Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 32
46%

Capítulo 32

OJO POR OJO

— H abla la inspectora jefa Pemberton.

Las palabras sonaron como música para los oídos de Danny. Le había costado cinco minutos de espera paciente, pero por fin había logrado hablar con la persona al mando, su oponente número uno, aquella cuyo trabajo consistía en asegurarse de que los atraparan.

Por desgracia, Danny iba a decepcionarlos.

—Buenas tardes, inspectora jefa Pemberton —dijo él, manteniendo la voz monótona y grave.

—¿Con quién hablo?

—Los nombres no son importantes.

—Yo le he dado el mío.

—¿Quid pro quo? ¿Es así como quiere jugar? ¿Como Hannibal Lecter y Clarice Starling? —No hubo respuesta—. ¿Necesita que silencie a los corderos, inspectora jefa?

Seguía sin haber respuesta.

Danny estaba poniendo a prueba hasta dónde podía estirar el temperamento de Pemberton. Estaba tanteando el terreno del sarcasmo y la beligerancia, y se regodeaba en la emoción que aquello le producía.

—¿Sigue ahí, agente?

—No creo que la línea sea muy buena. Debe de estar en una zona con poca cobertura.

—No. No lo creo.

—¿Dónde está?

—En un sitio en el que no estaremos por mucho tiempo.

—Aún no me ha dicho su nombre. Si vamos a jugar al «esto por aquello», necesito saber que está plenamente comprometido.

—Danny.

—¿Y qué quiere, Danny?

Danny sonrió con suficiencia. —¿Qué le parece el collar? Espectacular, ¿verdad?

—Depravado, eso es lo que es.

—Me decepciona que no sepa apreciarlo. Se ha invertido mucho tiempo y esfuerzo en fabricarlo. ¿No se supone que ustedes deben ver las cosas de forma objetiva?

El coche fue frenando paulatinamente hasta detenerse y el número de vehículos a ambos lados aumentó. Danny se inclinó hacia el centro del coche y miró por el parabrisas. El tráfico se extendía ante él hasta donde le alcanzaba la vista, y más coches empezaban a amontonarse también detrás de ellos.

El claxon de un coche sonó a su lado.

—¿Qué es ese ruido? —preguntó Pemberton—. ¿Está atrapado en un atasco? Esperemos que no le alcancemos.

—No lo harán.

—¿Está seguro de eso?

—Le gusta desperdiciar las preguntas, ¿verdad? ¿Las habría desperdiciado igual de haberle dicho que solo tenía tres para empezar?

—¿Qué está...? —

—¿Seguro que quiere usar esa como su última pregunta, inspectora?

Hubo una larga pausa. Danny esperó, pero pronto se aburrió. —¿A qué distancia están de nosotros? Con las llaves, me refiero. ¿Han encontrado alguna?

—Solo hemos encontrado una.

Danny se apartó el teléfono de la oreja, puso a la inspectora jefa Pemberton en el altavoz y abrió sus mensajes de texto. Entró en el chat de la parte superior de la pantalla y se desplazó por el último mensaje.

—¿Danny? ¿Sigue ahí?

Danny reaccionó. —¿Dice que ha encontrado una llave?

—Sí —respondió ella.

Mentirosa. Las pruebas sugieren lo contrario, reina.

—¿Cuál ha encontrado? ¿La de dentro de la casa? —Antes de que Pemberton tuviera oportunidad de responder, él continuó—: Queríamos ponérselo fácil.

—Tenemos mucho que agradecerle.

—Vuelve a sonar poco agradecida.

—Es una costumbre mía. Mi marido me dice que es algo en lo que tengo que trabajar.

—¿Llevan mucho tiempo juntos? —indagó Danny.

—Se lo diré cuando responda a mi pregunta: ¿qué va a pasar con Candice? Sabemos lo del móvil... la detonación a distancia.

Vaya, mierda. Danny no esperaba que descubrieran el móvil tan pronto.

Se había esforzado al máximo para enterrarlo hondo en el complejo funcionamiento interno de la bomba.

Se llevó la mano al bolsillo. Dentro había una llave pequeña, metálica y fría al tacto.

Sus pensamientos se dirigieron a Candice, llorando en el suelo, retorciéndose, suplicando por su vida delante de Michael, de Luke y del buen samaritano.

Apretó la llave en su mano hasta que se le clavó en la piel, desviando el dolor del resto de su cuerpo.

Danny exhaló profundamente. El tráfico no se había movido mientras hablaban, y el sonido sordo del motor ronroneando por debajo le recordaba que todavía estaban muy lejos.

—Si al principio no apreció el collar, espero que al final sí lo haga —dijo en voz baja.

—¿A qué se refiere?

—Tiene tres capas. Las llaves. El temporizador. El teléfono. Si consiguen todas las llaves, desactivan la carga. Si lo hacen antes de la hora límite, desactivan la carga. Y si encuentran el teléfono que la detona a distancia, desactivarán la carga.

—¿Cómo encontramos el teléfono?

—Lo tengo yo. La estoy llamando ahora con él. La única forma de conseguirlo es arrestándome.

—Nada me daría mayor satisfacción —dijo Pemberton—. Pero ¿cómo sé que no se limitará a detonarla al azar?

—Me gusta jugar limpio. Le daré algo de tiempo.

Mi recomendación sería que, en su lugar, buscaran las llaves.

Les quedan tres y no falta mucho para que termine la cuenta atrás.

—Se frotó la llave entre los dedos—. Aunque tengo el vago presentimiento de que les costará encontrar la última.

He hecho que sea especialmente difícil de hallar.

—Susurró para que su voz fuera inaudible para Luke y Michael por encima del volumen bajo de la radio—: Sobre todo si la tengo en mi bolsillo —dijo.

Volviendo a su tono normal, prosiguió—: Si no es lo bastante rápida, inspectora, Candice va a morir hoy.

Pronto no será más que un cuerpo inerte sin cabeza. Y su sangre manchará sus manos. Adiós.

Danny colgó el teléfono, sacó la tarjeta SIM y la partió por la mitad. Luego bajó la ventanilla y la arrojó a la autopista. Ahora no había forma de que la policía pudiera rastrearlos.