy contenta.
—¿Quieres poner algo de música? —pregunta Enzo, rompiendo así el silencio.
—No —digo tajante. La música podría mitigar la incomodidad que está claro que siente, y no me da la gana.
Él me ha elegido a mí para que lo acompañe, pues bien, ahora que se aguante y acarree con las consecuencias.
—Daniela, ¿piensas estar así todo el viaje? Faltan varias horas para llegar, y creo que deberíamos intentar que esto fluya de otra manera.
—¿Qué pasa? ¿No disfrutas de mi grata compañía? ¿Qué creías que iba a pasar, Enzo? Si pensabas que iba a estar encantada con esto, estabas muy equivocado —contesto con sarcasmo.
—Daniela, soy muchas cosas y la puedo cagar un millón de veces, pero esta vez la que se está equivocando eres tú. Y si me dejaras, te lo podría explicar.
—Pues no, no te dejo.
Ante mi respuesta, él agarra fuerte el volante y tensa la mandíbula.
—Pues vas a tener que oírlo, aunque no quieras —replica—. Porque lo que estás pensando no es lo que ha sucedido. No haría eso, Daniela. No obligaría a nadie a hacer nada que no quisiera, y tú ya me has dejado clara cuál es tu postura con respecto a nosotros.
—Oh, sí, por supuesto... Y, entonces, ¿por qué sugeriste mi nombre?
Qué casualidad, justo después de los mensa.
.. —Me interrumpo antes de decirlo, tomo un poco de aire y sigo—: Justo después de que te dijera que nos relacionáramos solo en el ámbito profesional.
Yo creo que no hay mucho que aclarar, ¿no te parece?
Está todo cristalino. Tuviste una pataleta porque te rechacé y has movido los hilos para que pasemos unos días solos.
No soportaste que no supiera quién eras, y no has soportado que te haya dicho que no.
Enzo suelta una carcajada cargada de frialdad ante mi retahíla de palabras, lo que me hace empezar a dudar de si lo que estoy diciendo es realmente cierto.
—¿Eso es lo que piensas de mí? ¿Crees que soy capaz de hacer algo así? ¿Para qué? ¿Para vengarme porque no supiste quién era la primera vez que nos vimos? —pregunta, y su tono denota un ligero dolor.
—¡Sí! —afirmo levantando la voz. El corazón me va a mil por hora, y creo que me he pasado un poco al decirle todas esas cosas, porque en realidad no, no creo que sea así, o por lo menos no del todo. Pero ya es tarde para no hacerme cargo de lo que acaba de salir por mi boca.
—¿De verdad piensas que debo hacer estas mierdas para echar un polvo? ¿O que tengo la mente tan retorcida como para manipular a todos y así poder llevar a cabo una absurda venganza en tu contra?
—Yo... —No soy capaz de añadir nada más, porque en estos momentos me siento ridícula por haber montado este lío.
—Si fueras otra persona, seguiría dejando que lo pensaras, pero, joder, no me sale de los cojones que tú creas algo que no es verdad.
Estoy harto de callarme. No, Daniela, no te propuse a ti después de decirte que me muero por tener una cita contigo, y ni mucho menos lo decidí cuando me dijiste que preferías no mezclar las cosas.
¿Me jodió? Sí, pero lo acepté. Nunca usaría mi posición para obligarte a hacer nada.
A Valentina le di tu nombre poco después de empezar la grabación, fue una sugerencia y no una imposición.
Ella me preguntó si ya tenía a alguien en mente cuando hubiera que grabar en mi casa y le di el tuyo.
—¿Por qué?
Enzo se queda callado y mi pregunta queda suspendida en el aire. Parece que la valentía que lo apremiaba hace unos minutos se ha esfumado como la arena de la playa entre los dedos. No responde, tiene la mirada fija en la carretera y está agarrando el volante con ambas manos.
Pone música y «Nothing Breaks Like a Heart» en la versión de Damiano David comienza a acompañarnos en esta conversación que ha terminado casi antes de empezar. En la que parece que aún quedan cosas por decir y silencios por llenar.
Da un golpe en el volante, quita la canción justo después del primer estribillo y resopla. Lo miro y oigo cómo el cuero del volante suena con el duro roce de sus manos. Se está debatiendo entre si decir algo o no.
—Enzo...
—Me calmas.
Ambos hablamos a la vez, empastando nuestras voces. Yo pronunciando su nombre y él soltando dos palabras que creo que no he oído bien.
—¿Cómo? —pregunto esperando que lo repita y no quede en el aire lo que acaba de decir.
—Me calmas, me das paz, yo qué sé..., llámalo como quieras.
Por eso le sugerí tu nombre a Valentina.
Porque, si tenía que elegir a alguien del equipo para dejarlo entrar en mi casa, serías tú.
No me volvió a preguntar ni hemos vuelto a hablar del tema hasta ayer, y pensé que, si me echaba atrás, si decía que no quería que fueras tú, podría meterte en un lío, y por eso no dije nada.
Pensaba que serías tú la que diría que no, pero en cambio aquí estamos —recalca esa última palabra para que quede claro que no solo ha sido cosa suya—.
No me culpes de algo de lo que no soy el único responsable, Daniela.
—Yo...
—Sé la imagen que doy al resto del mundo, llevo años construyéndola yo mismo.
No dejo que nadie se acerque más de la cuenta.
Odio ser el centro de atención, pero tengo el trabajo que tengo.
Responsabilidades que debo atender y el puto foco mediático apuntando en mi nuca, esperando a que me salga un poquito de mi estricta vida.
Tengo varios motivos por los que acepté hacer este documental.
Pero no me está resultando fácil. Y llegaste tú sin tener ni puta idea de quién era yo y, joder, me gustó sentirme normal.
Me gustó ser solo Gabriel. No me molestó cómo actuaste, Daniela, todo lo contrario.
Devolviste algo a mi interior que no sabía que era posible recuperar.
Pero supongo que recogemos lo que sembramos, y no hay nada que pueda hacer para que tu opinión sobre mí cambie.
No te preocupes, el primero que se odia a sí mismo soy yo.
Miro al hombre que acaba de decirme todas esas cosas y me siento avergonzada por haberlo juzgado sin tener todos los datos, por haber pensado siquiera que fuese capaz de hacer algo tan ruin.
Enzo vuelve a poner la música, sube bastante el volumen, aunque no resulta molesto, y yo me quedo en silencio pensando en todo lo que me acaba de decir, pero sin saber qué puedo añadir.
La he cagado.
La he cagado mucho pensando cosas que no son y no dejándolo explicarse ayer. Dando por sentado otras solo porque él es quien es, sin conocerlo, sin que me haya dado motivos.
Recuerdo cuando hace un año tampoco me dejaron dar mi versión y todos creyeron unas imágenes sacadas de contexto que nada tenían que ver conmigo. No sé cómo, pero debo arreglar esto. Tengo unos días para hacerlo. ¿Lo conseguiré?