Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 63
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Capítulo 63

HOMbrE AL AGUA

J ake abrió los ojos de golpe cuando el torrente de agua asaltó su rostro. La fuerza del salto lo había enviado a lo profundo del gélido abismo del canal de la Mancha, rodeado por un muro de oscuridad, con la presión aplastándole la cabeza.

Buscó a Danny en el agua turbia, temiendo lo peor: que el hombre hubiera sido arrastrado bajo el casco del barco. Que se hubiera quedado inconsciente por el impacto. Que hubiera desaparecido por completo.

Jake dejó que la corriente lo llevara, con la esperanza de que, de algún modo, lo condujera hasta Danny.

Mientras su flotabilidad natural lo elevaba hacia la superficie, agitó brazos y piernas, intentando permanecer sumergido.

El chaleco y la ropa que llevaba puesta le pesaban, pero no lo suficiente.

Y entonces le sobrevino. Otro más. Peor que el anterior.

Al principio fue la intensa claustrofobia.

Luego el miedo a una muerte inminente, seguido por el dolor lacerante en el pecho.

Jake agitó los brazos violentamente, dando patadas, arañando ahora el agua para alcanzar la superficie, y entonces abrió la boca en un intento de gritar pidiendo ayuda.

El agua entró a raudales y tragó, tosió, ingiriendo más agua salada.

Jadeó en busca de aire, asfixiándose, con arcadas, quedándose sin oxígeno.

Pero no había nada. Solo había agua, rodeándolo desde todos los ángulos.

Sin embargo, la superficie aún estaba muy lejos, fuera de su alcance.

Jake miró con la vista perdida la luz del sol que atravesaba el canal, mientras la marea sobre su cabeza ondeaba y distorsionaba la claridad en una docena de rayos distintos. Dejó caer los brazos a los costados, dispuesto a dejar que el agua lo llevara a donde tuviera que ser.

Y entonces sintió algo detrás de él. Al principio pensó que era el barco pasándole por encima, arrollándolo, aplastándolo.

Pero luego sintió un par de manos rodeándole el pecho.

Las manos despegaron el velcro del chaleco, se lo quitaron de encima y tiraron de él hacia arriba.

La presión en su cabeza se liberó y una ráfaga de burbujas distorsionó su visión.

Unos segundos después, emergió al exterior, boqueando en busca de aire, resoplando y tosiendo para expulsar el agua de sus pulmones y boca. Luego movió piernas y brazos para mantenerse a flote. Respirando con rapidez, se giró para mirar a su rescatador.

Allí, con una peluca de algas sobre la cabeza y la frente, estaba Danny.

La cabeza del hombre se balanceaba apenas por encima de la superficie y se hundía de vez en cuando mientras la corriente lo arrastraba de un lado a otro.

¿Cuánto tiempo había pasado ahí abajo? Solo habían sido unos segundos, pero le habían parecido minutos, horas.

Todo le había sucedido muy rápido. No sabía cómo había ocurrido; lo último que recordaba era un resbalón y a Bridger sujetándolo.

Pero en ese momento, estaba agradecido de estar vivo.

—Gr-Gr-Gracias —dijo Jake, con el cuerpo entrando en estado de choque. Empezó a tiritar mientras las gélidas temperaturas del canal le entumecían la piel. Sus dientes castañeaban. ¿P-Por qué me has s-s-salvado? ¿Por qué no has dejado que me ah-ah-ahogara?

Fue entonces cuando Jake se dio cuenta de lo cerca que había estado de morir, y de cómo había traicionado su promesa a Elizabeth de que se mantendría a salvo y lejos del peligro.

Si no hubiera sido por Danny, habría dejado a su hija en la misma situación en la que él se encontró de joven: huérfana de padre.

Y por eso le estaría agradecido a Danny. Siempre.

—Ya ha muerto demasiada gente hoy. No voy a añadir a otro más a la lista —respondió Danny, escupiendo chorros de agua de vuelta al mar.

Jake agradeció de nuevo a su salvador y juntos esperaron, ambos esforzándose por mantenerse a flote, hasta que menos de un minuto después una lancha semirrígida se dirigió hacia ellos, saltando sobre las olas.

Sus rescatadores —que formaban parte de la unidad de armas de fuego que Grahams había desplegado antes— lanzaron salvavidas al agua mientras se aproximaban.

Jake fue el primero en ser rescatado. Uno de los agentes armados se echó el arma a la espalda, se inclinó sobre el costado de la lancha e izó a Jake hasta el suelo firme de la embarcación.

Durante un momento, se quedó tumbado boca arriba, recuperando el aliento, dejando que los pensamientos oscuros y deprimentes de morir asfixiado bajo montañas de nieve se desvanecieran de su mente.

Luego abrió los ojos. La luz lo inundó y se quedó mirando al cielo. En la esquina superior derecha de su visión había una pequeña nube, fina, delicada, flotando en el aire, portando consigo la esperanza de un día mejor.

El hombre que lo había puesto a salvo apareció de repente en su campo visual con una amplia sonrisa en el rostro.

—Te has tomado tu tiempo —dijo Jake mientras el agente lo ayudaba a sentarse en el lateral de la lancha. El agente le puso una manta térmica sobre el cuerpo a Jake y le entregó una botella de agua.

—Podemos volver a tirarte dentro si vas a ser un desagradecido.

—No podrías pagarme lo suficiente para que volviera a entrar ahí.

—Todo tiene un precio, muchacho.

El resto de los agentes subieron a Danny Cipriano a la lancha y lo envolvieron también en una manta térmica.

El sol se reflejaba en la lámina de aluminio y docenas de fragmentos plateados bailaron en los ojos de Jake mientras miraba a Danny mientras este era arrestado y le leían sus derechos.

El fuego de lucha en los ojos del hombre se había extinguido.

Había perdido, admitía la derrota.

Todo había terminado.

Y Jake había ganado.