Pisando fuerte Capítulo 24
56%

Capítulo 24

—Ahora vuelvo. Deseadme suerte —les dije.

—Suerte, amiga. ¡Estamos contigo! —me animó Julia.

—Venga, que esta noche al menos uno de los cuatro va a triunfar —añadió Elsa, con un silbido final.

Me fui hacia el local riendo. Una vez dentro y después de sortear varias mesas, vi la barra y a Gael apoyado en ella.

Parecía un poco más tranquilo y animado, mientras hablaba con Nina y con Pedro, aunque sabía que Gael era un experto en esconder sus emociones, hasta que él quería mostrarlas.

Pedro era otro compañero.

Pasando desapercibida, o al menos lo intenté, giré hacia el pasillo sin llamar la atención y caminé hacia el despacho de Jana.

Sabía dónde estaba, en algunas ocasiones nos encerrábamos en el despacho para estar aún más tranquilos.

No había visto a Jana por el local y lo habíamos recorrido de punta a punta, para llegar al patio interior. Así que, o estaba en el baño o en su despacho.

Me paré frente a la puerta del despacho, miré hacia la izquierda para asegurarme de que no había rastro de Gael, y al comprobar que seguía sola en el pasillo, golpeé con los nudillos la madera.

No escuché la voz de Jana, me abrió ella misma antes de hablar.

—Liv, hola —me saludó sonriente.

—Hola, guapa —le devolví el gesto.

Nos dimos un abrazo y dos besos.

—No sabía que habíais llegado. ¿Estáis todos?

Me hizo gracia que, al preguntarlo con un claro objetivo, me diera la espalda para ir hacia su mesa.

—Sí. Gael ha venido —le confirmé.

Entré cerrando a mi espalda y me apoyé en la puerta, a la espera de su reacción.

Jana se puso un poco tensa, por mi respuesta y por cómo la pronuncié. Se incorporó poniéndose recta, con varias carpetas en las manos, a las que les dio varios golpecitos sobre la superficie para colocarlas rectas.

—Mi empleado nunca me falla —dijo con diversión.

Habló de Gael como siempre, sin dejar ver lo que le provocaba que Gael no le fallara nunca.

—Tu empleado te necesita.

Con esas palabras conseguí que se girara hacia mí.

Se llevó las carpetas al pecho y se quedó mirándome.

—¿Qué le pasa?

—Eres la única que puede ayudarlo.

Frunció el ceño, después agrandó los ojos, para al final fruncir el ceño otra vez.

—Yo diría eso de ti.

—Buenooo… adoro a mi amigo, pero hay ciertas cosas a las que yo no puedo llegar para ayudarlo.

Sonreí de medio lado.

—¿Está mal? —se preocupó.

—Solo enfadado conmigo.

Me encogí de hombros.

—¿Os habéis enfadado?

—Él —suspiré—. Y odio estar así con Gael.

Hice una mueca.

—Eso lo entiendo y no sabes cómo lo siento, porque yo también he vivido enfados con ese hombre.

Puso los ojos en blanco y tuve que reírme.

—Es muy cabezota, exasperante —dijo, sonriendo.

—Y mandón —añadí.

Caminé hacia ella, pero me paré a la mitad, donde había un sillón. Me senté de lado en uno de los brazos, dejando un pie en alto.

—E irritante —continuó, divertida.

—Y desesperantemente posesivo con lo que quiere.

—Lo he visto contigo, con Julia y Elsa, sí. —Desvió la mirada.

Dejó las carpetas a un lado de la mesa y se impulsó para sentarse de un salto, sobre la superficie de madera.

—Porque estás ciega.

Levantó la mirada hacia mí, sorprendida.

—¿Cómo?

Me levanté del brazo del sillón y me acerqué a ella. Me paré a un paso.

—Si vieras lo mismo que yo, Jana…

—¿Qué quiere decir eso?

—¿De verdad no te has dado cuenta? ¿O no quieres admitirlo porque te da miedo que sea algo que piensas tú y no quieres decepcionarte? Hablo de Gael.

—No te entiendo.

—Jana…

—¿Tanto se me nota? —me preguntó con un pequeño jadeo, ruborizada.

—No, tranquila.

—Vale —suspiró—. Por favor, guárdame el secreto.

—Por unas horas —le dije, caminando despacio de espaldas.

—¿Cómo? —Agrandó los ojos.

—Que voy a guardarte el secreto unas horas, las mismas que espero que utilices bien con Gael.

—Liv…

Se bajó de un salto de la mesa.

—Yo no… ¿y si lo pierdo en todos los sentidos, incluso como trabajador?

—Sé con la ilusión que llegas al viernes de cada semana, para encontrarte a Gael trabajando o si libra, como hoy, para que vengamos a tomarnos unas copas.

—Joder.

—Tranquila, era como me sentía yo antes cada mañana, porque sabía que, en la cafetería a la que iba a tomarme el café antes de entrar a trabajar, vería a una persona.

Mi espalda chocó con la puerta.

—¿Ya no lo ves? ¿Ha dejado de ir? —se interesó, mirándome con cariño.

—Hace días que no lo veo —contesté.

—Lo siento. Espero que tenga solución.

—Nunca se sabe.

Sonreí, pero me sentí forzada al hacerlo.

—Confía en ti y en lo que sientes cuando estás con Gael, o cuando lo tienes cerca. Tú sabes lo que te transmite.

Agarré el pomo de la puerta.

—¿Y si me equivoco? ¿Nos estamos equivocando?

—Para darte el impulso que necesitas, solo voy a decirte que, si Gael pudiera, haría desparecer a Alexis cada vez que va detrás de ti.

Sus mejillas se pusieron del color de un tomate maduro.

—Anda, hazme el favor de ayudarme con Gael —le pedí, con un guiño.

No esperé contestación, abrí la puerta y salí del despacho. Le dediqué una última sonrisa antes de cerrar la puerta.

El pasillo continuaba vacío y me tomé un tiempo más para volver a la mesa con mis amigas.

Me apoyé en la pared y cerré los ojos, sonriendo, pensando en que el plan ya estaba en marcha.

Me metí tanto en mis pensamientos que me sobresalté dando un bote y separándome de la pared, cuando Jana abrió de golpe la puerta de su despacho.

Aunque no fui la única en asustarse.

—¡Joder! —dijimos al unísono, ella y yo.

Nos miramos serias y después soltamos una carcajada.

—¿Y esa prisa? —le pregunté, con picardía.

—Joder, qué vergüenza —rio y sonreí—. Voy a hacerlo, o al menos a intentarlo. No sé cómo me saldrá porque con Gael me pongo muy nerviosa y siempre tiró por lo fácil, hacia las bromas —suspiró.

—Bueno, puedes hacer bromas y reírte, mientras que las mezcles con otros sonidos.

Le hice un guiño.

—Dios, Liv, ¡no me pongas más nerviosa!

—Lo último que te digo: asegúrate de cerrar bien la puerta del despacho.

La abracé y se agarró a mi cuerpo como si me necesitara para mantenerse en pie.

—Todo va a salir bien —le susurré al oído—. Y si falla algo por culpa de Gael, te aseguro que entonces seré yo la que esté cabreada con él.

Le di un beso en la mejilla y nos sonreímos, antes de que yo me alejara por el pasillo.

—Salgo detrás de ti —me dijo.

—Estupendo —la miré por encima del hombro.

Salí del pasillo más que satisfecha y con muchas ganas de contarles a Julia y a Elsa lo bien que estaba yendo el plan. Iban a alucinar y seguro que chillarían de felicidad, contentas.

Por el momento les tocaba esperar porque quería estar presente en el encuentro de Jana y Gael, para ver cómo ella salía e iba directa a mi amigo, y cómo Gael la recibía, después de estar una semana completa sin verla.

Lo de mi amigo era admirable. Me refiero a la contención que tenía, con el tiempo que hacía que tenía sentimientos por Jana.

Si yo llevaba unos días sin ver a Nathan, sin tener sentimiento hacia él, y mi cuerpo me pedía a gritos que lo buscara… ¿Con qué fin? Pues ni idea, porque lo mismo lo que yo quería ya no lo encontraría en él.

Noté una pizca de decepción mezclada con algo más, pero lo aparté todo rápido. No quise pensar.

Me moví a la espalda de mi amigo, sin que se diera cuenta. Estaba entretenido hablando con Nina. Ahora estaban solos y ella guardó silencio cuando me vio, porque le hice un gesto para que no avisara a Gael, indicándole que iba un momento a la calle.

Por suerte me entendió y a mí me dio tiempo a llegar al final de la barra, a una parte en la que nadie se ponía porque era la más apartada y hacía curva. Estaba cerca de la salida y se veía perfectamente lo que me interesaba.

En el momento en el que Jana salió del pasillo, una gran sonrisa se formó en mis labios.

Vi la determinación con la que caminaba, pero también los nervios y la incertidumbre.

Llegó al lado de Gael, sorprendiéndolo. Me encantó cómo se miraron, de la misma manera que lo hacían siempre.

Se dieron dos besos y Jana le colocó una mano en la espalda. El contacto entre ellos no era extraño, por lo que a mi amigo le pareció normal. Lo mejor estaba a punto de llegar.

Y así fue. Después de unos minutos hablando los tres vi como Jana le decía algo al oído a mi amigo y cómo este asentía. A continuación, él se bajó del taburete y siguió a Jana, quien lo llevaba a su despacho.

Estuve a punto de reírme porque la sorpresa que le esperaba dentro a Gael no podía ni imaginársela. Me entraron hasta ganas de llorar, joder, después de una eternidad sufriendo por los sentimientos de mi amigo.

Cómo me hubiera gustado presenciar al menos los primeros minutos de ellos dos encerrados en el despacho, pero lógicamente tendría suficiente cuando Gael me lo contara.

La espera se me iba a hacer muy larga.

Continuaba pensando en eso, cuando me sobresalté al notar una presencia demasiado cerca de mi espalda.

No me dio tiempo a girarme, a reaccionar de alguna manera, porque el cuerpo de detrás actuó demasiado rápido al pegarse a mí. De la misma manera que extendió un brazo y lo pasó por mi lado, para colocar en la barra el vaso que llevaba en la mano.

Me quedé mirando esa mano que mantuvo agarrado el vaso, incrédula y perdida por completo, al saber a quién pertenecía el pecho que estaba pegado a mi espalda, calentándome.

Porque no tenía ninguna duda al respecto. Nathan me había encontrado en el sitio que menos esperaba. Tanto protegerme durante las horas de trabajo, para bajar la guardia el viernes por la noche, en este bar que él también conocía.

No lo recordé hasta este momento.

Tragué saliva y cerré los ojos al sentir su respiración en el cuello. Su olor lo inundó todo.

Se había inclinado hacia mí.

—Te mereces un castigo por huir y esconderte de mí —me dijo.

Su voz ronca y profunda me erizó toda la piel y me hizo estremecer.