Pisando fuerte Capítulo 26
60%

Capítulo 26

En el despacho de Jana. Transcurre en el mismo espacio de tiempo desde la llegada de Nathan al bar.

Gael

—Tú dirás —le dije a Jana.

Me paré en medio del despacho, con las manos en los bolsillos.

La miré por encima del hombro, mientras cerraba la puerta, y la seguí con la mirada cuando pasó por mi lado y se paró junto a su mesa de trabajo.

No la rodeó, se quedó frente a mí, sin poner un obstáculo entre los dos.

—Quiero saber cómo estás —habló.

Fruncí ligeramente el ceño, sin comprender a qué venía esto.

—¿Estás preocupada por mí, jefa? —le pregunté, arqueando una ceja.

—¿No puedo estarlo?

—Mmm… pregunta por pregunta.

Ladeé un poco la cabeza.

Joder, estaba preciosa, como cada puñetero día que la veía.

Llevaba puesta una falda corta hasta medio muslo, que dejaba ver unas piernas largas y perfectas, con una camiseta que se ajustaba a las curvas de sus pechos. Tenía el pelo suelto y los labios pintados de rojo.

Calzaba unos botines con un poco de tacón, una de las varias opciones que utilizaba para pasearse por el bar cuando llegaba la noche. Opciones de las que siempre se deshacía cuando se encerraba aquí, en su despacho.

Le encantaba ir descalza cuando se sentía libre de miradas y con zapatillas casuales durante el resto del día, de nuevo por el bar.

Bloqueé enseguida cualquier pensamiento más sobre Jana, para que mi cuerpo se mantuviera en una falsa calma. Era una experta en activarlo, sin ni siquiera proponérselo.

—En cuanto te he visto he notado que te pasaba algo —comentó, como si nada.

Apoyó el trasero en el filo de la mesa y se agarró con las manos a los lados de su cuerpo.

No aparté los ojos de su cara.

—Te agradezco la preocupación, pero estoy bien.

—¿Seguro? —insistió.

Elevé las cejas.

—¿Qué te pasa a ti?

—¿A mí? —Se señaló con las uñas perfectas de una de sus manos.

—Ahora me dirás que esto es normal, tantas preguntas.

—Solo estoy preocupándome por ti.

—Y yo te he dicho que te lo agradezco, pero que estoy bien. Entonces, ¿dónde está el problema?

—En ningún lado, solo estamos hablando.

Solté una carcajada, ya no pude contenerme más.

—¿Qué te parece gracioso?

Frunció el ceño.

—Joder, que esta conversación es surrealista —contesté, negando con la cabeza—. ¿Me puedes decir a qué viene?

—A nada —suspiró.

Desvió la mirada, la bajó hacia el suelo y yo fruncí el ceño.

—¿Qué está sucediendo, Jana?

Di un paso hacia ella, después otro más. Hasta que me paré a poca distancia, pero la suficiente para que cada uno mantuviéramos un buen espacio personal.

—Sé que estás enfadado con Liv. Solo quería… mi intención era…

—Eh.

Acorté toda distancia, mandando a la mierda los ridículos espacios personales.

La agarré de la barbilla, levantándole la cabeza con varios dedos, para que no la agachara más y que así continuara mirándome.

—Supongo que has visto a alguna de las chicas y te lo han comentado de pasada.

Asintió.

—Sabes que mis discusiones con Liv nunca llegan a nada —sonreí de medio lado.

—Pero te afectan.

—Ninguna de las veces anteriores que he discutido con ella, tú te has puesto así. ¿Pasa algo más?

—Sí.

Se humedeció los labios, hacia los que dirigí la mirada.

—¿El qué?

Le solté la barbilla. Dejé caer la mano y la metí en el bolsillo del pantalón, como tenía la otra.

Era una mierda de método de contención, pero no tenía otra manera para marcar la distancia con ella.

La tenía demasiado cerca para mis sentidos.

—Puedes dejar tranquilo a Alexis.

Su comentario me dejó fuera de juego, por completo. No entendí que de repente sacara a relucir ese nombre, lo que me tocó mucho las narices.

—No he hecho nada. —Apreté la mandíbula—. No sé qué te ha dicho, pero hoy todavía ni lo he visto.

—No me ha dicho nada y sé que no lo has visto, más que nada porque él tampoco trabaja hoy. Es por cómo lo miras algunas veces.

Entrecerré los ojos.

—¿Qué mierda me estás contando, Jana? Tengo la sensación de que estoy perdiéndome algo importante y si me conoces lo suficiente, que creo que sí después de tanto tiempo, sabes que no me gusta ir a ciegas.

—¿Quieres que te dé un poco de luz a lo que está pasando?

—Te lo agradecería, la verdad, porque ahora mismo me tienes muy descolocado.

No lo vi venir. Imposible que pudiera anticipar lo que sucedió a continuación y en cuestión de segundos.

Jana me agarró de la nuca con una mano y tiró de mí hacia ella. Me inclinó la cabeza, empujándomela hacia abajo, hasta que sus labios se pusieron sobre los míos.

Me quedé paralizado totalmente, mientras su lengua me lamía los labios y los suyos me besaban, sin que yo moviera ni un puñetero músculo.

Solté un pequeño jadeo cuando dejé de pensar que era una alucinación demasiado buena, para ser consciente de que era una realidad.

Jana estaba besándome, sujetándome con firmeza de la nuca, pegándose a mí. Aprovechó que entreabrí los labios con el jadeo, para introducir la lengua y buscar la mía.

Ahí fue cuando, con un gruñido, recobré el control sobre mi cuerpo y atrapé su lengua, enredándola con la mía. Ella gimió y se apretó más a mí, cuando tomé el control y profundicé más el beso.

La agarré de la parte de atrás de la cabeza, para que no pudiera separarse ni lo más mínimo.

El beso fue demoledor, el que duró no sé cuánto tiempo porque perdí la noción. Cuando nos separamos ambos estábamos sin respiración, cogiendo bocanadas de aire rápidas y cortas, mientras nos mirábamos fijamente con los labios enrojecidos.

Subí una mano hacia los suyos y se los acaricié con el pulgar.

—Gael… —susurró.

Busqué sus ojos.

—Dime que no piensas que esto ha sido un error. —Tragué saliva.

—No lo pienso, ni lo creo.

Se lamió los labios.

—Joder —dije alucinado.

Me agarró de las caderas, metiendo varios dedos por cada lado de la cinturilla, y acercó mi cuerpo a sus piernas.

Bajé la mirada para observar su falda y después busqué sus ojos de nuevo.

—Hazlo —me pidió, al entender lo que estaba pensando.

Apreté la mandíbula.

—Ya hemos esperado demasiado, ¿no crees? —susurró sobre mis labios.

—Mierda, sí.

Volví a besarla, apoderándome de su boca. Jana jadeó, mientras me desabrochaba el pantalón torpemente, por lo rápido que lo hizo.

Consiguió abrírmelo y bajarme el bóxer.

Gemí con fuerza cuando me rodeó con una mano el miembro. Lo apretó y se deslizó por él, arriba y abajo, para alterar sus caricias en el glande.

Mientras me tocaba devoré su boca y succioné su lengua, yendo a su encuentro, una y otra vez.

Mi cadera comenzó a moverse por voluntad propia, utilizando su mano para darme placer.

Jana cortó el beso, empujándome ligeramente para que me separara. Su otra mano continuó bombeando en mi miembro.

Se apartó de la mesa, obligándome a dar un paso hacia atrás. Cuando estuvimos los dos de pie, me recorrió un puñetero escalofría al verla agacharse.

Se quedó de rodillas frente a mí y yo solo pude disfrutar de la anticipación de lo que pretendía hacerme. Me perdí en el brillo especial de sus ojos y en sus pupilas dilatadas, en sus labios hincados por los besos, los que tenía entreabiertos y se lamió.

Solté un pequeño gemido, a la vez que la agarraba por detrás de la cabeza.

—Sabes que no tienes…

—Es algo que llevo deseando hacer desde hace muchísimo tiempo —me confesó.

—Joder —siseé.

La boca de Jana se estiró, cuando sus labios suaves me envolvieron el miembro y los succionaron hacia dentro.

Solté un gruñido, acariciándole el pelo, para no perder el control y embestirle la boca.

Era demasiado bueno, demasiado adictivo, demasiado de todo. Mierda.

Gemí sin apartar la mirada de lo que me hacía, era una imagen que no iba a olvidar en mi vida, la misma que recrearía en soledad.

Jana tomó un ritmo torturador, disfrutando de lo que hacía. Veía la sonrisa en sus ojos, estaba pasándoselo en grande torturándome, y yo estaba dispuesto a que hiciera conmigo lo que quisiera, porque quería disfrutar de torturas como esta infinidad de veces.

Todo iba bien, hasta que me mordisqueó la punta, al mismo tiempo que me agarraba de los testículos. La agarré del pelo y le abrí la boca con varios dedos, indicándole lo que iba a hacer.

Me recibió por completo, hasta el fondo, cuando la embestí con fuerza. Ambos gemimos y ese fue el final para su control y el principio para el mío.

No iba a correrme, quería mucho más de ella, pero no iba a privarme de este momento, de tenerla a mi merced, arrodillada frente a mí.

Me agarró de las nalgas y comenzó a empujarme en su boca, aumentando la fuerza al unirse a la de mis empujes.

Cuando noté que el orgasmo se concentraba para estallar y liberarme, la aparté de golpe, con la respiración hecha un desastre.

Mi pecho subía y bajaba rápido, pero Jana no estaba mucho mejor, intentando recuperar la respiración.

Todavía tenía los labios entreabiertos y de la comisura le caía un hilo de saliva y semen.

Se lo recogí con un dedo, deslizándolo hasta sus labios, y lo devolví donde debía estar. Jana jadeó al succionarme el dedo.

Era una puñetera fantasía y era toda mía. Aún parecía que estaba flotando y que en algún momento aterrizaría de golpe, para darme un buen tortazo contra el suelo.

Me agarré el miembro con fuerza, haciendo presión para aliviarme un poco. La sujeté de un brazo y la ayudé a ponerse de pie, para besarla.

Mientras volvíamos a devorarnos mutuamente, caminé hacia delante, empujándola y haciéndola caminar hacia atrás.

En cuanto tocó la mesa con el trasero nos separamos y no le di tiempo a nada. La giré dejándola de espaldas a mí y le rodeé la nuca con la mano. La empujé hacia abajo, hasta que se quedó tumbada de cintura para arriba sobre la mesa, con la mejilla apoyada en la madera.

—Sííí… —Jadeó.

Le subí la falda, dejándole el trasero al aire y le bajé la braga de un tirón.

—La próxima vez me tomaré más tiempo, no voy a tener ninguna prisa en saborear todo tu cuerpo.

Jadeó, echando el trasero hacia atrás. Se encontró con mi miembro y no pude evitar meter la punta entre sus nalgas.

Mis dedos se encontraron con sus fluidos y los deslicé por todo su sexo, de arriba abajo, torturándola, mientras maniobraba con la otra mano para sacar la cartera del bolsillo del pantalón, donde tenía un preservativo.

Poco me faltó por echarme a llorar, al encontrarlo, porque si no hubiera tenido protección habría sacado a Jana del bar, para llevarla a mi casa.

Aunque eso también llegaría, pero al final de la noche.

Por el momento dejé de tocarla y me centré con colocarme la protección. Lo hice rápido, de la misma manera que busqué su calor con el miembro.

Tanteé su sexo con varios dedos y al comprobar lo excitada que estaba, no esperé más para impulsarme y clavarme hasta lo más hondo.

Gemimos o casi gritamos, cuando me quedé quieto y dentro de ella, por completo.

Su sexo acogió a mi miembro de maravilla, era una gozada sentirlo apretarme, tenso y caliente. Me volví loco, después del primer deslizamiento.

El despacho se llenó de gemidos y gritos, con nuestros nombres flotando en el aire, junto al sonido que hacían nuestros cuerpos al chocar cada vez que se encontraban.