Capítulo 2
—¿Cómo te ha ido el día? —me preguntó Gael— Es lo primero que me han contado las chicas al llegar, pero tu turno te lo has saltado.
Sonreí.
—Por eso mismo deberías haberlo pillado al vuelo.
Cogí mi vaso de burbon, solo para mí.
No era la bebida que más me gustaba, pero en cada salida que hacíamos uno de nosotros, Julia, Gael, Elsa o yo, decidíamos la bebida con la que comenzábamos la noche.
En esta ocasión le había tocado a Elsa y yo por el momento no quería variar, para no mezclar. Era demasiado pronto para que me subiera de golpe el alcohol, aunque ya comenzaba a sentir los efectos.
La risa floja, las gracias, el hablar más de lo normal…
Ese era otro motivo por el que siempre compartíamos las primeras bebidas de la noche, para no empezar con mucha fuerza y después que nos tumbara rápido la bebida.
Lo que cambiaba una vez que Gael terminaba de trabajar y se unía a nosotras, desde ese momento íbamos por libre el resto de la noche, bebiendo cada uno lo que más le apetecía.
—¿Tan mal? —me preguntó, insistiendo por mi día.
La expresión de mi amigo cambió. Se puso serio, mientras me miraba con la cabeza girada hacia mí y los brazos apoyados en la mesa.
Estábamos sentados en una especie de sofá tipo banco. Yo tenía la espada apoyada en el respaldo y una pierna subida, con la suela de la bota apoyada en el pie largo de la mesa.
Nuestra mesa era la que más velas tenía, ya que Julia se empeñó en tener más que el resto y Jana, la jefa de Gael que nos mimaba siempre, llegó cargada con un montón de ellas, haciéndonos reír.
Gael y yo estábamos solos, Julia y Elsa hacía unos minutos que habían ido al baño. Elsa para hacer una labor social, para evitar que Julia se cayera de los rascacielos que eran sus zapatos. Palabras de Elsa, con las que Julia soltó una carcajada.
Por supuesto, después de las risas Julia comenzó a enumerarnos los beneficios de calzar zapatos de tacón. Según ella, claro, porque Elsa nos miró a Gael y a mí como si nuestra amiga se hubiera vuelto loca.
—Digamos que tenía ganas de desaparecer hasta el lunes —le contesté con un guiño.
—Pero ¿por algo concreto o solo porque es viernes y estabas hasta las narices?
—Lo segundo. Ya ves, mi vida no es nada emocionante.
Me encogí de hombros.
—Por cierto, la semana que viene llevaré el coche al taller —le comenté.
—¿Revisión?
Asentí.
—Sacaré más la moto a pasear, hasta que pueda ir a recogerlo.
—No tendrás que esperar mucho.
Me hizo un guiño.
—¿Y tú? ¿Cómo lo has llevado hoy? —le pregunté, mirando hacia la barra.
En ella estaba Jana, al otro lado. Les servía a varios clientes, mientras les hablaba, sonreía y reía.
Justo cuando Gael siguió mi mirada, Alexis, otro camarero compañero de Gael, pasó por detrás de Jana. Se inclinó hacia ella, colocando una mano en su cadera, y le habló al oído. Jana sonrió y negó, pero enseguida volvió a prestar atención a los clientes.
Miré de reojo a Gael y después giré la cabeza hacia él.
—¿Por qué no haces algo? —Fui directa.
—No sé a qué te refieres.
—Venga ya.
Le di un pequeño empujón.
—Esta noche no, Liv.
Con esas palabras cortó la conversación de raíz.
Bajé el pie al suelo y apoyé los brazos en la mesa, como él. Nos quedamos sentados en la misma posición, yo observando el perfil de mi amigo, mientras que Gael continuaba mirando hacia la barra.
Ignoré su petición porque lo conocía muy bien, de manera que sabía lo que le pasaba y lo que necesitaba.
—¿Alexis ha hecho algo más que lo que acabo de ver?
Tampoco había sido para tanto, a simple vista, pero siempre se tomaba demasiadas confianzas.
—La pregunta correcta sería ¿qué no ha hecho?
Bufó y sacudió la cabeza.
—¿Con Jana?
—Han estado buscándose constantemente y no sé cuántos minutos han pasado dentro del despacho de ella.
—¿Se han buscado o Alexis la ha buscado a ella?
—¿Importa?
—Joder, pues claro que sí. Hay una diferencia abismal.
—Yo opino que no, porque ella no lo ha rechazado ni una sola vez.
—Gael, contigo también hace bromas y se comporta igual. Jana solo intenta ser una buena jefa, se hace respetar cuando toca y también intenta ser una más con sus camareros. Su posición no es fácil. Y perdona que te diga, pero es muy distinta la manera de como mira a unos y a otros.
—No vayas por ahí.
Se pasó las manos por el pelo y las dejó en su nuca, cruzadas.
—Claro que voy.
Volví a ignorar lo que me pedía.
—No puedes comparar cómo mira a Alexis y cómo te mira a ti. Por mucho que me digas que veo cosas donde no las hay. Tengo una vista de halcón y soy mujer, así que… Cómete esa.
Cogí un vaso y le di un buen trago al burbon. Arrugué la nariz al llevar un rato sin beber, pero para solucionarlo bebí de nuevo otro trago.
—Vista de halcón… —repitió.
—Exacto.
Asentí varias veces, mientras dejaba el vaso en la mesa.
—Pues siento decirte que, en vez de llevar el coche a la revisión, vayas mejor a una óptica para hacértela tú.
Elevó las cejas.
—No lo has dicho con gracia, tienes que beber más —reí.
—¿Qué tal, chicos?
Al escuchar a Jana los dos levantamos la cabeza.
Estaba parada al otro lado de la mesa, sonriéndonos.
—Genial, aquí estamos, discutiendo de…
Gael me dio una patada por debajo de la mesa.
—…de la vida.
Bufé.
—¡Eso era lo que iba a decir! —añadí, para que mi amigo supiera que la patada sobraba o que se la podía haber dado él mismo.
Jana me miró con expresión divertida.
—Tengo un ratito para estar con vosotros —nos dijo.
—¿No tienes que ayudar a nadie? —soltó Gael.
Había apoyado la espalda en la silla y giraba su vaso, mientras miraba a su jefa.
Técnicamente ya estaba fuera del horario laboral, hasta el día siguiente, así que lo de jefa quedaba en un segundo plano.
Jana reaccionó a su pregunta frunciendo ligeramente el ceño.
Normal, porque se notaba que mi amigo estaba en pie de guerra y ella estaría preguntándose qué le había pasado.
—Guay —intervine yo, dirigiéndome a Jana—. Toda tuya.
Le señalé la silla que estaba al lado de Gael, muy cerca del sofá tipo banco en el que él y yo estábamos sentados.
—Vale —sonrió.
Aceptó, pero no muy convencida. Se sintió mal y esta vez fui yo la que le di una patada a Gael.
—Ahora vuelvo, voy a por algo de beber —nos dijo Jana.
—¿Qué mierda te pasa?
Fui al ataque, cuando nos quedamos solos.
—Ella no tiene la culpa de nada —continué.
Le di varios golpecitos con el dedo, en la sien.
—No la cagues con Jana. Ni se te ocurra hacerla sentir mal por algo que ella no tiene ni idea, ni mucho menos la culpa.
—Joder —siseó Gael.
Se pasó de nuevo las manos por el pelo y asintió mirándome a los ojos.
—Aprovecha, ahora tienes tu oportunidad —le dije con un guiño—. Pero si vas a meterle mano avísame antes, que estoy muy cerca y lo veo todo.
—Eres idiota.
Reímos.
—Menos mal —les dijo Gael a nuestras amigas—. Ya pensábamos que estabais en el baño en caída libre, porque Julia había volcado de los rascacielos que son sus tacones y tú te habías lanzado al vacío a por ella.
Soltamos una carcajada.
—¿Cuánto has bebido desde que nos hemos ido? —le preguntó entre risas Elsa.
—Si yo te contara… —dije—. Ni se te ocurra sentarte ahí —le prohibí a Julia.
—¿Por qué? —me preguntó extrañada— Es mi sitio.
—Pues ya no. —Le hice un guiño—. Jana ha ido a por su bebida, para estar un rato con nosotros.
—Estupendo —sonrió Elsa—. ¿Lo pillas o tengo que hacer que lo pilles? —le preguntó a Julia.
—Joder, claro que lo he pillado —se quejó ella.
Bufó, riendo.
Las tres sabíamos cuáles eran los sentimientos de Gael por Jana.
—Menos mal que las alturas no te afectan —le dije a Julia.
Soltamos otra carcajada, pero solo las tres porque Gael nos miraba con expresión divertida y negando.
Julia se sentó al lado de Elsa y Jana, cuando volvió, lo hizo frente a ellas, al lado de Gael.
—Vas fuerte, jefa —se dirigió a ella Gael.
Él se refirió a que Jana regresó con una lata de refresco.
De esa manera la tensión entre ellos se esfumó y todo volvió a la normalidad.
Jana le sonrió.
—¿Qué puedo decir? Me van las emociones fuertes.
Le hizo un guiño y después reímos.
—¿Qué planes tenéis para esta noche? —nos preguntó— ¿Os quedáis aquí hasta el final?
—¿Quieres que nos quedemos?
Elsa me dio una patada por la pregunta de Gael a Jana. Me contuve para no decirle algo a mi amiga y para no mostrar la gran sonrisa que sentía dentro de mí.
Ninguno de los dos se dio cuenta de cómo se miraban, ni del tiempo que tardaron en apartar la atención del otro, antes de que ella le contestara.
—No estaría nada mal, así os tengo controlados —dijo con gracia Jana.
Elsa, Julia y yo soltamos una carcajada, después de que Elsa dijera que controlarnos a nosotros era misión imposible.
Gael simplemente sonrió de medio lado, con los labios rozando el filo de su vaso, mientras continuaba observando a Jana.