Capítulo 17
Liv
¿Por qué tenía que hablarme así? Tan sincero, tan ardiente, tan… Joder, ya me había dejado fuera de juego varias veces y todavía no me había ni rozado.
Y lo deseaba, y tanto que sí. Por si había alguna mínima duda al respecto.
Deseaba a Nathan con todas mis fuerzas. ¿Quién no lo hacía? Debía estar loca para no hacerlo. Era un hombre que levantaba miradas, pasiones y otras cosas.
Verlo al otro lado de la mesa me había impactado, pero verlo levantarse y caminar con la seguridad que lo caracterizaba, me había dejado sin palabras.
El pantalón del traje le quedaba tan bien a sus piernas, y sin la chaqueta del traje, solo con la camisa de la que tenía varios botones desabrochados y las mangas remangadas… la tela se tensaba con cada uno de sus movimientos, era demasiado atractivo a la vista.
Y su cara, sus facciones varoniles y su pelo que parecía despeinado, como si se hubiera pasado varias veces las manos, cuando en realidad, cada mechón estaba perfectamente colocado.
A todo esto, debía sumar cómo olía. Al tenerlo tan cerca su aroma se me metió hasta lo más profundo y hasta inhalé para respirarlo más. Olía de maravilla, era tan atrayente en todos los sentidos…
Ya no podía hacerme la dura para evitarlo. Llegados a este punto quería el orgasmo en forma de promesa que me había hecho, no huir. ¿Quién narices en su sano juicio huiría de un hombre como Nathan?
Todas mis alarmas habían saltado en cuanto me quedé a solas con él, y se dispararon aún más en cuanto Nathan comenzó a hablarme. Porque este hombre era un gran peligro y, sobre todo, estaba de paso aquí, en España.
Si sucedía algo ahora mismo en su despacho, de lo que estaba más que segura que iba a pasar porque él lo había iniciado y yo no iba a permitir que se moviera de aquí, hasta que saciara todas las necesidades que había despertado en mí, como decía, si pasaba algo entre nosotros, debía dejarle claro que todo empezaba y terminaba en su despacho.
Aunque dudaba de que Nathan quisiera repetir.
Lo más importante de todo era que yo debía blindar mis emociones y sentimientos, para no cagarla a lo grande. Nathan era el tipo de hombre por el que una podía perder la cabeza, muy fácilmente, aparte de muchas otras cosas.
Así que, una vez que me mentalicé de que iba a ser un aquí y ahora, para que ambos saciáramos las necesidades que arrastrábamos desde la primera vez que nos vimos en el bar de Jana, dejé de contenerme y me lancé a lo que tanto deseaba.
Mandé a la mierda lo de continuar revisando esta planta, porque sinceramente, desde que me metí yo sola en el despacho de Nathan, todo lo demás pasó a un segundo plano y terminó desapareciendo de mis prioridades.
De todos modos, mi misión había terminado, en parte. Me iría de aquí con todo lo que había visto y con la información que me diera Iván. El pobre iba a tener que esperar para verme salir del edificio, como me había pedido varias veces.
Me perdí en los ojos de Nathan, tan verdes y con varias tonalidades…
Él continuaba sin moverse, recto, con su cuerpo casi rozando el mío. Y, aunque no lo conocía como para poder asegurarlo, tenía la certeza de que Nathan cumpliría cada una de sus palabras. No entendía porque me sentía segura de ello, pero así era.
Me dejaría marchar sin tocarme y no volvería acercarse a mí, de la misma manera que me tocaría en cuanto yo le diera luz verde. Era lo que estaba esperando, podía ver el fuego contenido en su mirada.
—Elijo la primera opción —le contesté, por fin.
Mi voz sonó más floja de lo que esperaba.
—Dila —me pidió con voz ronca—. Quiero oírtela decir.
—Elijo correrme.
Me humedecí los labios.
No me dio tiempo a pensar en cómo habíamos terminado de esta manera, cómo se había dado todo para llegar a este momento.
Nathan apoyó una mano en la puerta, un poco más arriba de donde yo tenía la cabeza apoyada, y la otra la colocó en mi cadera. Me apretó ahí, al mismo tiempo que su boca caía sobre la mía.
Solté un jadeo entrecortado, agarrándome con las manos a su camisa, mientras sus labios cubrían los míos y me los consumían. Su lengua entró buscando la mía y salí a su encuentro.
Me faltó la respiración, por el beso tan profundo e intenso, y porque se pegó a mí y su erección se clavó entre nosotros. Sentirlo tan duro, excitado, provocó que mi excitación aumentara.
Nathan me empujó de la cadera hacia él y yo no pude contenerme para descubrir al hombre que había debajo de la ropa.
Sin dejar de corresponder a sus besos, llevé las manos a los botones de su camisa y comencé a desabotonarlos. Mientras yo la abría, rozando su pecho con los dedos y las uñas, él colocó las manos en los laterales de mi falda y me la subió de golpe.
Jadeé por la impresión y por todas las sensaciones que me recorrieron.
Me dejó la falda enrollada en la cintura y me agarró de las nalgas. Mis pies dejaron de tocar el suelo, cuando me levantó sujetándome del trasero.
Torpemente, al estar tan pegados, conseguí llegar al último botón de su camisa. Se la saqué de la cinturilla del pantalón y abrí las partes, dejando al descubierto un pecho tonificado, perfecto.
Lo recorrí con las manos, al mismo tiempo que él profundizaba más el beso y sus manos hacían más presión en las nalgas. Solté un gemido, al sentir una pequeña punzada de dolor, pero enseguida se mezcló con un placer muy intenso.
Nathan me abrió las nalgas cuando me hizo que subiera las piernas a su cintura. Se la rodeé, cruzando los pies a su espalda, y curvé la mía, con la necesidad de sentirlo por todas partes.
Lo agarré de la nuca y volví a besarlo, después de que cortáramos el beso para poder coger aire. No lo necesitaba, lo único que quería era continuar sintiendo su boca sobre la mía y cómo nuestras lenguas se enredaban.
Ambos respirábamos con mucha dificultad, pero a ninguno de los dos nos importó.
Dejándome llevar por la excitada que estaba, comencé a balancear la cadera, de manera que mi sexo se rozó con el bulto de su pantalón. Nathan soltó un gruñido y empujó mi cuerpo hacia abajo, para sentir más presión.
Jadeamos al unísono y me agarré a él con todas mis fuerzas.
Cuando conseguimos separar nuestros labios nos quedamos mirándonos. Sus ojos me parecieron dos pozos profundos en los que caí sin remedio.
Con el pecho subiendo y bajando acelerado, apoyé la cabeza en la puerta y me mordí el labio inferior.
—¿Estoy cumpliendo tus expectativas? —me preguntó.
Sonrió de medio lado, tan afectado como yo.
—Progresas adecuadamente.
Soltó una carcajada y sonreí.
Era la primera vez que escuchaba su risa y me resultó igual de atrapante que todo él.
—Me gusta que seas exigente —me susurró muy cerca de los labios—. Yo también lo soy.
Contuve la respiración al notar cómo sus manos se deslizaban por mi trasero. Tenía la braga, pero era una barrera casi invisible ante el contacto que me abrasaba.
Terminé por confirmarlo cuando sus dedos se deslizaron por mi sexo, de arriba abajo, despacio, sobre la tela fina de la braga.
Gemí cerrando los ojos. Estaba completamente abierta para él, al tener las piernas alrededor de su cintura. Tenía libre acceso a todo y me encantó porque era exactamente lo que necesitaba. Para continuar.
Solté un pequeño grito por el pellizco que me dio en el clítoris. Me estremecí sintiendo cómo todas las terminaciones nerviosas se concentraban en el centro de mi placer.
—Tienes empapada la braga.
Su voz ronca me erizó la piel.
—Eres jodidamente especial, Liv. Me vuelves loco y ¿sabes cuál es el problema de eso?
—No —contesté en apenas un susurro.
—Que ahora que te he probado te has convertido definitivamente en una adicción para mí. Voy a llegar al final. —Gemí por otro pellizco, después frotó en círculos, aliviando la sensación para convertirla en un placer intenso que me hizo estremecer—. Pero sé que no voy a tener suficiente.
No pude decir nada al respecto, Nathan me besó con fuerza y profundidad, haciéndome perder el hilo de lo que había dicho, mientras sus dedos me acariciaban entre las piernas, llevándome a la locura.
Moví la cadera para aumentar más la sensación, sin poder hacer nada más en la postura que estaba.
Continuaba contra la puerta, con la espalda apoyada en ella, mientras Nathan me mantenía bien agarrada. Frotaba su gran erección contra mí, al mismo tiempo que me daba mucho placer y nuestras bocas se buscaban una y otra vez.
—Diosss… sííí… —gemí, al borde del orgasmo—. ¡No, no, no, no…! —me quejé, porque dejó de tocarme el sexo y se apartó de mis labios.
—Tu primer orgasmo lo quiero en la boca.
Jadeé y poco faltó para que me corriera con sus palabras. Estaba tan al límite, tan necesitada… y escuchar cuál era su intención, al anticipármela, me dejó más temblando de lo que ya estaba.
Nathan me separó de la puerta y caminó conmigo en brazos, hacia su mesa.
Se paró frente a ella y me mordisqueó los labios, mientras nos mirábamos a tan corta distancia. Me sentó en el filo de la mesa y me abrió las piernas, para ponerse entre ellas.
Me sorprendió que me deshiciera la coleta alta. Llevó las manos a la goma y tiró de ella, de manera que mi pelo cayó sobre mi espalda y mis hombros.
Después de guardarse la goma en un bolsillo, se inclinó hacia los lados de la mesa para apartar varias carpetas. Con la superficie despejada me pidió con un gesto que me dejara caer hacia atrás.