Pistas Bordadas (Misterios de Threadneedle Street 1) 7. Capítulo Siete #3
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7. Capítulo Siete #3

—Tal vez. Déjeme revisar.

Regresó cinco minutos después con un formulario arrugado. En la línea del donante decía: «Anónimo; dejado en el buzón de devoluciones».

Pero había una nota con la letra precisa de Maria: «Comprobar procedencia; contiene notas manuscritas en los márgenes».

Alguien había donado un libro sobre control de plagas que contenía notas manuscritas. Maria lo había apartado para revisarlo. Y ahora habían desaparecido tanto el libro como el recuerdo de Maria sobre la razón por la que había ido al almacén.

El ataque no había sido al azar.

Alguien había ido específicamente a recuperar aquel libro antes de que Maria pudiera examinarlo con demasiada atención.

Lo cual significaba que las notas de los márgenes contenían algo incriminatorio. Algo que alguien consideraba lo bastante importante como para atacar a una mujer con tal de recuperarlo.

Daniel fotografió todo, llamó a un equipo forense completo y pasó las dos horas siguientes procesando la escena. Cuando se marchó, era casi medianoche y su teléfono mostraba tres llamadas perdidas de Grace.

La llamó de inmediato.

—Daniel. —Sonaba agotada—. Empezaba a preocuparme.

—Lo siento. La escena del crimen tomó más tiempo de lo esperado. ¿Cómo está Maria?

—Durmiendo. Le dieron algo para el dolor. Las enfermeras han estado revisándola cada hora. —Grace bajó la voz—. ¿Fue un accidente?

Daniel vaciló. —No. No, no creo que lo fuera.

Oyó que ella inhalo con fuerza. —¿Alguien la empujó?

—Alguien estaba en la biblioteca cuando resultó herida. Una figura encapuchada, con el rostro oculto, que se movía con determinación. Y, Grace, faltan tres libros del área de trabajo de Maria. Entre ellos, uno sobre control orgánico de plagas que tenía notas manuscritas en los márgenes.

Silencio. Después: —¿Alguien atacó a mi hermana solo para robar un libro?

—Un libro que podría haber contenido pruebas. Notas sobre el cultivo de cannabis, métodos de control de plagas y posiblemente incluso documentación del sabotaje. —Daniel mantuvo un tono amable—. Maria lo había apartado para revisarlo. Quien lo donó se dio cuenta de su error y regresó por él.

—Empujando a Maria contra una estantería y provocándole una conmoción cerebral. Hay personas que son monstruos.

—A veces, sí.

La voz de Grace se endureció. —Encuéntralo, Daniel. A quien haya hecho esto. Encuéntralo y asegúrate de que no vuelva a hacérselo a nadie.

—Haremos todo lo posible por investigarlo, Grace. Trata de dormir un poco. Iré a verte por la mañana.

Se desearon buenas noches y colgaron. Pero veinte minutos después, Daniel llego al estacionamiento del hospital y le envió un mensaje a Grace para hablar con ella de nuevo.

Daniel: Hola, estoy afuera. ¿Puedo subir?

Grace: ¿Estás aquí?

Daniel: Quería saber cómo estaban las dos. Y... quería verte.

Hubo una pausa. Grace: Habitación 347. Tercer piso. Daniel encontró la habitación y llamó con suavidad. Grace abrió la puerta, y el alivio en su rostro al verlo estuvo a punto de desarmarlo.

—Hola —susurró él.

—Hola. —Grace retrocedió para dejarlo entrar—. No tenías que volver esta noche.

—Sí, tenía que hacerlo.

Maria dormía en la cama, con el rostro pálido contra las almohadas blancas y la bolsa de hielo todavía sobre la cabeza. Se veía pequeña y vulnerable, y Daniel sintió que una llama de ira le ardía en el pecho contra quienquiera que hubiera hecho eso.

Grace siguió su mirada. —Daniel, va a estar bien. La doctora dijo que los estudios se veían normales, sin hemorragia. Maria tiene una conmoción cerebral leve.

—Me alegra. Es muy bueno saberlo.

—Pero podrían haberla matado. —La voz de Grace tembló—. Si hubiera caído de otra manera, si el golpe hubiera sido más fuerte...

Daniel la envolvió entre sus brazos antes de poder contenerse, atrayéndola contra su pecho y sosteniéndola mientras ella temblaba por la emoción contenida. El contacto de Daniel la tranquilizó casi al instante.

—Lo siento —murmuró contra su cabello—. Siento mucho que esto haya ocurrido.

—No es culpa tuya —dijo ella, con las manos todavía aferradas a la chaqueta de él.

—Debería haberlo previsto. Debería haber anticipado que alguien podría intentar llegar a ti por medio de Maria.

Grace se apartó lo suficiente para mirarlo. —¿Cómo podrías haberlo anticipado? Yo no lo hice. Maria tampoco. La culpa es de quien la atacó, no tuya.

Sus ojos grises eran fieros y decididos.

Sin pensarlo, Daniel levantó las manos para sostenerle el rostro y le rozó los pómulos con los pulgares.

—No vas a quedarte sola en tu casa —dijo—. No hasta que atrapemos a quien hizo esto.

—Me quedaré aquí con Maria...

—¿Y después de que le den el alta? Ninguna de las dos estará segura sola, Grace.

—Entonces, ¿qué propones? ¿Protección policial? ¿Una casa de seguridad?

—Si es necesario, sí. —La voz de Daniel se volvió áspera.

—Daniel. —Grace cubrió con la mano la de él, que seguía apoyada contra su rostro—. No somos tu responsabilidad.

—Sí, lo son. —Las palabras salieron con ferocidad, más sinceras de lo que pretendía—. Tú me importas. Más de lo que debería. Más de lo que probablemente sea apropiado. Pero ya no puedo fingir lo contrario.

Grace contuvo el aliento. —Daniel...

Alguien tocando en la puerta los interrumpió. Se separaron después de intercambiar una mirada, mientras una enfermera entraba para revisar a Maria.

Mientras la enfermera trabajaba, Daniel se acercó a la ventana e intentó recobrar la compostura.

Había cruzado un límite; varios, en realidad.

Prácticamente había confesado sentimientos que no tenía derecho a albergar por una mujer que no solo estaba relacionada con su investigación, sino que además seguía casada legalmente.

Pero no podía arrepentirse.

No cuando la alternativa era fingir que no le importaba si ella vivía o moría.

La enfermera se marchó. Grace fue a colocarse junto a él frente a la ventana.

—Deberías irte a la casa —dijo con suavidad—. Duerme un poco. Tienes más trabajo por la mañana.

—No quiero dejarte. —La confesión pareció salir de lo mas fondo de su ser.

—Estaré bien. Maria está a salvo, el hospital tiene seguridad y tú necesitas descansar. —Le tocó el brazo—. Por favor, Daniel. Me preocuparé por ti si no te cuidas.

Él bajó la mirada hacia ella, hacia la preocupación en sus ojos, y sintió que se acercaba. —Si me voy, ¿me prometes que me llamarás si algo te parece extraño? ¿Cualquier cosa?

—Lo prometo.

—¿Y te quedarás aquí, en esta habitación, con la puerta cerrada con seguro?

—Sí.

—¿Y me dejarás asignar a alguien para vigilar la entrada del hospital, por si acaso?

A pesar de todo, Grace esbozó una leve sonrisa. —Eres muy protector.

—No sé muy bien por qué ni cómo ocurrió, pero te has vuelto muy importante para mí. —Daniel tomó su mano y la sostuvo—. Hablaba en serio cuando te lo dije antes. De verdad me importas.

—Lo sé. —Su voz era apenas un susurro—. Tú también me importas.

Permanecieron allí durante un largo momento, tomados de la mano, con el silencio del hospital a su alrededor. Daniel se inclinó y la abrazó. Después se obligó a retroceder, a soltarle la mano, a ser profesional.

—Descansa un poco. Te llamaré mañana y te informaré si hay algún avance. Tal vez todavía haya algo entre los documentos que encontré en la caja de seguridad de Marc.

—Ten mucho cuidado.

Daniel se marchó antes de hacer algo realmente estúpido, como besarla. Condujo a la casa en la oscuridad, con la mente dando vueltas entre las pruebas, los sospechosos y el recuerdo de Grace entre sus brazos.

Alguien había atacado a Maria.

Alguien estaba dispuesto a recurrir a la violencia para proteger sus secretos.

Y al día siguiente volvería a revisar el contenido de la caja de seguridad de Marc y, con suerte, encontraría alguna prueba que lo condujera al asesino antes de que volviera a intensificar la violencia y decidiera que Grace era demasiado peligrosa para dejarla con vida.

La mañana del miércoles llegó demasiado pronto, pero aun así Daniel se reunió puntualmente con Amy en las oficinas de la RCMP en Victoria a las 9 a. m., con dos cafés en la mano.

Recordó la mañana anterior. El gerente del banco se había mostrado muy cooperativo cuando Amy le presentó la orden judicial y los condujo a la bóveda y a la caja de seguridad registrada a nombre de Marc Mason.

Era una caja de tamaño mediano, y Daniel la había abierto con la llave que Harry Morrison, el abogado de Marc, les había proporcionado.

Había varios objetos, demasiados para examinarlos con detenimiento, así que los metieron en un sobre de papel café, anotaron la hora y la fecha y lo sellaron para incorporarlo como prueba.

Lo habían llevado de regreso a la oficina de Victoria y lo habían registrado como prueba. Una vez registrado oficialmente, Daniel volvió a retirar el sobre y lo llevó a sus escritorios para examinarlo junto con Amy.

Aquel día, él y Amy se tomaron el tiempo necesario para examinar de verdad cada objeto. Tal vez algo les llamara la atención. Daniel sacó cada uno del sobre mientras Amy enumeraba el contenido: una memoria USB, una carpeta con documentos y un cuaderno pequeño.

Daniel sacó primero el cuaderno. Estaba escrito con la letra de Marc, pulcra y precisa, y documentaba todo.

15 de octubre - Primeros indicios de arañas rojas en el Invernadero 2.

Extraño dados nuestros protocolos. 22 de octubre - La infestación se extiende.

Tyler jura que se siguieron los procedimientos de desinfección.

No entiendo cómo entraron las plagas. 3 de noviembre - La ropa de trabajo de Tyler vuelve a desaparecer.

Segunda vez este mes. La devolvieron a su casillero tres días después.

Olía extraño: químico, orgánico. 10 de noviembre - Mandé analizar la ropa.

Rastros de larvas y huevos de plagas, sustrato de cultivo.

Alguien está contaminando la ropa de Tyler para propagar la infestación.

18 de noviembre - Revisé las grabaciones de seguridad.

No hay señales de entrada forzada. Quien hace esto tiene una llave.