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6. Cuando piensas que no hay más opciones.

Cuando piensas que no hay más opciones...

Daniela

El último año de mi vida ha sido un auténtico calvario.

Desde que aquel vídeo se hizo viral —y, con él, la cancelación de todos mis trabajos, el rechazo de Andrew y las demás desdichas que vinieron después—, he tenido una crisis existencial muy heavy .

Cada vez que lo recuerdo, un escalofrío de vergüenza me recorre entera.

Pasé de ser alguien con quien todo el mundo quería trabajar a ser un cero a la izquierda.

Valentina trató en vano de echarme una mano, pero, por mucho que ella levantara teléfonos y tirara de su agenda de contactos, en cuanto oían el nombre de Daniela Miller, la respuesta era un NO rotundo.

Además, vendió la mayor parte de las acciones de su productora y ya no podía ofrecerme trabajo ella misma, pero, para ser sinceros, todos los proyectos en los que habría trabajado terminarían envueltos en polémica.

Y, aunque se diga que «no existe mala prensa, lo importante es que hablen de ti», a efectos prácticos nadie quiere eso.

Logré subsistir gracias a mis ahorros y a que gran parte de los encargos que había facturado antes de que todo se fuera a la mierda no los había cobrado todavía.

En mi profesión es muy común que los pagos se efectúen a noventa días, así que he ido tirando con eso, pero estoy a punto de quedarme a cero y verme con una mano delante y otra detrás.

He estado un año esperando en vano que mi suerte cambiara, esperando despertar de la pesadilla en la que se ha convertido mi vida.

Llevo unas semanas sopesando mis opciones y, viendo que mi teléfono no ha vuelto a sonar desde entonces y que nadie se ha puesto en contacto conmigo para ofrecerme algún proyecto, lo más probable es que acabe volviendo a Jerome con mi padre.

Sé que él me recibirá con los brazos abiertos, pero regresar con el rabo entre las piernas a casa de papá no es que me haga especial ilusión.

Ahora las cosas están un poco más calmadas con respecto al famoso vídeo, pero soy un meme que perdura con el tiempo.

Primero está el de la señora rubia señalando a un gato, después está la niña, rubia también, con cara de circunstancias cuando le dan la noticia de que van a ir de viaje a Disney, y luego estoy yo, que también soy rubia, con cara de loca y levantando la lata de refresco para lanzarla como arma arrojadiza.

Tres bellezas doradas en la cúspide del éxito, nótese la ironía.

.. No es verdad, estoy exagerando un poco, pero de vez en cuando suele aparecer de nuevo mi cara por internet.

Al principio fue muy duro. No me quedó más remedio que borrar todos mis perfiles públicos en redes sociales, sobre todo después de recibir una cantidad impensable de mensajes llenos de odio, amenazas de agresiones físicas e incluso deseándome la muerte.

La gente se esconde detrás de un perfil falso y suelta auténticas barbaridades sin sopesar las consecuencias que puedan acarrear.

Me sentí desprotegida, no me fiaba de nadie, era imposible saber si alguno de los que se escondían detrás de aquellas palabras podría vivir cerca de mí, alguien que se hubiera cruzado conmigo en algún momento de mi vida o que hubiera compartido el mismo espacio.

Se filtró la zona en la que vivía en un blog y empezó a darme pánico salir a la calle.

Cuando iba a comprar comida, lo hacía con una sensación de inseguridad bastante grande, notaba que la gente me miraba, que sabían quién era.

Me emparanoié, así que opté por un cambio en mi peinado para que no fuera tan fácil reconocerme de primeras.

No fue tan radical como cuando un 16 de febrero de 2007 la princesa del pop — aka «It’s Britney Bitch»— se rapó el pelo, pero yo no molaba tanto para semejante hazaña.

Me corté mi larga melena dorada a la altura de la barbilla y me hice un flequillo muy mono, así por lo menos sentía que pasaba más desapercibida.

Empecé a vestir con ropa oscura y sudaderas amplias.

Hacerme invisible se convirtió en mi nueva obsesión.

Ahora estoy en proceso de volver a dejarlo un poco más largo, pero el flequillo se va a quedar conmigo, por lo menos hasta que decida si me marcho de aquí o no y me sienta preparada para dejar de esconderme detrás de mi pelo.

Después de un año, estoy intentando volver a ser yo, aprender alguna lección vital y salir de esta siendo mejor persona, porque, al final, todo pasa por algo, ¿no?

Sin embargo, lo cierto es que me está costando, porque era buena en mi trabajo, me gustaba lo que hacía y perderlo todo de la noche a la mañana, y de esa manera, me sigue pareciendo injusto.

Llevo un rato visualizándome de vuelta en el pueblo, pensando qué narices voy a hacer cuando regrese, cuando el zumbido de mi móvil interrumpe mis pensamientos. Veo el nombre de Mateo en la pantalla.

—¿Qué tripa se te ha roto ahora, guapo? —lo saludo sin mucho ánimo.

—Tan alegre como siempre, Dani. ¿Estás en casa?

—¿Bromeas? Pues claro, ¿dónde quieres que esté, si no?

—Perfecto, en diez minutos estoy allí. Mete una botella de vino en la nevera, tenemos algo que celebrar —dice, y me cuelga.

Me quedo mirando la pantalla del teléfono y levanto los hombros sin tener ni idea de qué querrá celebrar mi amigo. Alguna conquista nueva, quizá. Conociéndolo, esa es una opción más que posible.

Abro la puerta cuando suena el timbre sin preguntar quién es. Mateo entra derrochando alegría, con una caja de cupcakes de mi pastelería favorita en la mano.

—¿Has metido el vino en la nevera? —me pregunta levantando las cejas con ritmo.

—Sí, pero ya te aviso que no estoy de humor.

—Bueno, pero eso no es ninguna novedad, Dani... Saca dos copas, anda. Que enseguida ese humor tuyo va a cambiar, y tu cara de seta mustia del último año también.

—Lo dudo, pero vale —respondo mientras me dirijo hacia la cocina a buscar las copas y el vino—.

He estado mirando billetes para volver al pueblo, no creo que tenga mucho sentido alargar esto más.

Ya le he dicho a mi padre que es posible que dentro de un par de semanas empiece a llevar cosas a su casa.

Mateo se ha sentado en el sofá y me mira con una sonrisa de oreja a oreja. No entiendo a qué viene este derroche de alegría. Casi diría que está feliz porque me marche de la ciudad.

—Siéntate, creo que tu padre va a tener que esperar un poco más para que vuelvas.

—No me queda casi dinero ya, es absurdo seguir aquí. Para acabar trabajando de camarera, casi prefiero hacerlo allí y por lo menos me ahorraré el alquiler. Cambiaré de aires.

—Cállate y escucha. Me han ofrecido un proyecto supersecreto, bueno.

.., técnicamente se lo han ofrecido a mi madre.

Se trata de un documental de una estrella de la NFL, que ha aceptado hacerlo con una única condición: que ella esté al frente.

El tío ha dicho que solo confía en ella.

No sé muy bien la historia porque ya sabes que, cuando mi señora madre empieza a contar sus batallitas, yo desconecto, pero al parecer se conocen desde que él empezó su carrera o algo así.

Total, que me lío..., el tío ha dejado claro que, si no se encargaba ella en exclusiva del documental, no lo hacía.

Para mi madre ha sido toda una sorpresa.

Aunque vendió la mayor parte de las acciones de FerVal y soltó el rollo de que quería dejar el show business , en realidad le va la marcha, así que no ha dudado en volver a ponerse en activo y ha aceptado el proyecto.

—¿Sí? Joder, me alegro mucho —le digo intentando sonar lo más alegre posible.

Y realmente me siento muy feliz por él. Pero tampoco es una novedad que Mateo siga al pie del cañón: en su campo, es uno de los mejores.

Hay modelos que solo quieren trabajar con él para sus campañas, y eso es mérito suyo.

Es muy bueno en lo que hace y se ha ganado cada reconocimiento.

Yo he sido testigo de ello. Ser hijo de Valentina Ferrani tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes.

—Quita esa cara de mustia, tía, que ahora viene lo bueno... Mi madre quiere que estés tú también, Dani.

«Espera, ¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?». Lo miro con los ojos muy abiertos, dudando de si lo que acabo de oír no es una especie de alucinación.

—¿Qué... qué quieres decir? —Deseo asegurarme de que lo que ha dicho es real y no imaginaciones mías.

—Pues que tiene vía libre para contar con quien ella considere para crear el equipo.

Va a ser bastante reducido, y ya te he dicho que es un proyecto secreto, al parecer llevan mucho tiempo detrás de ese tío para hacer este documental sobre su vida.

Nunca da entrevistas, no tiene redes sociales, es una especie de superestrella ermitaña o algo así.

Es un proyecto importante, y ella quiere contar contigo.

—Pero ¿está segura? No quiero causaros problemas ni que os veáis envueltos en alguna polémica.

—No ha tenido dudas. Ya sabes que ha intentado por todos los medios que volvieras al trabajo, pero no ha dependido de ella.

Si tú no estás o ponen algún problema si contamos contigo, mi madre rechazará el encargo.

Además, vamos a ser muy pocos. Equipo reducido, Dani, aunque eso también significa que las grabaciones van a durar un poco más de lo normal. Este proyecto parece hecho para ti.

Sé a la perfección cómo es Valentina Ferrani, como también sé todas y cada una de las veces que me ha ofrecido dinero para echarme una mano, algo a lo que siempre me he negado. Y en cuanto ha surgido la oportunidad ha pensado en mí para volver a trabajar con ella.

—Yo..., no sé... ¿Y si alguien del equipo me reconoce? ¿Y si empieza otra vez a rular el vídeo y...? —Me paralizo solo de pensarlo.

—No hay mucho tiempo para pensarlo, Dani.

Seguro que nadie se acuerda del vídeo ese.

.. Y, si alguien se atreve a decir algo al respecto, a mi madre no le va a temblar el pulso para largarlo.

Va a haber cláusulas de confidencialidad y todo.

Lo que pase durante las grabaciones y quiénes formemos parte del equipo va a ser top secret hasta que se estrene el documental.

Venga, di que sí, volver a trabajar juntos.

.. Como cuando empezamos... Tú y yo, mano a mano. ¿Qué dices? ¿Estás dentro?

Esta es la única oportunidad que se me ha presentado. No tengo nada que perder, porque ya lo he perdido casi todo.

—¿Cuándo empezamos? —pregunto con una sonrisa tímida.

—Esa es la Dani a la que tanto quiero... Venga, brindemos —me dice descorchando la botella.

—No has contestado a mi pregunta, Mateo.

—Dentro de tres días —responde con rapidez—. Por cierto, la maleta sí que la vas a tener que hacer, porque vamos a ir a San Francisco.

La madre que lo parió...

—¿CÓMOOOOOOOO?

Las grabaciones comienzan dentro de tres días y salimos hacia San Francisco en dos.

Al parecer, tenían miedo de que el jugador de la NFL se echase para atrás y querían empezar cuanto antes.

Me parece demasiado precipitado, pero en mi interior se vuelve a instalar esa sensación de anticipación que me hace sentir viva. Y que tanto he añorado.

En cuanto Mateo se va, aviso a mi casero de mi nueva situación y empiezo a prepararlo todo.

Desempolvar mi material después de tanto tiempo se me hace extraño.

Cojo la manta de pinceles rememorando aquella última vez que la guardé, y recuerdo a aquella Daniela que se estaba comiendo el mundo a bocados y que no tenía ni idea de que sería el mundo el que terminaría devorándola a ella.