Play off 19. ¿Ya me hablas otra vez?
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19. ¿Ya me hablas otra vez?

¿Ya me hablas otra vez?

Daniela

Gracias a Dios que ya han empezado a grabar, porque un minuto más metida en ese vestuario y me habría pegado un tiro.

Han sido todos muy simpáticos, pero son como unos cachorros de border collie, llenos de energía inagotable.

Hemos compartido bromas y me he reído bastante, pero he terminado con la cabeza como un bombo.

Para ellos todo esto es una novedad, dado que el protagonista es Enzo.

Aunque a priori no parece que tenga una relación cercana con ninguno, muchos le tienen una gran admiración y cariño, a juzgar por cómo me han hablado de él.

Me pregunto si él lo sabe o, por el contrario, piensa que ha pasado sin pena ni gloria por la vida de estos chavales.

El único que apostaría que no puede ni verlo es Jack.

Si no llego a meterme en medio, no sé qué habría pasado entre ellos.

Me he puesto algo nerviosa, pero por suerte poco después han llegado Mateo y Dylan y la tensión se ha disipado.

Jack ha sido bastante baboso conmigo haciendo comentarios fuera de lugar.

Soy partidaria de que haya buen rollo en las sesiones, pero hay que saber dónde están los límites y él parece no conocerlos, y si no hubiese estado trabajando lo habría mandado a la mierda.

Al rato ha llegado su entrenador para poner un poco de orden en el gallinero y todo ha ido sobre ruedas.

Mateo está dirigiendo las tomas con una soltura propia de él mientras los cámaras van detrás grabando primeros planos.

Los chicos hacen pases y jugadas para que parezca que están en pleno partido, pero en realidad está todo guionizado y yo voy detrás de ellos con el espray de agua con glicerina para conseguir un efecto de sudor y que todo parezca lo más real posible.

Hemos grabado también las entrevistas individuales en el pasillo donde tienen todos los trofeos y las fotos de los jugadores.

La jornada está saliendo mejor de lo esperado y estamos cumpliendo con el timing y la escaleta del día. ¡Ver para creer!

—¡CORTAMOS!, hemos acabado. Muy bien, equipo —exclama mi amigo cuando ya lo tenemos todo.

Los chicos empiezan a aplaudir y a vitorearse los unos a los otros. Ellos han terminado ya, ahora nos quedaremos solos con Enzo para seguir grabando algunos planos de recursos con él.

Pero primero vamos a comer. Nos han preparado unas mesas en una sala que tienen destinada para ocasiones así, con varios platos que se ajustan a las necesidades de deportistas como ellos para que los chicos puedan seguir su dieta, aunque no haya empezado la temporada.

—Bueno, yo quería hacer un brindis por Enzo —anuncia de pronto Harry—. No es nada fácil llegar a ti, chaval, pero estoy muy orgulloso de que hayas aceptado hacer este proyecto para que todos puedan conocerte un poco más y ver la gran persona que eres.

El resto de los integrantes del equipo se ríen por sus palabras y brindan.

—Gracias, gracias a todos por prestaros a participar —contesta Enzo algo incómodo, levantándose de la silla en la que estaba sentado—. Ya sabéis que esto no se me da muy bien... Y ahora, por favor, no me hagáis pasar más vergüenza y comed de una vez.

Yo no puedo reprimir una risita. Es que ver a un tío como Enzo, tan grande, tan..., bueno, tan él, sonrojarse de esa manera me resulta muy tierno.

Seguimos disfrutando de la comida de forma distendida; yo estoy sentada entre Dylan y Justin, un chaval que acaba de llegar al equipo, cuando una voz al otro lado de la mesa interrumpe todas las conversaciones.

—Bueno, bueno, vamos a lo interesante...

Mateo, podrías hablarnos sobre alguna de las modelos con las que has trabajado, ¿no?

Ya sabes..., tallas, colores, galleta de té u Oreo.

.. —suelta Jack, y las risas y el buen rollo se van a la mierda.

¿Puede haber un comentario más pasado y de mal gusto que ese?

—¿Y qué quieres que te cuente? ¿Lo inalcanzables que son para ti? —le contesta mi amigo llevándose el vaso a la boca para darle un trago a su bebida.

—Lo de inalcanzables lo dices tú... Pásame el teléfono de alguna y después te cuento —intenta defenderse él, claramente ofendido.

—Menos lobos, Caperucita, que este mundillo es muy pequeño y la gente habla mucho en los backstages , sobre todo de tamaños. —Estallan unas risas generales y veo cómo la cara de Jack cambia al instante.

Se lo tiene merecido, la verdad, no me da ninguna pena.

—¿Es siempre así de imbécil? —le pregunto bajito a Dylan, que está a mi lado.

—Peor, es una de las personas más odiosas con las que puedas cruzarte. Y que te lo diga yo, que vengo de un barrio donde la mayor parte de mis excompañeros de instituto tienen cuentas pendientes con la justicia, es mucho decir. Hay que tener mucho cuidado con este.

Me quedo pensando en lo que me cuenta Dylan, y la verdad es que estoy de acuerdo con él.

Jack es el tipo de persona que piensa que por tener fama y dinero puede hacer comentarios ofensivos y quedar por encima de todo el mundo.

Aunque en este caso no parece que a nadie le haga gracia especialmente.

Es ese tipo de individuo que se esfuerza demasiado por ser popular, cueste lo que cueste, y no se da cuenta de que para brillar no hace falta apagar a otro, que eso debe darse de un modo natural y no impuesto.

Tras la salida de tono, el resto del almuerzo discurre más tranquilo y sosegado. Vamos dando por finalizada la comida y poco a poco los chicos se van marchando. Todos y cada uno de ellos se despiden de mí diciéndome que esperan volver a coincidir conmigo en otras campañas.

«Ojalá sea así», pienso.

Antes de retomar la jornada voy al baño porque hace rato que me estoy haciendo pis y no aguanto más.

Salgo, me lavo las manos y me mojo un poco la nuca para refrescarme.

Tengo la espalda supertensa por las malas posturas del día de hoy y por ir detrás de deportistas de élite que me sacan cabeza y media de altura.

Lo que queda ahora es fácil: retocar a Enzo y terminar de grabar lo que nos falta, pero no veo el momento de llegar al hotel y meterme en la cama.

—¡Eh, rubia! —oigo que dice una voz detrás de mí, y me doy la vuelta para mirar.

—Me llamo Daniela —replico muy seria al comprobar de quién se trata.

—Pero yo prefiero llamarte rubia —espeta Jack mientras se acerca a mí.

—En ese caso, mejor no me llames. —Mi trabajo con él está ya finalizado, así que no pienso aguantar ni uno solo de sus comentarios de mierda, y menos si me los hace de manera tan directa. No sé qué se cree, pero conmigo está muy equivocado.

—Oh, venga ya. ¿Eres de esas? —pregunta con una sonrisa socarrona acercándose más.

—¿De esas, cuáles? Sorpréndeme.

Que se vaya aproximando a mí según vamos hablando no me hace sentir nada cómoda, pero no pienso retroceder ni un solo paso. No le voy a dar el gusto de pensar que me está asustando ni que tiene algún tipo de poder sobre mí. Porque sé que justamente eso es lo que les gusta a los tipos como él.

—De las que se hacen las difíciles cuando en realidad lo están deseando —continúa dando otro paso más en mi dirección.

—Contigo, ni aunque me supliques, gilipollas. Y, como sigas acercándote, voy a acabar estampándote la rodilla en los huevos, cretino —amenazo encarándome con él y levantando un poco el tono de voz.

—Vale, vale... —dice alzando las manos, rindiéndose y retrocediendo.

—Eso me parecía —sentencio mientras paso por su lado.

Otro gilipollas más que piensa que por ser famoso puede hacer y decir lo que le dé la gana. Odio a la gente así, me superan.

Me tomo unos minutos para que mi respiración vuelva a la normalidad, porque sin ser consciente está algo acelerada por la situación y por el recuerdo de lo que viví hace un año.

Lo he amenazado, pero en este contexto no sé qué habría pasado si él no se hubiera ido y hubiera seguido con su ataque, no creo que hubiera sido capaz de defenderme físicamente.

Tengo miedo de que me vuelva a pasar otra vez lo que me pasó con Miguel y volver a estar en boca de la gente mientras me ridiculizan.

Cuando consigo regresar a la normalidad, salgo para reunirme con el resto del equipo que aún está allí.

Pero lo que no esperaba encontrarme es a Jack con las manos en la nariz, que le está chorreando sangre, y que Dylan está agarrando a Enzo, que se halla fuera de sí.

—¡El que debería tener miedo eres tú, estás acabado, pedazo de mierda! —oigo gritar a este último mientras intenta zafarse del agarre de su amigo.

Pero ¿qué es lo que ha pasado?

—¡JODER, me has roto la puta nariz! —le grita a su vez Jack.

—Y deberías darme las gracias por no partirte también las piernas. Voy a acabar con tu mierda de carrera, aunque sea lo último que haga. ¿Me estás escuchando?

—No, no me jodas, tío. Estaba de broma. Venga, por favor. Lo siento, ¿vale?

—Vaya, ¿quién es ahora el gatito asustado? Acabas de cavar tu propia tumba.

—Enzo, basta —le dice Harry—. Dylan, llévatelo de aquí.

—¿Qué es lo que ha pasado, Mateo? —le pregunto a mi amigo, intentando aclarar por qué en un corto espacio de tiempo todo se ha salido de madre.

—Cara Acelga, que se ha lanzado a la pelea con el infeliz ese. Se le ha ido la cabeza, no sé qué cojones le ha dicho, pero se ha puesto como un loco. Si Dylan no lo llega a frenar... —Mi amigo resopla y yo sigo sin entender nada—. Pero mejor pregúntale y que sea Enzo el que te lo cuente.

—¿Y por qué debería preguntarle yo a él? No, si muy normal estaba yendo el día...

Cojo la chaqueta que me he quitado mientras comíamos y salgo de allí diciéndole adiós con la mano a Mateo.

—Avísame cuando Rambo esté preparado para seguir grabando —me contesta él, y yo le levanto el pulgar en señal de «okey».

Voy directa a los vestuarios para ver si alguno me explica qué narices ha pasado. Enzo tiene carácter, pero no parece de los que a la primera de cambio se van partiendo la cara sin motivo alguno.

La puerta está abierta, y oigo voces que vienen de dentro.

—Pero ¿tú te has vuelto loco?