Capítulo 27
Liv
Miré a Nathan mientras me llevaba la copa a los labios, para beber un sorbo de gin-tonic.
Con el tiempo que había tardado en llegar, el que me pedí nada más llegar al bar se lo habían bebido entre Julia y Elsa.
Cuando llegué con Nathan a la mesa me encontré a mis amigas encantadas con la compañía que tenían. Nathan me presentó a sus amigos, Gavin y Alan. Yo le presenté a él a Elsa y Julia.
Gael no había regresado todavía, lo que era una buenísima señal.
En un momento en el que Nathan se puso a hablar con sus amigos, yo aproveché para comentarles en tono muy bajo, lo bien que había salido nuestro plan con Gael y Jana.
También les conté la conversación que tuve con Jana, con la que la impulsé a actuar de una vez por todas.
Elsa y Julia no dejaron de suspirar, mientras yo les hablaba de lo que había pasado y visto. Estaban tan emocionadas como yo, con las expectativas por todo lo alto.
Y una vez las puse al día de Jana y Gael, me hicieron un interrogatorio sobre Nathan, con el que también estaban encantadísimas. Cuando les dije que me había invitado a pasar la noche con él soltaron un grito con el que tuvimos que disimular riéndonos de la primera cosa que se nos ocurrió.
Y aquí estábamos, alrededor de la mesa, con dos sillas vacías, con la esperanza de que en algún momento Gael viniera con Jana y ambos se sentaran con nosotros.
Volví a mirar a Nathan y esta vez me encontré con sus ojos observándome. Sonrió de medio lado y me hizo un guiño, y con esos dos gestos me removió todo por dentro.
Le devolví la sonrisa y suspiré, cuando se inclinó hacia mí para hablarme al oído.
—¿Tienes ganas de irte? —me susurró, poniéndome el vello de punta.
Apreté los labios, conteniéndome para no reír.
—¿Cuántas veces me lo vas a preguntar?
Desde que nos habíamos unido a nuestros amigos había perdido la cuenta de las veces que me había hecho la misma pregunta.
—Hasta que me des la respuesta que estoy deseando oír para oírnos tú yo.
Me acarició el cuello al hablar, cerca de la oreja.
—Todavía no ha venido Gael.
Lo miré a los ojos cuando se separó y se sentó bien en la silla.
—Necesito verlo. Hemos llegado enfadados y no quiero terminar la noche de la misma manera.
Hice una mueca.
—¿Puedo preguntar por qué os habéis peleado? —me preguntó serio.
—No ha sido una pelea en sí, solo que cada uno pensábamos una cosa y no nos hemos puesto de acuerdo.
—Como la mayoría de las discusiones —comentó—. ¿Dónde está?
—Aquí. No tardará.
—Lleva mucho rato entretenido.
—Sí.
Sonreí.
Nathan me miró con curiosidad. Tenía ganas de que le presentara a Gael, le había hablado de él y de lo unidos que estábamos.
—Trabaja aquí los viernes y los sábados por las tardes, termina sobre las once. Hoy ha librado, por eso estará hablando con sus compañeros y su jefa. Son como una familia.
—Entiendo.
Como si lo hubiésemos invocado mi amigo llegó al patio interior y nada más y nada menos que de la mano de Jana.
—Ahí está —le dije a Nathan.
Gael venía sonriendo y para mi sorpresa, mirándome únicamente a mí.
Cuando se pararon junto a la mesa se hicieron las presentaciones con Nathan y sus amigos y Jana ocupó una de las sillas vacías.
Gael se quedó de pie y me hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia el interior del bar.
—Ahora vengo —le dije a Nathan.
Este asintió, serio, y nos observó alejarnos.
Gael me pasó un brazo por los hombros y sonreí, con la cabeza girada hacia él. Me encantaba tenerlo de vuelta, Jana lo había conseguido.
En realidad, eso no tenía nada que ver con la realidad, porque sabía que a estas alturas de la noche a Gael ya se le habría pasado el enfado. No durábamos mucho tiempo molestos con el otro, así que con respecto a Gael yo siempre iba un paso por delante.
Lo mismo le sucedía a él.
Salimos del bar a la calle y caminamos unos metros, para alejarnos de la terraza del bar de la entrada.
Llegamos al portal de un edificio y nos sentamos en los pocos escalones que había para subir.
—Lo siento —se disculpó.
—Entiendo porque te has enfadado, pero de verdad, Gael, no tienes que preocuparte por nada —insistí.
—Ojalá fuera cierto. —Sacudió la cabeza—. Pero no puedo pretender que te quedes metida en una jaula de cristal.
Bufó.
Lo empujé con el brazo y sonreímos. Lo abracé porque no me gustaba estar mal con él y cuando sucedía, después se me quedaba una sensación extraña.
—Así que Nathan ha venido a buscarte —comentó, sin soltarme. Continuamos abrazados.
—Sí —susurré—. Y me ha pedido que pase la noche con él, donde vive.
—Eres una pésima escapista —dijo con diversión y sonreí—. Tantos días huyendo para no encontrarte con él, para en una noche tirarlo todo por tierra. No me hace falta preguntarte si has aceptado irte con él.
—La propuesta era demasiado tentadora como para rechazarla —suspiré—. Y no me he acordado de que Nathan y yo nos conocimos en el bar.
Apoyé la cabeza en su hombro y Gael me mantuvo agarrada por la cintura.
—Espero que no sea el hombre de tu vida porque como vuestros hijos te pregunten como conociste a su padre, y les digas que no te acordabas al principio…
—Eres muy tonto.
Hice una mueca.
—Se nota que siente algo por ti, cariño.
—Atracción, lo mismo que me sucede a mí con él.
—No te lo crees ni tú.
Bufó.
—Salta a la vista, Liv. Entre vosotros hay atracción, sí, pero también bastante más que eso. Como no empecéis a reconocerlo terminaréis arrepintiéndoos. Y no quiero verte sufrir.
—Si tiene que ser así, será algo inevitable. Vamos a dejar de hablar de mí, ya estoy cansada de escucharme —le pedí, separándome de él.
Me giré sentada y sonreí de medio lado.
—Gracias —me dijo.
—¿Por qué?
—Porque sé que has sido tú la que has hablado con Jana. Lo he tenido claro en cuanto me ha preguntado cómo estaba, porque me había enfadado contigo.
Sonrió de medio lado, al verme reír.
—Necesitabais un buen empujón.
—Le he dado más de uno, te lo aseguro.
—Oh, ¡eso sobraba! —me quejé empujándolo.
Soltamos una carcajada.
—Al principio me he quedado paralizado —dijo pensativo—. Joder, es que todavía no me creo lo que ha pasado. Ha sido… Joder, Liv, estoy viviendo un puñetero sueño y tengo miedo de despertarme.
Se pasó las manos por el pelo. Yo no podía dejar de sonreír.
—No estás dormido, ni soñando. —Le acaricié la nuca—. Tienes que aprovechar al máximo todo lo que te llegue —le pedí—. La vida te está sonriendo, primero lo de ser socio del taller y ahora lo de Jana.
—La verdad es que sí y da bastante miedo.
—No dejes que ese sentimiento arruine lo que has conseguido.
—Tranquila, no tengo ninguna intención de hacerlo —me dijo con un guiño.
—Perfecto. No sabes cómo me alegro de lo tuyo con Jana. Aparte de quedarte paralizado al principio, después ha ido bien, ¿no?
—De maravilla, aún me dura el subidón.
—¿Habéis hablado?
—No mucho, por eso esta noche se viene conmigo a mi casa.
—Joder, ¡qué ilusión! Aunque no creo que habléis mucho esta noche —reí.
—Claro que no, la noche es para otras cosas. Hablaremos mañana, cuando nos despertemos.
Sonrió con picardía.
—Pues tú y yo estamos hablando y aclarando cosas, y está oscuro. —Señalé hacia el cielo.
—Nosotros siempre vamos aparte de todo, nuestras mejores charlas han sido borrachos y de noche.
—Eso no es verdad —reí.
—¿Cómo qué no? Anda que no me he enterado de cosas cuando tú ibas más borracha que yo.
—Serás…
Intenté pegarle, pero todo en broma. Gael terminó agarrándome las manos, mientras nos reíamos.
—Voy a convencer a Jana para que despida a Alexis.
Cambió de tema, poniéndose serio.
—¿Estás seguro? —le pregunté sorprendida.
—Por supuesto —contestó serio.
—Pero… oh, ¡ya me la has colado!
Volví a empujarlo, sin moverlo ni un poco, mientras él reía por la broma.
—¿Cómo voy a hacer eso? Con lo bien que me lo voy a pasar restregándole por la cara a Alexis cada beso, caricia y comentario pícaro que reciba Jana de mí.
Me hizo un guiño.
—Capaz de irse él —dije con una risilla.
—Me haría un grandísimo favor. Te aseguro que no lo lamentaré, no lo soporto.
—Estás deseando que mañana os vea.
—Está claro. —Asintió—. Mañana trabajo en mi turno de tarde y en cuanto se me dé la primera oportunidad para acercarme a Jana o besarla en condiciones, no voy a perderla. Ya la he avisado.
—¿Y qué te ha dicho? A ver si va a querer guardar el secreto por ahora, dejarlo para cuando estéis en privado. Es la dueña.
—Qué va. Cuando le he dicho lo que tengo pensado hacer mañana, para que todos los del bar se enteren, su respuesta ha sido decirme que haga con ella lo que quiera.
Silbé y reímos.
—Quien te lo iba a decir.
—Ya te digo —suspiró.
Lo abracé otra vez y cerré los ojos, al apoyar la cara en su hombro. Me rodeó la cintura y me pegó a él, dándome un beso en la cabeza.
Así continuamos durante un tiempo, no sabría decir cuánto, hasta que oímos mi nombre.
—Liv.
Al escuchar a Nathan nos separamos y me giré hacia él. Gael no tuvo que moverse, estaba de cara a él.
—¿Nos vamos? —me preguntó.
—¿Y los demás? —pregunté adormilada.
—Han decidido seguir la fiesta en otro sitio, los cinco. Se han ido bastante animados y con muy buen rollo entre todos. Vuestras amigas me han pedido que os diga que mañana hay videollamada.
Sonreí.
Me fijé bien en sus manos, donde llevaba mi bolso.
Me levanté despacio del escalón y Nathan vino a ayudarme.
—Gracias —susurré, sin soltarle la mano que me había ofrecido.
Me colgué el bolso y me encantó que me abrazara de lado. Me rodeó la cintura, pegándome a su costado.
Gael también se levantó del escalón y se puso delante.
—Ha sido un placer conocerte, Nathan.
—Igualmente.
—Espero que siga siendo así, porque si le haces daño a Liv de cualquier manera, me dará igual dónde vivas y en qué país, te aseguro que mi opinión de ti se volverá totalmente opuesta e iré a por ti. No te gustará. Solo para que lo sepas.
Gael le dio varias palmadas en la espalda a Nathan y este no dejó de mirarlo con una ceja arqueada, pero con una pizca de diversión en la expresión.
Después de darnos un abrazo y besos, ellos se despidieron con un apretón de manos.
Mi amigo se alejó de nosotros riendo, yendo hacia el interior del bar. A Jana y a él aún les faltaba un rato para irse a la casa de mi amigo, cuando cerrara el bar. Me pregunté si Gael podría aguantarse, porque bastante había tenido que hacerlo ya.
Seguramente no llegarían a mañana, para darse muestras de cariño delante de los empleados del bar.