Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 64
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Capítulo 64

SOSPECHAS CONFIRMADAS

U nas horas más tarde, tras haber completado los procedimientos posteriores al incidente del tiroteo policial —que consistieron en varios informes tediosos y soporíferos, y varias rondas de interrogatorios y entrevistas para esclarecer los hechos—, Jake volvió a la oficina.

Los paramédicos le habían echado un vistazo, le habían dado glucosa de fresa y plátano en sobres de plástico para recuperar energías, le habían reconfortado con una muda de ropa limpia y después le habían permitido marcharse.

Durante la mayor parte del trayecto de una hora de vuelta a Guildford, él, Bridger y Pemberton viajaron en silencio; lo morboso de las últimas horas pendía sobre ellos como un nubarrón pesado.

La mente de Jake estaba en blanco, carente de cualquier pensamiento mientras intentaba procesar los sucesos del día: el collar de púas, las llaves, el policía corrupto, el disparo, su experiencia cercana a la muerte.

Era mucho lo que su mente debía asimilar, pero, sentado allí, viendo pasar por la ventana las colinas verdes y los árboles, se sentía extrañamente sereno, en paz.

En cuanto el equipo de Delitos Mayores notó su presencia en la sala de incidentes, interrumpieron lo que estaban haciendo y se pusieron en pie, aplaudiendo.

Alguien silbó al fondo. Jake aminoró el paso mientras Bridger y Pemberton entraban, separándose de ellos.

A pesar de todo lo que había hecho, de cómo casi él solo había resuelto la investigación, no le correspondía aceptar los elogios, por muy agridulces que fueran.

Solo era un detective en prácticas. El inspector jefe y el sargento eran los de mayor rango; ellos eran los responsables del éxito de la operación, eran los cabezas de cartel, eran quienes debían llevarse el mérito.

En su lugar, él simplemente iba a actuar como la encarnación de la humildad en la victoria.

A medida que Pemberton y Bridger avanzaban por la sala, los miembros del equipo se levantaban de sus asientos y seguían felicitándoles, dándoles palmadas en la espalda y estrechándoles la mano.

Manteniendo la cabeza baja, Jake se hizo a un lado y buscó a Danika.

Su amiga. Su colega. Su aliada más cercana.

La encontró al fondo de la sala, donde la había dejado. Estaba de pie, aplaudiendo.

—¿Estás bien? —le preguntó, acercándose a ella.

Danika parecía una persona debilitada, como si los acontecimientos del día le hubieran pasado factura por completo. Una copa fuerte la estaba llamando y, al reconocer la voz de él, se le abrieron los ojos de par en par y le rodeó con los brazos.

—¡Estás vivo! —le gritó al oído, con la voz ahogada por los vítores de apoyo en la oficina—. Me he enterado de lo que te ha pasado. Estaba preocupada.

Jake se apartó de ella, sonriendo. —No se lo diré a Elizabeth. Ya se cree que te mueres por mis huesos.

Danika puso los ojos en blanco y le dio un golpe juguetón en el brazo. —No te pongas tan gallito, tío. Solo porque hayas detenido a los malos no significa que también te lleves a la chica.

—La mía ya me está esperando cuando llegue a casa —Jake se rascó la nuca y se sentó en el borde del escritorio de Danika, cruzándose de brazos—.

Pero te seré sincero, Danika. No podría haberlo hecho sin ti.

De verdad que me has ayudado ahí fuera. Por un momento sentí que no podía confiar en nadie, pero tú has respondido y has demostrado lo que vales.

Danika se colocó un mechón de pelo tras la oreja y se sentó con él en el borde del escritorio. Se inclinó, tocándole el hombro, y mantuvo la voz baja. —¿Has... has averiguado ya quién es ese ?

—Sigo en ello.

Más o menos. Durante la mayor parte del viaje de vuelta a Mount Browne, había estado procesándolo todo, pero en el trayecto de vuelta a tierra desde el crucero, había reflexionado seriamente sobre quién podría ser el policía corrupto. Y le había venido un nombre a la cabeza.

Danika se lamió los labios y jugueteó nerviosa con su alianza en el dedo. —¿Hubo algún momento en el que pensaras que era yo?

Jake no quería mentirle; no podía mentirle.

—Hubo un momento, sí. Alguien lo sugirió, me abrió los ojos a esa posibilidad.

—¿Qué? ¿Cómo?

Jake bajó la cabeza, evitando su mirada. —¿Por qué no me lo dijiste, Dan?

—¿Decirte el qué?

Jake la miró a los ojos. —¿Lo mal que están las cosas en casa con Tony? No tenía ni idea...

Danika frunció el ceño. —¿Qué tiene eso que ver con que yo sea una policía corrupta?

—Por Roger Heathcote, el abogado de la familia. Con todo lo que tienes encima, pensé que podrías haberte visto arrastrada de alguna manera. Quizá ibas a llevarte una buena tajada de los beneficios por tu ayuda.

Una pequeña sonrisa cruzó su rostro. —Maldita sea. Quizá debería haberlo hecho. Podría haberme ahorrado un dineral en honorarios legales —Danika soltó una risita—. ¡Y me habría salido con la mía si no fuera por vosotros, entrometidos!

Jake sintió que una carcajada escapaba de sus labios, la primera en lo que le pareció una eternidad. Era una sensación extraña, casi ajena, pero estaba agradecido de poder compartirla con Danika, de quien ahora se daba cuenta que nunca debería haber dudado.

—Sin embargo, sí que me parece raro —empezó Danika— que apareciera una imagen de su membrete en el primer juego de instrucciones. Parece una coincidencia muy extraña.

Jake ladeó la cabeza, como para vaciar el agua imaginaria de sus oídos y comprobar la eficacia de su audición. —¿Qué membrete?

—Heathcote and Sons. El que fotografiaste y enviaste a grafología... Acuérdate de que te lo dije por teléfono: la impresión del membrete en las instrucciones.

Jake se mordió la lengua y sacó el teléfono del bolsillo.

Había olvidado esa parte de su conversación debido a todo lo que había sucedido.

Desbloqueó el dispositivo —que Bridger había recuperado de la cubierta para él— y buscó en la galería.

Allí encontró la foto de las instrucciones que Candice Strachan le había entregado.

Pellizcando la pantalla, amplió la imagen y se la puso a Danika delante de la cara.

—¿Adónde ha ido el logotipo? —preguntó ella, como si esa fuera la pregunta adecuada.

—Nunca estuvo ahí.

—¿Quieres decir que alguien lo añadió?

Eso estaba mejor.

—¿Quién te dijo que el logotipo existía? —preguntó Jake.

La respuesta de Danika llegó tras unos instantes de vacilación, casi como si tuviera miedo de decirle la respuesta. Su cabeza giró lentamente hacia la oficina, fijándose finalmente en una persona, como un dedo imaginario señalando al sospechoso en una rueda de reconocimiento.

El inspector Mark Murphy estaba en una esquina de la sala, hablando por el auricular que tenía pegado a la oreja.

—Tú... no creerás que eso significa que ha sido él, ¿verdad? —Esta vez, la esencia del miedo era evidente en la voz de Danika.

Ella sabía la respuesta. Y Jake también.

Antes de que Jake pudiera responder, las puertas de la sala de incidentes se abrieron y entró un hombre al que Jake reconoció vagamente.

Su cabeza era larga y estrecha, como si alguien le hubiera apretado los costados y hubiera dejado que el exceso de piel, hueso y materia cerebral se estirara.

El agente habló con Pemberton y, después de terminar, los ojos de ella recorrieron la sala hasta que se posaron en Jake.

—Tanner —llamó ella—. Con Bridger. Danny Cipriano acaba de llegar a la zona de calabozos de la comisaría de Guildford.

—¿Quiere que vaya?

Ella asintió desde el otro lado de la sala.

Jake vaciló un momento y miró a Pemberton a los ojos más tiempo del necesario, cavilando, sumido en una profunda reflexión. Su mirada se desplazó hacia Danika, a su izquierda; se miraron brevemente.

—Si no le importa, jefa, preferiría no participar en esto —dijo él—. El tipo acaba de salvarme la vida; no estoy seguro de cómo me siento respecto a interrogarle ahora mismo.

—¿Estás seguro?

Jake asintió e inclinó el cuerpo hacia Danika. —¿Podría ir la detective Oblak en mi lugar?

—No veo inconveniente en ello —dijo Bridger, apareciendo de la nada con dos cafés en las manos. Le pasó uno a Danika—. Vamos, pues. Parece que te vienes conmigo.

Antes de marcharse al interrogatorio, Danika le había dejado a Jake un nudo en la garganta que hizo que, de inmediato, descartara todo lo que creía saber.

El nombre del agente corrupto que tenía en mente era el equivocado.

El inspector Mark Murphy era quien había estado trabajando contra él, manipulándolo todo entre bastidores...

y detrás del escritorio. No solo había intentado desviar al equipo por el camino equivocado con la incorporación del logotipo de Roger Heathcote a las instrucciones, sino que también había malgastado tiempo y recursos valiosos.

Murphy representaba todo lo que Jake odiaba del cuerpo de policía. Era la traición definitiva a la confianza. Pero seguía habiendo un problema, algo que le rondaba por la cabeza y que hacía que volviera el nudo en el estómago.

Una palabra. Una frase. Una oración. Algo que alguien le había dicho y que le hacía pensar que no era posible que Murphy fuera el único policía corrupto.

Había alguien más implicado, un equipo, un dúo de agentes corruptos trabajando juntos para ayudar a los Crimsons a huir del país. Uno sobre el terreno, otro en la oficina.

Jake recordó lo que Danny le había dicho: que Candice le había confundido con otra persona. Su conversación con ella le había parecido extraña en cuanto empezó a hablar de su reloj y de cómo lo llevaba en la misma muñeca que uno de sus hijos. En aquel momento no le dio importancia. Hasta ahora...

El reloj.

El G-Shock.

La absoluta improbabilidad de que ambos llevaran el mismo modelo en la muñeca.

Bridger .