Pisando fuerte Capítulo 35
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Capítulo 35

—Hola, Liv.

Sonreí al escuchar la voz de Javier.

Me giré hacia él y me encontré con que no iba solo. A su lado estaba Rafa. Ambos me devolvieron el gesto sonriente.

A Javier lo conocía de la primera vez que estuve trabajando en la sede, bastante tiempo atrás, al igual que me sucedía con John, el vigilante de seguridad. A Rafa nos lo presentó Javier, a Félix y a mí.

Me cayó muy bien desde el inicio, como Javier.

Rafa era simpático y tenía un carácter muy alegre, el único defecto que podía ponerle, hablando siempre desde el punto de vista de que no lo conocía más allá de los saludos en el trabajo, y de pararnos unos minutos a hablar si nos veíamos, ese defectillo era lo pegadizo que se mostraba en algunas ocasiones.

—Hola, chicos —los saludé—. ¿Os vais a comer ya?

Yo estaba esperando a Félix para hacer eso mismo, acababa de salir de la sala de trabajo. Mi amigo había ido un momento al baño.

—Sí —me contestó Rafa—. Ya toca.

Me hizo un guiño.

—Sobre todo para ti. No veas cómo te ruge el estómago, tío —le dijo Javier, con diversión.

—Yo no tengo la culpa de que necesite comer más que tú.

—Que yo y que la gran mayoría de la población —rio Javier.

—El otro día me contó Félix que le dijiste que llevas un tiempo cuidándote mucho, porque vas a presentarte a un concurso de deporte —le hablé a Rafa.

—Correcto —sonrió—. Es dentro de un mes y medio.

—Quería desearte suerte —le dije.

—Gracias, preciosa.

Me rodeó los hombros con un brazo. Fue un gesto cariñoso, Rafa lo era siempre.

Justo cuando me atrajo hacia él las puertas del ascensor se abrieron y Nathan y Michael aparecieron en la planta principal.

Conecté con los ojos de Nathan, a unos metros de distancia, cuando él se paró de golpe. Provocó que Michael tuviera que frenar para no llevárselo por delante.

Me puse nerviosa al instante, como cada vez que lo tenía cerca. Los recuerdos del fin de semana que habíamos pasado junto me asaltaron de repente.

Pero algo no iba bien.

Llevábamos trabajando varios días, esta era la segunda vez que coincidíamos en el mismo sitio en la sede. Era la hora de la comida, por lo que lo normal era que todos los que trabajaban en el edificio se movieran.

La primera vez que Nathan y yo nos vimos aquí él se mostró indiferente y no se paró ni a mirarme. Eso fue de cara a los demás, porque sí que me observó de reojo durante unos segundos.

Pero en esta ocasión le pasaba algo. Frunció el ceño sin apartar la atención de mí.

Las personas que también salieron del ascensor desaparecieron rápido. Michael se inclinó hacia Nathan y le dijo algo al oído, lo que lo hizo asentir despacio.

—¿Qué me dices?

—¿Qué?

Giré la cabeza hacia Rafa y al ver mi expresión de que no me había enterado de nada, volvió a hablar.

—Javier ha propuesto ir a comer juntos.

—Sí, al restaurante que hay en la calle de atrás. ¿Qué te parece? ¿Habéis ido alguna vez?

Vi por el rabillo del ojo cómo Nathan y Michael pasaron por detrás de Javier, o más bien solo me fijé en Nathan y en su seriedad.

Ninguno de los dos miró hacia nosotros, ni siquiera de reojo.

—No conocemos ese restaurante. Ahora cuando venga Félix, a ver que dice. No sé si ha reservado en otro —les dije.

—Pues os gustará, es nuestro favorito —comentó Rafa, señalando a Javier.

—Hola.

Todos miramos hacia Félix, el que se puso a mi otro lado.

—Acabamos de proponerle a Liv que vengáis con nosotros a comer. Vamos al restaurante de la calle de atrás y nos ha confirmado que no habéis estado nunca. Liv te ha dejado a ti decidir —le contó Javier

—¿Has hecho alguna reserva? —le preguntó Rafa.

—No —contestó mi amigo.

Buscó mi mirada y supo que no me importaba, por lo que no tardó en dar su respuesta.

—Podemos ir con vosotros —les dijo a los chicos.

Yo asentí, mostrándome de acuerdo.

—Estupendo —dijo animado Rafa.

Apretó mi cuerpo al suyo, porque todavía no me había soltado. No parecía tener prisa por hacerlo.

—Eh, vamos a hablar un momento con John —dijo Javier, dirigiéndose a Rafa—. Queremos quedar con él esta tarde.

Se refirió al vigilante de seguridad y mi compañero y yo asentimos, sonriéndoles.

Rafa me soltó, por fin, para seguir a su amigo Javier.

—Ese tío se pega mucho a ti. —Félix no tardó en sacar el tema.

—Es cariñoso.

—Pero tiene que medir la cantidad, para que la persona que recibe su cariño no se sienta mal en ningún momento. Cuando he llegado tú estabas incómoda.

Arqueó una ceja.

—Pensaba que me soltaría antes.

Félix me pasó el brazo por los hombros y lo miré divertido. Comenzamos a caminar hacia la salida.

—Así nadie me va a quitar el puesto —me dijo con un guiño y reí—. ¿Y por qué has querido ir a comer con ellos?

—Me ha sabido mal decirles que no. No era la primera vez Javier me lo proponía y como seguramente sea la última vez…

—Joder, qué bien suena eso —suspiró—. Este trabajo se me ha atragantado por lo que sabemos, tengo unas ganas de que nos larguemos de aquí.

Bufó.

Vimos a Javier y a Rafa hablando con John. Pasamos de largo, pero diciéndole adiós al último. John nos correspondió sonriente y con un guiño, y volvió a prestarles atención a los otros dos.

—De todas maneras, tenemos que comer y no creo que se nos haga pesado el rato con ellos —comenté, pensativa—. Bueno, a Javier no lo incluyo, me gusta pasar tiempo con él.

—Es un buen tío.

—Sí —confirmé, sonriendo.

Salimos a la calle y esperamos un poco alejados del edificio.

—He visto a Nathan. Yo estaba hablando con Javier y Rafa cuando él y Michael han salido del ascensor.

—¿Y qué tal?

—No lo sé.

—¿Eso qué quiere decir?

Elevó las cejas.

—La vez anterior que nos vimos no mostró nada, pero en esta ocasión se ha parado de golpe al verme. Y estaba serio.

Esperaba un comentario de mi amigo, pero como no llegó y me miró con diversión, volví a hablar yo.

—¿Qué?

—Joder, Liv. ¿En serio?

Negó con la cabeza.

—Dime una cosa, qué estaba haciendo Rafa cuando ha aparecido Nathan.

Fruncí ligeramente el ceño.

—Estábamos hablando los tres de ir a comer juntos. Rafa estaba a mi lado y me abrazó por los hom…

Agrandé los ojos.

—Exacto. Un buen resumen es que Nathan se ha puesto celoso al ver a Rafa tan cerca de ti.

Vamos que le ha tocado los cojones. Y lo entiendo, primero porque él no puede acercarse a ti en el trabajo, se lo prohibiste, por así decirlo Y, segundo, porque se ve a leguas que Rafa es un cariñoso selectivo. ¿Lo pillas?

—No nos conocemos.

—Tampoco conocías de nada a Nathan la primera vez que lo viste y mira lo que ha pasado entre vosotros, cómo habéis acabado.

Se encogió de hombros.

—¿Te ha llamado o te ha escrito? Lo mismo su enfado no es tan grande.

—No me ha dado tiempo a mirarlo, has llegado tú.

Me hizo un gesto con la cabeza, para que sacara el móvil. Lo hice y mi cara de sorpresa le adelantó a mi amigo y compañero que algo tenía de Nathan.

Era un mensaje de texto.

Nathan: ¿Quién cojones es ese tío y por qué está tan cómodo tocándote? ¿Quieres que me salte la promesa que te hice? Porque no me costaría nada conseguir que todos en la puñetera sede sepan que estamos juntos. ¿Cómo se llama ese tío?

Lo leí varias veces y después le mostré la pantalla a Félix. Él soltó una carcajada, pero no le dio tiempo a decir nada porque Javier y Rafa se acercaban a nosotros.

—Vamos a llenar los estómagos —dijo Rafa, haciéndome un guiño.

Le sonreí tensa, sin borrarme de la cabeza el mensaje de Nathan.

Por suerte Félix reaccionó rápido, anticipándose a la situación en la que no quería volver a estar.

Cuando Rafa dio un paso hacia mí, mi amigo volvió a rodearme los hombros e hizo un comentario divertido sobre la comida.

Javier y él rieron, mientras que Rafa sonrió un poco forzado.

¿En qué momento de hoy había pensado él que podía tomarse ciertas libertades conmigo? Hasta ahora sí que era verdad que como ya había dicho, Rafa era muy pegadizo, pero nunca me había agarrado. Y si me había tocado o se había puesto muy cerca, solo había durado unos segundos.

En fin, me daba igual porque lo único que me preocupaba era la reacción de Nathan. Y mucho, porque en el tiempo que llevábamos juntos no lo había visto tan enfadado.

Fuimos hablando durante todo el recorrido hasta el restaurante, al que llegamos rápido. Por fuera me gustó, pero por dentro me encantó.

El interior era todo de madera, tenía mucho encanto y estaba decorado con flores de colores. Los manteles eran muy bonitos y había pocas mesas libres.

—Si queréis venir otro día es mejor que llaméis a primera hora de la mañana, para reservar. Las mesas que veis vacías están todas reservadas, al mediodía es imposible comer aquí de otra manera —nos informó Javier.

—Nosotros vamos variando —comentó Rafa.

Félix y yo asentimos.

Un camarero se acercó a nosotros y después de que Javier le dijera su nombre, lo seguimos adentrándonos en el salón principal.

—Aquí, por favor.

El hombre nos señaló la mesa.

—Enseguida viene un compañero a atenderlos.

—Gracias —le dijimos al unísono.

Elegimos cada uno una silla, Félix a mi lado y enfrene nuestra Javier y Rafa. Este último justo delante de mí.

No intenté disimuladamente cambiarme porque no era un problema con la mesa entre nosotros.

Estaba sentándome en la silla, inclinada un poco hacia delante, cuando algo que vi de reojo me sobresaltó.

Terminé de sentarme, al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia la derecha. Contuve mostrar la sorpresa que me provocó ver a Nathan mirándome fijamente, con la mandíbula apretada.

Ocupaba una mesa con Michael. Había dos mesas de distancia entre nosotros, pero nos veíamos perfectamente.

Sus ojos se desviaron de mí hacia Rafa y dejó la vista fija en él.

Tragué saliva, al sentir que mis nervios regresaban con fuerza.

Félix me dio un golpe en el pie, con el suyo. De esa manera me hizo saber que él también había visto ya a Nathan.