Pisando fuerte Capítulo 22
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Capítulo 22

—Voy a empezar por lo más fácil, aunque de fácil tiene poco —reí.

—Dale —dijo Julia, sonriendo.

—A mitad de semana me lie con Nathan —solté de sopetón.

Julia reaccionó con un grito y se tapó la boca con las manos. Los ojos de Elsa fueron agrandándose poco a poco, hasta que llegaron al máximo. Y Gael…

Giré la cabeza, levantándola hacia la cara de mi amigo. Pasó de tener una ceja arqueada a relajar la expresión, con una sonrisa de medio lado.

Era un buen comienzo, pero, aunque no lo aparentara a simple vista, quedaba mucho para que Gael dejara estar el tema. Iba a indagar lo máximo posible.

—Me has dejado muertecita —dijo Julia, ahora con una mano en el pecho.

—Así me quedé yo —reí, nerviosa.

—La Virgen. —Jadeó Elsa—. Por lo que más quieras, dime que ese «me lie con Nathan» , significa: me tiré a Nathan y me hizo ver las galaxias.

—Exactamente lo que has dicho que significa —le confirmé, con un guiño.

—¡Sííí…!

Se levantó de la silla alzando los puños al aire, haciéndonos reír a Julia, a Gael y a mí.

—Madre mía. ¡Qué locura! —exclamó Julia, en el buen sentido.

—Ya lo puedes decir —estuve de acuerdo.

Suspiré y cogí mi copa, para beber un sorbo largo de vino.

—¿Y cómo fue? —me preguntó con curiosidad Julia.

—Los detalles escalofriantes pásalos por alto, por favor —me pidió Gael.

Le di un codazo en el costado, haciéndolo reír.

—Que conste que desde que me contaste la coincidencia de encontrarte con Nathan en la sede del ministerio, sabía que en cualquier momento terminaría pasando esto —dijo, pensativo—. Tienes que presentarme a ese tío.

—No —reí.

—¿Cómo qué no?

—Si lo hago le harás un interrogatorio y me niego. —Negué con la cabeza, también—. Solo nos hemos enrollado una vez y seguramente no volverá a pasar.

Me encogí de hombros.

—Lo estás deseando —me dijo Elsa, riendo.

—Pues claro, no soy tonta —le confirmé, con una sonrisa pícara—. Pero por ahora no quiero.

—¿Y eso? —me preguntó Julia.

—Porque ha pasado algo en el trabajo, que ahora os explicaré, y necesito estar centrada únicamente en eso. Por ese motivo, después de liarme con Nathan, lo he estado evitando. Por lo que acabo de decir.

—Joder, Liv, ¡qué te has tirado a un diplomático! —Jadeó Julia.

Habló en tono bajo.

—Eso parece —suspiré—. Pero tranquilos, os puedo confirmar que tiene dos cabezas, la de arriba y la de abajo, dos piernas, dos brazos, dos ojos, una nariz y pelo en la cabeza. Todo lo demás también lo tiene igual que nosotros, así que no cunda el pánico con lo de diplomático.

Soltamos una carcajada.

—¿Cómo lo has hecho para esconderte de él? —me preguntó Gael, con una ceja arqueada.

—Hoy me ha ayudado Félix, diciéndome si el camino estaba despejado. El día anterior me las ingenié como pude. El único cambio que hemos hecho ha sido el de cambiar de cafetería. Ahora vamos a otra, está un poco más lejos, pero ya no coincidimos con Nathan y Michael.

—Qué fuerte, una de mis mejores amigas se ha enrollado con un tío que tiene guardaespaldas —habló Julia.

—Yo también me siento importante por eso —le dijo Elsa.

Ambas rieron con ganas.

—Así que ahora eres escapista —comentó Gael.

—Ya no soy ni una sombra de lo que era. —Le hice un puchero.

Gael rio, revolviéndome el pelo.

—Joder, con esa manía —me quejé, riendo también.

Comencé a pasarme los dedos por el pelo, para arreglar lo que mi amigo había estropeado.

—¿Dónde fue? ¿Dónde os calentasteis? —Quiso saber Elsa, con una sonrisilla pícara.

—En su despacho.

—¡Es un clásico! —exclamó Julia, muy animada.

—¿En su mesa? —preguntó Elsa.

—Sí —confirmé, poniendo los ojos en blanco.

—¡Lo sabía! —volvió a levantar los puños Elsa, pero en esta ocasión no se incorporó de la silla.

—¿Y cómo se dio? ¿Te llamó él o fuiste tú? —continuó Julia.

—Eso lo dejo para cuando os cuente lo que ha pasado en mi trabajo, el motivo por el que estoy completamente centrada en él y evitando a Nathan.

—Cada vez me suena peor ese tema —comentó Gael, mirándome con el ceño fruncido—. No me está gustando nada.

Le sonreí, intentando transmitirle que no se preocupara, pero no sirvió de nada porque su expresión no varió.

—¿Comemos mientras os lo cuento? —les propuse—. A este paso cierran el restaurante y todavía no hemos acabado.

—Venga —dijo Julia.

Ella fue la primera en coger una cuchara, para comenzar a servirse en su plato un poco de cada variedad de comida. Menos de la pizza que fue lo único que se quedó en el centro de la mesa, para ir cogiendo.

Los demás también nos servimos y dejamos a un lado los platos vacíos. A partir de ese momento continuamos hablando, mientras comíamos a un ritmo lento, pero sin parar.

—La situación está un poco tensa en la sede del ministerio —comencé a contarles, después de tragar un bocado de pizza —. Félix y yo hemos avanzado mucho.

—Espera, antes de que entres en materia —me pidió Elsa—. ¿Cómo ha pasado Félix el día? ¿Está recuperado del todo?

Los tres sabían que mi compañero había estado malo por un virus de barriga y que hoy se había incorporado al trabajo.

Ese era el motivo por el que Félix al final no se había apuntado a esta salida con nosotros, como en un principio era el plan. Aunque ya retenía la comida en el estómago y se encontraba bien, todavía se sentía un poco débil y eligió no salir esta noche.

Eva y Ollie tampoco habían podido venir, pero por diferentes motivos. Cuando les dije de salir ya tenían comprometida esta noche. En otra ocasión estaríamos todos juntos, no pasaría mucho tiempo para eso.

—Se ha esforzado por aparentar que está bien, pero ha estado cansado todo el día. Aún le queda un poco, el fin de semana va a sentarle genial. Pero lo peor ya ha pasado, por suerte.

Sonreí.

—Guay —dijo Julia y Elsa asintió.

—Vuelve a lo del trabajo —me pidió Gael.

—No me das ni un respiro, ¿eh?

—No —contestó rápido—. Si te lo doy coges una bocanada de aire tan grande que te dura para varios días, y me niego.

Reímos, cuando puse los ojos en blanco.

—Como he dicho la situación está tensa en el trabajo, pero solo para Félix y para mí.

—¿Cómo puede ser? ¿Por qué?

—Resulta que el primer día que Félix faltó al trabajo yo encontré algo que me llevó al día siguiente al despacho de mi jefe.

—No jodas —dijo en tono bajo Gael.

Nos quedamos mirándonos durante unos largos segundos y pude ver la comprensión en sus ojos y en su expresión. Había encaminado muy bien mis palabras, aunque por ahora todavía no supiera hasta dónde llevaba eso.

—La verdad es que pensaba que no lo conseguiría —continué—. La mayoría de las veces es ir dando tumbos sin sentido y no se llega a ninguna parte, pero ese día me encontré con la sorpresa de que en la pantalla apareció la información que buscaba y necesitaba.

—Estoy bastante perdida —comentó Julia.

—Después de estar horas rastreando al intruso que se infiltró en la red del ministerio, siguiendo las huellas digitales que dejó, encontré desde dónde se inició el ataque.

Cogí la copa y me la acerqué a la boca. Bebí mirándolos.

—Joder, ¡no te quedes callada en lo mejor! —exclamó Julia.

—Yo más bien diría en lo peor —carraspeé.

—¿Por qué? —me preguntó Elsa.

Los tres fruncieron ligeramente el ceño.

—¿No tendría que ser algo positivo que hayas dado con esa información? —Quiso saber Gael.

—Y lo es porque ya no vamos a ciegas, en cierta manera.

—¿Qué quieres decir? —me preguntó Elsa—. Ahora la que estoy perdida soy yo, mucho.

—Es muy bueno que sepamos la ubicación desde donde atacaron, pero no lo ha sido saber el lugar exacto que es.

—Dilo de una vez —me pidió Gael, serio.

—El culpable se encuentra en la sede del ministerio, alguien de allí llevó a cabo el ataque desde uno de los tantos ordenadores que hay.

Mis amigas jadearon por la sorpresa. La expresión de Gael se hizo más seria, más dura, mientras apretaba la mandíbula.

—Cuando localicé el equipo informático descubrí que nadie trabaja con él. Es un puesto vacío que queda al fondo de la sala en la que está.

Me encogí de hombros.

—Puede ser cualquiera —dijo Elsa.

—Sí —le confirmé—. Por eso desde que lo descubrí estoy teniendo mucho cuidado allí.

Todos en la sede del ministerio saben que Félix y yo estamos restaurando la seguridad de la red interna, y, aunque muchos seguramente no saben ponernos cara, es muy sencillo dar con nosotros en la sala de informática —dije pensativa.

—Gael tenía razón —susurró Julia—. No me gusta nada todo eso.

—Mi jefe Mario ya se ha ocupado de hablar con una de las personas más importantes del ministerio, confía en él. Así que ya están informados y en alerta. Por favor, no preocuparos por mí.

—Lo que acababas de decir es muy grave —dijo Elsa, dejando el tenedor en el plato.

—Lo sé, pero estoy a punto de terminar el tercer cortafuegos y entonces me centraré en el principal. Intentaré darme prisa con los chicos.

Nos quedamos callados.

Pude notar cómo Elsa y Julia comenzaban a darle vueltas al asunto.

—¿No dices nada? —le pregunté a Gael.

Giré la cabeza hacia él, con la copa en una mano.

No había dejado de mirarme y sabía que necesitaba sacar lo que llevaba dentro porque si no, sería como una bomba de relojería que estallaría en el momento más inesperado.