Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 51
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Capítulo 51

PULGAR

M ientras Danny se colgaba la bolsa al hombro, el peso de los diamantes y el resto de las provisiones casi le hizo perder el equilibrio.

El taxista lo había dejado en un carril bus, en pleno centro de la calle principal de Southampton, para que Danny pudiera acercarse al puerto desde una distancia prudencial; por si acaso.

De momento no había visto nada sospechoso y, pronto, él, Luke y Louise subirían al barco.

Ahora todo lo que tenía que hacer era esperar.

Consultó su reloj.

Todavía quedaba una hora para que el crucero zarpara.

Todavía faltaban treinta minutos para que llegara Luke.

¿Pero dónde estaba Louise? Se suponía que ya debería estar allí. Habían acordado encontrarse en ese punto exacto, a unos pocos cientos de metros del crucero.

Danny volvió a mirar su reloj, como si eso fuera a acelerar los diez segundos que acababan de pasar.

No quería que se enfadara.

Al bajar la muñeca, su teléfono vibró. Leyó el mensaje de texto y giró sobre sus talones. Detrás de él, a dos metros de distancia, estaba la mujer más hermosa que jamás había visto.

Louise. Su Louise.

—Hola, extraño —dijo ella. Tenía la cara y el cuello cubiertos de un maquillaje que la hacía parecer tan naranja como el sol, y las capas de bronceado artificial que se había aplicado contrastaban fuertemente con la sudadera con capucha azul que le colgaba de los hombros.

Se acercó a él con aire desenvuelto y se colgó de su cuello.

—¿Estás bien? —preguntó él, soltándola—. No te ha pasado nada, ¿verdad? Estaba preocupado por ti. Lo he estado todo el día.

—Estoy bien.

—¿Ha ido todo correctamente? ¿La llave? ¿El trastero? —dijo antes de besarla. Al soltarla, ella se lamió los labios, mostrando esa deliciosa lengua roja suya.

—Relájate. Todo va bien. Las maletas están en mi coche. Está todo allí. Lo que no puedo creer es que me hayas hecho vestirme como una puta golfista. Nunca me he sentido tan incómoda.

Danny sonrió con sorna. —He estado muerto de miedo. Pensé que podrían haberte cogido. Sabía que darte esas llaves extra era una mala idea. No pensé que fueras a aparecer.

—¿Y perderme la oportunidad de llevarme mi parte de todo? Realmente no me conoces de nada. ¿Dónde están los demás?

—Todo se ha ido a la mierda, Lou. Nos separamos. Han arrestado a Michael. Luke está atrapado en Fareham.

—Más dinero para nosotros —dijo Louise, guiñándole un ojo.

Danny sacudió la cabeza con desdén. Fue una reacción instintiva —paternal, de hermano—, pero de la que se arrepintió de inmediato. Se le agrandaron los ojos y se quedó mirando a Louise. Luego levantó los brazos en el aire defensivamente, rindiéndose a lo que estaba por venir.

—¿Perdona? —dijo Louise.

—Yo... Luke... No quería decir nada con eso. No...

Louise lanzó su mano hacia el abdomen de él y, usando el pulgar, lo hundió bajo la caja torácica y en el diafragma, cortándole el habla al instante. Una punzada aguda de dolor le oprimió la parte superior del cuerpo.

—No me hables así —siseó ella—. ¿Qué te he dicho?

—L-lo siento —balbuceó Danny, con un dolor que le resultaba insoportable.

—Si Luke no está aquí para cuando embarquemos, ese dinero es mío. ¿Entendido?

Danny asintió. —Sí, Louise. Lo he... lo he entendido.

—Bien. ¿Dónde está Candice?

Danny bajó la mirada al suelo. —Ella no vendrá con nosotros.

—¿Está muerta?

Danny levantó la vista para encontrarse con la de ella. —No.

—¿Qué le ha pasado?

Danny se lo explicó y, cuando terminó, ella presionó con más fuerza en su diafragma.

—Sabía que la odiabas, pero no sabía que fuera para tanto .

—No... lo hago, pero... —Inspiró y recuperó la compostura—. Escucha, no tienes que preocuparte por ella. Ya no volverá a molestarnos.

Louise aflojó la presión contra su cuerpo. —Supongo que se lo merece, ¿no? No puedo creer que la puta perra estúpida no me diera su aprobación.

—Yo tampoco —respondió Danny, respirando lentamente, ocultando el malestar en su voz—. Sabes, antes de que empezara todo esto hoy, me dijo que me alejara de ti.

—¿Y qué dijiste tú?

—Le dije que se fuera a la mierda. No pienso irme a ninguna parte.

—Bien. Porque ya sabes lo que pasará si decides irte a alguna parte. —Louise lo pinchó una última vez para rematar y luego retiró la mano—. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Danny respiró y luego se frotó la zona de la piel que se uniría al resto de sus moratones en pocos minutos.

—Esperamos —dijo—. Cuando Luke llegue, quiero que te mantengas fuera de su vista.

—¿No sabe que voy?

Danny negó con la cabeza. —Y me gustaría que siguiera siendo así el mayor tiempo posible. Ese chico ya ha pasado por suficiente hoy. Y está a punto de pasar por mucho más.