Capítulo 35
HARRINGTON
D anika llevaba horas sentada en su escritorio y empezaba a dolerle la zona lumbar.
Era una sensación molesta, profundamente arraigada en la columna —como si alguien la estuviera pinchando y hurgando constantemente— y, sin importar en qué ángulo se colocara, el más mínimo movimiento la activaba y enviaba una onda de agonía por todo su cuerpo.
Hizo una mueca, apretó el puño y dejó que su palma absorbiera el grueso del dolor.
En algunas ocasiones se había hecho sangre, pero no era nada que no se solucionara pasándose rápido la mano por la pernera del pantalón.
Habían pasado menos de diez minutos desde la llamada sorpresa de uno de los Crimson.
Desde entonces, la oficina se había sumido en un frenesí de actividad.
Se había rastreado el número y se estaban enviando rápidamente equipos de emergencia al lugar desde la policía local de Hampshire.
Se estaba extrayendo información sobre la vida de Danny, Michael y Luke, pero Danika apenas había prestado atención a lo que sucedía en la oficina.
En su lugar, se había volcado en su propia investigación, centrando sus esfuerzos en la vida y milagros de Candice Strachan.
Mientras estiraba el brazo sobre el escritorio para coger un fluorescente, un correo electrónico apareció en su bandeja de entrada.
Era una de las solicitudes de información que había enviado hacía menos de una hora.
Abrió el mensaje y leyó el informe; sus ojos se agrandaron a medida que su mente asimilaba el texto.
¡Tenía algo! Algo útil para la investigación. Pero ¿dónde estaba el inspector jefe Murphy? Estiró el cuello por encima del escritorio, buscándolo, pero no aparecía por ninguna parte. De hecho, no le había visto desde que terminó la llamada telefónica.
Antes de que pudiera hacer nada, su teléfono vibró. Respondió sin comprobar la identidad del que llamaba.
—¿Puedes hablar? —preguntó la voz. Era Jake. Su voz sonaba ronca y seca, como si hubiera estado hablando durante horas sin descanso.
—Es un mal...
—Los Crimson se dirigen al sur —la interrumpió—. Acabo de salir de una charla con Freddy Miller y me ha confirmado que intentaban salir del país.
—Acabamos de recibir una llamada de uno de los hermanos. Danny...
—Cipriano —dijo Jake, terminando la frase por ella—. ¿Qué quería? ¿Qué ha dicho?
—Habló con la inspectora jefa Pemberton.
Le dijo que hay varias formas de detonar el collar, y que él tiene la última llave.
Tras la llamada, rastreamos el número hasta las afueras de Portsmouth.
Pero eso no es todo —dijo Danika. Se estaba emocionando.
Cualquier pensamiento sobre Murphy se había borrado de su mente.
Le daba un subidón compartir sus hallazgos; su ego necesitaba mimos tanto como el de cualquiera.
Más aún cuando a Tony no le podía importar menos.
—Tengo parte de la información que pediste sobre Candice.
Resulta que sus movimientos recientes han sido increíblemente sospechosos.
De hecho, todo lo que tiene que ver con ella...
—Te escucho.
—La policía científica encontró un montón de extractos bancarios y registros financieros suyos en su casa, tanto personales como profesionales.
Según ellos, le encantaba ir de compras.
Mucho. Pero no hablo de cualquier capricho; hablo de transacciones por valor de miles de libras, viajes de lujo al extranjero, restaurantes caros...
—Nada de esto suena increíblemente sorprendente, Danika.
—Espera. Déjame llegar al grano y deja de interrumpir. Todo ese comportamiento normal se utilizaba para enmascarar algo más —deslizó el dedo por la página—. El veinte y el veinticinco del mes pasado, hizo una visita al banco local y a una tienda B solo era cuestión de encontrarlo. Aunque él no le dijo nada, sintió que su paciencia se agotaba.
—¡Sí! —exclamó, blandiendo el pequeño Post-it en el que había escrito—. Lo encontré antes.
—¿Cuál es?
—Harrington.