17. Cara Acelga, el resumen de las semanas
Cara Acelga, el resumen de las semanas
Daniela
Llevamos ya dos semanas de rodaje y todo ha ido de mal en peor.
A Valentina le han surgido unos contratiempos y va a tener que quedarse en Los Ángeles por tiempo indeterminado, pero eso no le impide estar presente.
Nos llama a diario, como no podría ser de otra manera, para asegurarse de que todo va bien, aunque no es así, pero ella no lo sabe.
Por mi parte, tuve que capear que Liam, uno de los chicos de sonido, tratara de indagar si habíamos coincidido en alguna otra producción, porque mi cara le sonaba mucho.
Mateo estuvo atento todo el rato a la situación y finalmente no tuvo que intervenir.
Liam se quedó conforme con la explicación que le di, diciéndole que quizá le sonara porque tengo una cara muy común, y no insistió.
La historia por suerte quedó como algo anecdótico, por lo menos de momento, y confío en que siga siendo así.
Continuamos en el plató, pero hoy por fin terminamos de grabar aquí.
Durante estos días —creo que por la ausencia de Valentina— hemos grabado algún teaser y han seguido con las entrevistas a Enzo, pero sin entrar en preguntas demasiado personales.
Su cambio de actitud es de lo más llamativo.
Prácticamente no habla con nadie que no sea Dylan, responde con monosílabos cuando le preguntas algo y, en cuanto Mateo da por finalizada la jornada, se despide escueto y se marcha sin decir nada.
Vamos, que ha vuelto a ser el imbécil del primer día, o casi diría que peor.
No sé a qué se debe ese cambio tan drástico.
Cuando me dejó en el hotel el día de la lluvia parecía una persona del todo diferente.
Pensé que, no sé..., parecía que realmente estábamos empezando a ser algo así como amigos.
Pero a la mañana siguiente, cuando entré en el camerino, me recibió un tío por completo desconocido con una mirada fría como el hielo.
Como vi que no estaba receptivo, no insistí en saber sus porqués.
No ha habido más bromas, ni tonteo, ni nada parecido.
Enzo cambia más de estado de ánimo que Barbie de profesión. ¡Que le den!
Mañana grabamos en el estadio y estoy un tanto nerviosa, porque por fin va a haber un poco más de movimiento, ya que voy a tener que maquillar a gran parte del equipo en el que juega Enzo.
—Debo deciros que me alegro de que hayamos terminado ya en el plató. Le estaba empezando a coger manía a este sitio —les confieso a Mateo y a Dylan cuando damos por finalizado el día y estamos recogiéndolo todo.
—Ya somos dos, Dani —dice Mateo.
—Tres —añade Dylan riéndose.
La relación con él ha ido en dirección opuesta a la de Enzo.
Es un tío genial, superdivertido, siempre tiene alguna broma y consigue que nuestro trabajo sea lo más ameno posible.
Estos días también lo han grabado a él, no como representante de Dylan, sino como amigo de la infancia, y han sido los momentos más entretenidos de las jornadas.
Al menos para nosotros, ya que el susodicho ha mantenido su cara de perro con malas pulgas incluso cuando su amigo contaba alguna tierna anécdota o travesura que hacían de pequeños.
—¿Cara Acelga se ha ido ya? —suelta Mateo refiriéndose a Enzo, que es como lo ha apodado mi amigo debido a su estado de ánimo estos últimos días. La verdad es que el mote le viene que ni pintado.
—Sí, en cuanto has dicho que habíamos acabado ha cogido sus cosas y se ha marchado, una vez más y para sorpresa de nadie, sin decir ni adiós. Cada día lo pone más fácil —aclaro yo.
—Dylan, no sé cómo llevas tantos años aguantándolo; eres un puto ser de luz —dice Mateo—.
Ayer me dieron ganas de estrangularlo con mis propias manos cuando empezó a quejarse por todo.
Estuvo especialmente gilipollas. Luego pensé que, si lo hacía, mi madre me cortaría los huevos a su regreso, así que me contuve.
Le tiene algún tipo de cariño especial que no logro llegar a entender. ¡Pero qué tío más raro!
Mateo está en lo cierto, porque ayer fue muy complicado trabajar con Enzo.
No paraba de resoplar y todo le parecía mal.
Mi amigo le ofreció parar de grabar y dejarlo para otro día, dado que no estaba muy colaborativo, pero eso también le pareció mal.
Así que respiramos y seguimos adelante con la grabación intentando hacer caso omiso a la actitud tocapelotas en extremo del protagonista.
—Podría defenderlo, pero no sé qué mosca le ha picado estos días.
Tenéis toda la razón. Intentaré volver a hablar con él, aunque no sé si conseguiré algo, porque ayer me mandó a tomar por culo.
Es cierto que tiene un carácter complicado, pero suele ser más llevadero —comenta Dylan, y tiene razón, yo misma fui testigo de cuando Enzo lo mandó a tomar viento al ver las intenciones de sermón que tenía su amigo.
No es tonto y sabe que está comportándose como un imbécil, pero aun así hay algo que le impide dejar de serlo, es como un alma torturada.
—Llevadero, dice... Ese tío debe de tener un palo metido por el culo como mínimo.
Los primeros días pensaba que debía de ser porque estaba nervioso, pero no.
Es gilipollas y ya. ¿Suele follar con frecuencia?
Porque igual es ese el puto problema —pregunta Mateo, partiéndose de risa con el último comentario.
—Hostias, tío, no te cortas ni con cuchillos, ¿eh? —bromea Dylan, y se carcajea acompañando las risas de mi amigo.
Yo pongo los ojos en blanco, los dejo con su conversación y me voy hacia el camerino para seguir recogiendo mis cosas.
No me interesa saber cuándo ha sido la última vez que Enzo ha estado entre las piernas de alguien.
Es un dato absolutamente innecesario para mí que me hace sentir incómoda, aunque no debería ser así.
Porque qué más me da a mí con quién se acuesta o con qué frecuencia.
Respecto a Mateo y a Dylan, creo que mi intuición falló de manera estrepitosa.
Pensaba que esos dos habían tenido algún tipo de lío por lo raro que se comportaron el otro día, pero nada más lejos de la realidad.
De que pasó algo en lo que estuvieron los dos implicados no tengo dudas, pero creo que no era el tipo de implicación que creí en un inicio.
Se llevan superbién, tienen una relación de camaradería como si se conocieran de toda la vida y se entienden genial, principalmente cuando se trata de meterse con Enzo.
Y volviendo al Cara Acelga, durante estas semanas se ha dirigido a mí como Daniela, ni un solo «Mia», y aunque sea una chorrada, ese rollito que teníamos estaba empezando a gustarme.
Era como algo nuestro y, por más que me cueste reconocerlo, lo he echado en falta.
Con él parecía fácil volver a reír, volver a ser la antigua yo, o por lo menos empezar a ser la versión más parecida a lo que fui.
Cuando lo tengo todo recogido, voy a encontrarme de nuevo con los chicos.
—Yo estoy ya. ¿Por aquí qué falta? —les pregunto para saber si puedo ayudar en algo más.
—Pues, en realidad, tú; los de sonido acaban de irse en las furgonetas con el material y las cámaras. Los focos los hemos recogido nosotros, así que está todo listo. Dylan se queda a hacer una última revisión, pero nosotros podemos irnos ya hacia el hotel si quieres.
—No me importa aguardar y así nos marchamos los tres juntos.
—No os preocupéis por mí, podéis iros ya. Además, estoy esperando a alguien —dice Dylan poniendo morritos sugerentes.
—Vaaale, entendido. Así que molestamos...
—Rubia, tú precisamente no me molestas nunca. Cuando quieras, ya sabes. Creo que nuestros hijos saldrían preciosos y muy rubios. Yo lo pensaba bien —suelta, y el muy descarado me guiña un ojo.
—Bueno, ya estamos... —añade Mateo, porque Dylan es un vacilón. Ya nos hemos acostumbrado a sus coqueteos constantes. No es algo que haga solo conmigo, lo hace con todo el mundo, por lo que no lo tomo en serio.
—Nos vemos mañana —se despide Dylan mientras nosotros vamos hacia la salida.
—Disfruta de tu plan, Romeo —contesta Mateo mientras le hace un gesto un poco obsceno, llevándose dos dedos a la boca en forma de «V» y metiendo la lengua entre ellos.
—Ya sabes que sí. Hasta mañana, chicos.
De vuelta en el hotel, empiezo a preparar todo lo que voy a necesitar para la jornada de trabajo del día siguiente. Hemos quedado muy temprano con el coche de producción y no quiero andar con prisas.
Hasta ahora el trabajo ha sido bastante relajado, pero todo indica que mañana va a ser una locura. He estado viendo algunos de los making of que los chicos del equipo tienen publicados de algunas campañas de publicidad en las que han participado y han sido de todo menos tranquilas.
En esas superproducciones de marcas grandes cuentan con más personal, pero en esta estoy yo sola ante el peligro y, como no sabemos de qué humor estará Enzo, presiento que va a ser toda una aventura.
¿Alguien dijo miedo?