17. Capítulo Diecisiete
Capítulo Diecisiete
C ontestó de inmediato. —¡Daniel! ¿Estás bien?
—Estoy bien. Arrestamos a Patricia. Tenemos su confesión grabada. Tyler está colaborando plenamente. —Su voz sonaba cansada, pero satisfecha—. Se acabó, Grace. La tenemos.
Grace sintió que una oleada de alivio la recorría con tanta fuerza que las rodillas le flaquearon. —¿Estás seguro? ¿Fue ella, sin lugar a dudas?
—Completamente. Lo admitió todo. Que mató a Marc, empujó a María y saboteó el invernadero por medio de Tyler. Lo hizo todo para vengarse de Marc por haber testificado contra Victor Drummond.
—¿Ya está bajo custodia?
—Sí. Va camino a la estación para que completen los trámites de detención. Ya pidió hablar con su abogado, pero no le servirá de nada. Tenemos su confesión, el testimonio de Tyler y las pruebas físicas. El caso es sólido.
Grace cerró los ojos y sintió cómo por fin se liberaba la tensión de tres semanas. —Gracias a Dios. Me alegra tanto que George por fin pueda empezar a cerrar esta etapa y que nosotros podamos bajar la guardia.
—Lo llamaré enseguida. Quería contártelo primero.
—Daniel hizo una pausa—. Grace, hay algo más.
Tyler va a dar su declaración completa dentro de poco.
Está hablando de la planificación de Patricia, de cómo lo manipuló, de todo.
Dijo que vio a Marc enfrentar a Patricia en el invernadero de North Saanich más temprano esa misma tarde.
Discutieron. Marc hacía gestos, intentaba impedir que se fuera y, en un momento dado, la agarró de la manga.
Tyler dijo que ella parecía estar fuera de sí de furia.
El tono de Daniel cambió y se suavizó. —Si estás dispuesta a venir a la estación, Tyler está diciendo algunas cosas sobre ti y sobre los últimos días de Marc que me gustaría repasar contigo. ¿Puedes venir?
—Por supuesto. Voy ahora mismo.
—Mandaré un carro por ti. ¿Veinte minutos?
—Te esperaré afuera. —Al colgar, Grace vio que Tessa la observaba con una sonrisa cómplice.
—Quería decírtelo antes que a nadie —señaló Tessa—. Antes de avisarle al esposo de la víctima. Tal vez incluso antes de llamar a sus superiores.
—Probablemente solo...
—Grace. Basta. Te llamó primero porque le importas. —Tessa se levantó y empezó a preparar la lasaña para que se la llevara—. Vas a ir a la estación. Te llevarás esto contigo. Asegúrate de que Daniel coma algo. Probablemente lleva todo el día funcionando a base de café y adrenalina.
Grace tomó la fuente, que aún estaba caliente. —Gracias. Por todo. Por venir, por escucharme...
—Para eso están las amigas. —Tessa la abrazó con fuerza—. Y, Grace, piensa en lo que te dije. En Daniel. En permitirte ser feliz.
—Lo haré.
—Bien. Ahora ve a prepararte. El carro llegará pronto.
El trayecto hasta la sede de la RCMP en Victoria duró quince minutos por calles relucientes por la lluvia. Grace sujetaba la fuente sobre el regazo, sin dejar de repasar todo lo que Tessa había dicho.
Estás enamorada de él.
Ya no podía negarlo. En algún momento entre encontrar el cuerpo de Marc y vivir en el apartamento de Daniel, entre la intensidad con que él la protegía y su bondad discreta, se había enamorado de él.
Pero Chris... Grace miró por la ventana la ciudad gris que desfilaba ante ella. Habían transcurrido tres años desde la desaparición de Chris. Años de espera, de esperanza, de vivir en suspenso.
¿Y si no regresa? ¿Vas a esperar para siempre?
La sede estaba muy concurrida durante el cambio de turno de la tarde. El agente que había llevado a Grace la condujo hasta la oficina de Daniel, un espacio pequeño con un escritorio, archivadores y una pizarra blanca cubierta de notas del caso.
Daniel estaba de pie frente a la pizarra, con un marcador en la mano, pero se giró cuando Grace entró. Su rostro se iluminó de tal manera que ella le devolvió la sonrisa con la misma alegría.
—Grace. Gracias por venir. —Sonrió mientras dejaba el marcador. Entonces ella vio el cansancio en sus ojos y la tensión de sus hombros—. ¿Cómo estás?
—Mucho mejor ahora que sé que estás a salvo. —Levantó la fuente para que la viera—. Tessa mandó lasaña. ¿Has comido?
—Desde el desayuno, no. —Miró la fuente como si fuera un milagro—. ¿Es casera?
—Tessa nunca compra comida ya hecha. —Grace dejó la fuente sobre el escritorio—. Deberías comer. Después puedes contarme qué pasó con Tyler y Patricia.
Daniel sacó dos platos de papel y unos tenedores de un paquete que había en un estante, y les sirvió porciones generosas a ambos. Comieron sentados ante el escritorio, demasiado hambrientos y cansados para preocuparse por las formalidades.
—Está increíble —dijo Daniel después del primer bocado—. Dale las gracias a Tessa de mi parte.
—Puedes dárselas tú mismo la próxima vez que la veas. —Grace lo observó comer y notó cómo sus hombros se relajaban poco a poco—. Te ves agotado.
—Ha sido un día largo. Pero bueno. Conseguimos justicia para Marc. —Dejó el plato—. Tyler ya ha hablado mucho. Nos lo está contando todo: fechas, conversaciones, los métodos que Patricia utilizó para manipularlo. Está destrozado, Grace. La culpa lo está devorando por dentro.
—¿Cuál era su secreto? ¿El que Patricia utilizaba en su contra?
—Un atropello con fuga cuando tenía veintiún años.
Estaba borracho, atropelló a una joven en una carretera oscura, entró en pánico y huyó.
Ella murió en el lugar. —La voz de Daniel se volvió grave—.
Ha cargado con esa culpa durante mucho tiempo.
Nunca se lo contó a nadie. Patricia se enteró de algún modo, probablemente por medio de los contactos de su cuñado Victor en el mercado gris, y lo utilizó para obligar a Tyler a sabotear la operación de Marc.
—Así que Tyler contaminó su propio equipo, encargó las plagas y ayudó a destruir el negocio de un hombre a quien de verdad apreciaba, todo porque no podía enfrentarse a su pasado. Qué difícil debió de ser hacer algo así.
—Sí. Y cuando Marc empezó a acercarse demasiado a la verdad, Patricia quiso quitárselo de en medio.
Tyler no sabía que ella iba a asesinar a Marc.
Creía que solo se trataba de sabotaje, de venganza.
Cuando Marc murió... —Daniel negó con la cabeza—.
Tyler dice que quiso presentarse ante la policía de inmediato y confesarlo todo.
Pero entonces Patricia empezó a amenazarlo todavía más.
Le dijo que se aseguraría de que lo acusaran de cómplice del asesinato y que recibiría veinte años en lugar de diez por el atropello con fuga.
Grace sintió un poco de lástima por Tyler. —Supongo que utilizó la culpa y el miedo para controlarlo por completo.
—Hasta hoy. Por fin se quebró. —Daniel la miró a los ojos—.
Quiere testificar, Grace. Quiere contarle al tribunal todo lo que hizo Patricia.
Sabe que enfrentará cargos por el atropello con fuga y el sabotaje, pero dice que vale la pena con tal de que Patricia pague.
Tanto por matar a Marc como por haber mantenido a Tyler como rehén durante todos estos meses.
—¿Le ofrecerán un acuerdo?
—La fiscal le ofrece una condena de cinco a siete años por el atropello con fuga y el sabotaje, a cambio de que dé un testimonio completo contra Patricia.
Con buena conducta, podría salir en cuatro.
—Daniel adoptó una expresión preocupada—.
No es suficiente para lo que hizo. Pero, sin su testimonio, los abogados de Patricia podrían encontrar la manera de generar una duda razonable. La colaboración de Tyler es crucial.
—Entonces recibe una condena más leve a cambio de ayudar a hacer justicia. Aun así, tomó sus propias decisiones, pero al menos tendrá la oportunidad de reconstruir su vida mientras todavía es joven.
—Sí. Y pagará por lo que hizo. Pero al final hizo lo correcto. Así funciona el sistema. —Daniel miró la lasaña que había dejado a medio comer y después volvió a mirar a Grace—. Tyler dijo otras cosas que quizá te interesen.
—¿Qué?
—Dijo que Marc hablaba de ti. Al parecer, Marc quería encargarte una pieza: un diseño para George por su aniversario. —Daniel guardó silencio un momento—. Marc se refería a ti como «la mujer que de verdad ve el mundo tal como es». Admiraba tu inteligencia y tu creatividad.
Grace parpadeó con fuerza. —Ojalá lo hubiera sabido. Me habría esforzado por conocerlo mejor.
—Bueno, a ti sí te conocía lo bastante bien para reconocer un alma afín. —Daniel se acercó—. En otra ocasión, Marc también le habló en confianza a Tyler de su relación con George. Lo amaba y dijo que algunas personas esperan toda la vida para encontrar una conexión como la que ellos tenían.
—Es muy cierto, aunque no estoy segura de que un amor así pueda darse dos veces en la vida. —Grace sintió un escozor en los ojos—. Pero ¿por qué me cuentas estas cosas, Daniel?
—Bueno, hay otra razón por la que te pedí que vinieras a verme, Grace. He querido hablar contigo sobre nosotros. Sobre elegir el amor incluso cuando es complicado. —Daniel estaba ya muy cerca, sus ojos buscaban los de ella—. Creo que Marc te diría lo mismo.
Permanecieron allí, en su pequeña oficina, mientras los sonidos de la estación de policía llegaban amortiguados desde el otro lado de la puerta cerrada y la tensión de las últimas tres semanas por fin empezaba a disiparse.
—Daniel... —empezó Grace, sin saber qué iba a decir.
Su teléfono sonó y destrozó el momento. Lo sacó, hizo una mueca de frustración y miró la pantalla. —Lo siento. Es la fiscal. Tengo que...
—Contesta. Por supuesto. —A esas alturas, ya estaba acostumbrada a las interrupciones por el trabajo.
Contestó, girándose ligeramente. —Mercer... Sí... ¿Qué está pidiendo?... No, de ninguna manera. Tenemos su confesión grabada. Entiendo, pero... Bien. Sí, está más que calificada... De acuerdo, le preguntaré a Grace. Sí, si acepta, nos vemos en cinco minutos.
Colgó con la mandíbula tensa. —El abogado de Patricia está intentando negociar.
Alega coacción, enajenación mental transitoria y capacidad mental disminuida.
Está recurriendo a todo lo que se le ocurre, a ver qué funciona.
Eso me dice que saben que la confesión es sólida.
Pero la fiscal quiere que esté presente en la reunión y, como antes le mencioné tu formación en psicología, te pregunta si estarías dispuesta a realizar una evaluación psicológica informal de los argumentos sobre el estado mental de Patricia.
Podrías ayudar a refutar la defensa por capacidad mental disminuida.
¿Te quedan fuerzas para acompañarme? Agradecería mucho tu criterio profesional.
—Sí, por supuesto, voy contigo. Si puedo ayudar, esto es importante.