Play off 22. ¿Y qué más?
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22. ¿Y qué más?

¿Y qué más?

Daniela

Sonrío al leer el mensaje que me acaba de enviar.

«Así que quieres jugar, ¿no? Pues juguemos», pienso.

Si me duermo ahora mismo, quizá mañana no recuerde a qué te refieres.

Yo creo que cuando te levantes aún vas a seguir pensando cómo sería.

¿Cómo sería qué?

Pasar la noche conmigo.

¡Ay, Dios! En el fondo sé que esto es un lío de narices, pero mi cabeza está algo nublada por el alcohol y me dejo llevar por la emoción del momento. Total, tampoco pasa nada por unos mensajitos tonteando, ¿no?

¿Así, directamente, sin una cita antes ni nada?

Una cita y todo lo que me pidas.

«Interesante». Me muerdo el labio y me giro en la cama mientras pienso qué contestarle a lo que me acaba de decir.

¿Y que más incluye ese «todo»?

Tengo una larga lista hecha, pero no sé si estás preparada para saberlo.

Vaya... ¿Y quién te dice a ti que yo no tengo una?

¿Tú también tienes una lista?

¿Y qué pasaría si te dijera que sí?

Que me encantaría repasarla punto por punto.

Te la tendrías que ganar, señor Silva.

¿Y qué tengo que hacer para ello, señorita Miller?

¿No eres capaz de imaginártelo?

Puedo imaginarme muchas cosas cuando se trata de ti, Daniela. Pero me encantaría que fueras más específica.

Estás jugando con fuego, Enzo, lo sabes, ¿verdad?

Mi cabeza funciona a mil por hora y no sé qué narices estoy haciendo, pero mi cuerpo va solo, imaginando las cosas que podríamos hacer. Junto las piernas para hacer presión e intentar calmar lo que se está despertando en mí.

Por ti merece la pena quemarse. Llevo muy bien las altas temperaturas. Y siempre está la opción de quitarse ropa.

¿Es otra propuesta indecente?

Mi cabeza no es capaz de filtrar lo que mis dedos están escribiendo. Porque la necesidad que siento de pronto está empezando a ser insoportable.

¿Te gustaría que así fuera? Porque me estoy conteniendo e intentando no liarla mucho.

¿Puedo hacerte una pregunta?

Claro.

¿Qué habría pasado si aquella noche no te hubiera llegado aquel mensaje? ¿Si hubieras sido de verdad Gabriel y yo Mia?

Es una pregunta que ha acudido a mí de forma recurrente y que, ahora que me siento más liberada, me he atrevido a hacer.

Todo.

«Todo» pueden ser muchas cosas, Enzo.

Mi mente ya está perdida imaginando una realidad que no existe, mientras que mi cuerpo pide a gritos algo de atención.

Exacto.

Joder, Enzo.

¿Qué, Daniela? ¿Sigues pensado que soy un cobarde?

En absoluto.

Me encantaría estar ahí contigo y no tener que decirte las cosas, simplemente hacerlas.

No lo pienso, no lo filtro... Solo escribo y le contesto.

A mí también me gustaría.

Joder, Daniela, no puedes decirme eso y esperar que no haga nada.

No sé cuánto tiempo me quedo con el móvil en la mano sin saber qué responderle, porque siento que lo que escriba puede ser el detonante que haga que todo cambie.

Contéstame.

¿Y qué es lo que quieres hacer?

Creo que lo sabes bien, pero lo normal será empezar teniendo una cita.

Me quedo mirando la pantalla del móvil. Ahora sí que no sé qué responderle, mierda.

En ese momento soy consciente de que la he cagado, de que he dejado que este tonteo vaya demasiado lejos.

Y al final todo se torna en mi contra y la que actúa como una cobarde soy yo, porque decido no volver a contestarle y dejarlo en visto.

Joder, Daniela. ¿Qué me estás haciendo?

¿Daniela?

Abro los párpados despacio mientras noto que la cabeza me da vueltas.

Tengo la boca superseca y un bostezo escapa de ella mientras me froto los ojos.

No tengo ni idea de qué hora es, pero debe de ser bastante tarde, a juzgar por la luz que se cuela a través de las cortinas del hotel.

Doy manotazos por la mesilla que hay al lado de la cama buscando mi teléfono, pero no lo encuentro.

Noto algo debajo de la cabeza y muevo la mano torpemente para ver de qué se trata.

Es mi móvil; debí de dormirme con él. Lo cojo para mirar la hora y. ..

Entonces lo recuerdo todo, los mensajes, el tonteo, la cita, y que mi yo perjudicado por el alcohol decidió tomar el camino más fácil dejando sin respuesta los últimos mensajes de Enzo.

Mierda. Si es que lo sabía, el tequila y yo no somos buenos compañeros. Encima no puedo fingir que no me acuerdo de nada, porque está la puñetera conversación como prueba. Bueno, dignidad ante todo. Solo espero que lo que ha sucedido no cambie nuestra relación laboral enrareciendo el ambiente.

Estábamos bajo los efectos del alcohol y nos dejamos llevar, ya está.

Me levanto para intentar ponerle solución al dolor que martillea en mi cabeza y a la sed que siento. Cojo un analgésico de mi neceser y una botella de agua del minibar y me la tomo dando un largo trago.

Vuelvo a la cama y me siento con el móvil en la mano otra vez. Debería responderle a los mensajes que dejé sin contestar.

¡Buenos días! Uff..., me quedé dormida. Igual nos pasamos un pelín con los chupitos anoche, ¿no?

Tarda poco en aparecer el doble check que me indica que Enzo ha recibido el mensaje y veo en la pantalla que está escribiendo. Unos nervios se instalan en mi estómago al esperar su respuesta.

Mi móvil empieza a vibrar y una foto aparece en la pantalla. Valentina me está llamando. No es posible que lo sepa, ¿no?

—Hola —respondo intentando mantenerme serena y que no se me note que estoy como un flan.

—Hola, Daniela, cariño. Perdona que te moleste, pero tenemos que hablar.

—Esto... Sí, claro, di-dime —titubeo.

—He intentado localizar primero a mi hijo, pero ha sido imposible. Tiene el móvil apagado.

Su llamada me ha pillado totalmente desprevenida y con la cabeza embotada.

—Supongo que seguirá dormido. Ayer... —me aclaro la voz y sigo hablando— ayer salimos a cenar y se nos hizo un poco tarde. Ya sabes que suele apagar el teléfono cuando se mete en la cama.

—Sí, sí, lo sé. Y no te preocupes, no tenéis que darme explicaciones sobre lo que hagáis en vuestro tiempo libre, bueno, ni en general. Sabéis que tenéis mi plena confianza. Si lo ves antes de que yo consiga hablar con él, dile que me llame, es urgente.

—Por supuesto.

—Yo estaré de vuelta la semana que viene, pero revisando lo que tenemos ya grabado con el guion, creo que es buen momento para hacer un cambio en la escaleta.

—Entiendo, se lo comento a Mateo en cuanto lo vea, si te parece bien, y ya lo habláis vosotros.

—Vale, pero quiero hablar de ello con los dos. Estaría bien poder hacer una videollamada para explicaros los cambios que tengo pensados.

—Vale, por mí no hay problema. Me parece perfecto, Valentina.

—Estás haciendo muy buen trabajo, cielo.

«Si ella supiera...».

—Gracias —contesto mientras me muerdo el labio recordando lo que pasó anoche y cómo se fueron calentando las cosas entre Enzo y yo.

—No hay de qué. Hablamos dentro de un rato, ¿vale? Mientras tanto voy a intentar localizar a mi hijo.

—De acuerdo, hasta luego.

—Chao, chao.

Y ambas colgamos. Me quedo con la intriga de saber los cambios que quiere que hagamos, pero eso de momento tendrá que esperar. Ahora tengo otro mensaje que leer de Enzo.

Hola, sí, quizá se nos fue un poco de las manos, pero espero que no se te haya olvidado. Creo que tenemos algo pendiente, ¿no? 😉

No, desde luego que no se me ha olvidado nada. El alcohol me dio alas, pero no me ha borrado la memoria.

Como no sé qué contestarle, lo dejo en visto otra vez. Como siga así, me voy a convertir en la reina del ghosting . Necesito estar más centrada para decidir qué le voy a responder, y ahora mismo está claro que no lo estoy.

Me dispongo a meterme en el baño cuando alguien aporrea mi puerta. Pero ¿qué pasa?... ¿Todo el mundo requiere mi atención esta mañana o qué? Debe de ser Mateo.

—¿Has hablado ya con tu madre? —le pregunto cuando abro la puerta.

—No, ¿por? —me pregunta extrañado.

—Me ha llamado a mí porque contigo no ha podido hablar. Quiere que tengamos una reunión por videollamada. Ha pensado hacer algún cambio en la escaleta y quiere que estemos los dos.

—Esta mujer no nos da tregua ni a kilómetros de distancia. —Miro a mi amigo y las pintas que tiene. Está bastante peor que yo, pero cuando nos despedimos ayer no estaba tan mal.

—¿Has dormido bien?

—No he dormido, reformula tu pregunta.

—Pero si nos despedimos en la puerta, Mateo —le digo sin entender adónde quiere llegar.

—Ya, pero puede que hubiera alguien esperándome.

—Joder.

—Sí, joder.

—¿Y qué querías? Justo iba a darme una ducha —alego señalando el baño con el dedo.

—Por mí no te cortes, voy pidiendo mientras tanto algo de comer. Me muero de hambre. ¿Tortitas y patatas?

—Vale, pide kétchup también, porfi.

Me vendrá genial llenar el estómago.

Salgo de la ducha renovada, la comida ya está en la habitación y, después de vestirme con ropa cómoda, me siento junto a mi amigo para empezar nuestro improvisado pícnic resacoso.

—En qué lío andas metido, ¿eh?

—¡Ay, Dani! Me he enamorado.

—Eso no es ninguna novedad. —La vida amorosa de Mateo es casi tan movida como la laboral, un no parar, vaya.

—Creo que esta vez es diferente, es un antiguo amor. De la universidad.

Esa parte de su vida no la conozco tan bien, pero sí que me contó que, en esos tiempos, tuvo una historia con un chico que estudiaba en la misma uni que él y, aunque lo suyo fue algo bastante intenso, al final ambos decidieron centrarse en sus respectivas carreras.

—¿Es el amigo al que fuiste a saludar el día que llegamos? —Mateo asiente—. ¿No está casado, ni quiere probar cosas nuevas ni nada por el estilo?

—No, oficialmente ha salido del armario y, no sé... Lo que pasa es que él vive aquí y yo, pues no. No quiero empezar nada serio con nadie y tener que compartirlo con la distancia.

—Entiendo. Me tenías preocupada, llegué a pensar que te habías liado con Dylan —le confieso entre risas.

—¿Con el querubín? Quita, quita. —Niega poniendo cara horrorizada—. Me parece que a ese la única polla que le interesa es la que le cuelga a él entre las piernas —suelta muerto de risa.

—Ya, a esa conclusión he llegado yo también —afirmo mientras cojo una patata del plato gigante que nos han traído y la mojo en kétchup—.

Deberías llamar a tu madre. Dile que, si quiere, hoy sobre las siete de la tarde podemos tener la reunión.

¿A ti te va bien? Así nos da tiempo a recuperarnos un poco.

No vuelvo a probar el puto tequila, te lo juro.

—El tequila igual no, pero a cierto moreno igual sí, ¿no? —Mucho estaba tardando en sacar el temita.

—Eres idiota.

—Y tú, una suertuda. La verdad es que Cara Acelga está como un tren y, ¡oye!, ayer me empezó a caer hasta bien.

—No quiero cagarla, y menos por algo que no va a llevarnos a nada, no puedo fastidiar esta oportunidad —le digo, y me callo todo lo demás.

—Deja de decir tonterías, eres lo bastante profesional como para no mezclar las cosas y complicarlas.

Podrías ser Hannah Montana y tener lo mejor de los dos mundos, por el día lo maquillas y por la noche te lo tiras.

—Mi amigo se ríe solo ante su chiste sin gracia mientras yo lo miro levantando una ceja—.

Sé que ese tío te gusta. Además, como no tiene redes sociales ni nada y vive en una especie de burbuja del siglo pasado, no sabe lo peligrosa que eres con una lata de refresco.

—No, él no, pero el resto del mundo sí.

Cada vez pienso menos en aquello. Antes era un tema que ocupaba prácticamente todos mis momentos, pero desde que estamos aquí casi no lo recuerdo, y necesito que siga siendo así.

—Vive un poco, Dani. Que llevas un año de retraso —me aconseja con una sonrisa sincera en los labios—. Te aviso cuando concrete la hora con mi madre. Te quiero.

—Yo también te quiero, putón.

Cuando Mateo sale de mi cuarto, me quedo pensando en sus palabras y decido contestarle a Enzo.

Sé que soy capaz de no mezclar lo personal con lo profesional, aunque las dos cosas se hayan enredado, pero no debemos ir más allá.

Aunque me muero de ganas, es algo que no puede pasar.

Prefiero que nuestra relación siga siendo meramente profesional.

No, créeme, no me he olvidado de NADA. Pero quizá lo mejor para los dos y también para el proyecto es que esto no vaya a más.

Entiendo. Por mí, todo OK.

Bueno, pues ya está. La tirita puesta. Aunque su escueta respuesta hace que me sienta un poco decepcionada, es lo mejor.

Ahora solo tengo que conseguir mantener una distancia prudencial con él y todo irá sobre ruedas.

No creo que vaya a ser muy difícil cuando solo nos vemos unas horas al día y estamos rodeados de gente, ¿no?