Capítulo 20
SECUESTRO
—¿ P or qué has tardado tanto? —se mofó Danny mientras entraba en el coche.
—Te lo he dicho: de verdad necesitaba mear. Y así era. Se había quedado allí de pie durante lo que le pareció una eternidad, esperando a que el depósito de su cuerpo se vaciara. Pero ahora que se había desahogado, sentía que podría correr un kilómetro y medio.
—Venga. Vuélvete a poner el equipo —ordenó Danny—. Este Audi lleva aquí parado un buen rato. No he visto a nadie acercarse por estos lares.
Luke se puso de nuevo el mono, se subió la cremallera hasta el cuello y se echó la capucha sobre la cabeza.
—¿Las máscaras? —preguntó Michael desde la parte delantera.
Luke estiró el brazo por el asiento y cogió sus máscaras de diablo rojo.
A pesar de sus dudas sobre esta vida, no podía negar que se sentía poderoso cada vez que se ponía una.
Debajo de ella podía ser quien quisiera.
Podía adoptar una nueva personalidad, un nuevo estilo de vida, una nueva perspectiva de todo.
Luke se ajustó la correa con fuerza por detrás de la cabeza, se remetió los mechones de pelo por los laterales de la máscara y cogió la bolsa de deporte que tenía al lado.
—¿Las armas? —preguntó Luke, girándose para buscar en el maletero del coche.
—Las tengo yo —dijo Michael, antes de agacharse hacia el hueco de los pies y sacar la Mini-Uzi de Luke.
Luke la cogió de manos de su hermano y sopesó el arma. Parecía tan ligera como una pelota de tenis y, al apretar el mango, la adrenalina volvió a recorrerle el cuerpo. Como consecuencia, su respiración se aceleró y apretó la mandíbula, rechinando los dientes. Eso le hacía sentirse vivo.
—¿Listos? —preguntó Danny—. ¿Eso es todo? Luke, dale la bolsa a Micky. Vas a necesitar tener las manos libres si vas a forzar este coche.
—¿Eso significa que conduzco yo?
Danny vaciló un momento. Miró a Michael, luego volvió a mirar a Luke, después a Michael y otra vez a Luke. Se encogió de hombros. —Mientras no nos mates.
—¿Estás seguro de que esto es una buena idea, Dan? Me parece que está demasiado expuesto —preguntó Michael, poniendo una mano en la espalda de Danny—. Freddy siempre decía que nunca debía...
—Cállate. Él no está aquí. Cuanto mayores sean los riesgos que corramos, mayor será la recompensa, créeme. Ahora seguid con ello, que viene alguien.
A lo lejos, un hombre fornido que vestía un jersey azul claro de Ralph Lauren, pantalones cortos rosas y náuticos marrones empezó a caminar hacia ellos.
Luke no le conocía, pero ya pensaba que el tipo era un gilipollas engreído.
El Audi, el Ralph Lauren, los náuticos...
encajaba perfectamente en el estereotipo.
Sin perder ni un segundo, Luke saltó del coche, se apresuró hacia el lado del conductor del Audi y tiró de la manilla.
Cerrado. Menuda sorpresa. Metió la mano en el mono y sacó una pieza de metal larga y fina, de forma y tamaño similares a una regla.
Mientras deslizaba la ganzúa entre la ventanilla y la puerta, Danny y Micky corrieron hacia el Audi.
—¡A la mierda! —Luke echó mano a su arma, la empuñó y golpeó el cristal del coche con la culata.
El cristal se hizo añicos y se esparció por el interior del vehículo y sobre los pies de Luke, pero no le importó.
La adrenalina le había nublado el juicio.
Introdujo el brazo para alcanzar la manilla interior y abrió la puerta de par en par.
Luego se lanzó dentro del coche y abrió de una patada la carcasa de plástico bajo el volante.
El tiempo se agotaba y, para colmo, el hombre del ridículo atuendo empezó a gritarles. —¡Eh! ¿Qué cojones os creéis que estáis haciendo?
Antes de que Luke pudiera reaccionar, Danny apareció por detrás de la parte trasera del coche y se acercó al hombre con el brazo levantado.
Al ver el arma, estallaron gritos y alaridos por toda la explanada; las puertas de los coches se cerraron de golpe y los neumáticos chirriaron mientras buscaban agarre en el asfalto.
—¡Danos las llaves! —le gritó Danny al hombre.
No hubo respuesta.
—¡Danos las llaves!
Seguía sin pasar nada. El hombre se quedó paralizado con las manos en alto.
Al darse cuenta de que no podían permitirse perder más tiempo, Luke saltó del vehículo y se abalanzó sobre el hombre.
Cuando fue a registrar los bolsillos del dueño del coche, algo cambió en su interior.
El instinto de lucha había pasado a primer plano, pero Luke fue el primero en reaccionar.
Decidido a demostrar lo que valía, no iba a dejar que aquel tipo le venciera.
Y no estaba dispuesto a que su reputación quedara aún más empañada a ojos de Danny de lo que ya estaba.
Luke se abalanzó sobre el hombre, le dio un golpe en el estómago y le asestó un gancho de izquierda.
Con un solo impacto limpio, el hombre cayó al suelo.
Mientras rodaba por el suelo, tapándose la cara, gimiendo, sollozando y suplicando que no le dispararan, Luke buscó a tientas las llaves en los bolsillos de sus pantalones cortos.
El hombre hizo un pobre intento de defenderse, pero fue sofocado de inmediato en cuanto Luke amagó con la Mini-Uzi.
Mientras regresaba apresuradamente al coche, Luke le gritó a Michael que cambiara las matrículas del Audi.
Luke se metió de un salto en el vehículo, metió las llaves en el contacto y pisó el acelerador a fondo en cuanto el motor cobró vida. Unos segundos después, Danny entró de un salto, seguido de Michael. Las matrículas se habían cambiado. Estaban todos juntos. Y estaban listos para partir.
Estallaron gritos de júbilo y Luke golpeó el volante y el salpicadero con las manos mientras se incorporaba de nuevo a la A3.
—¡Jodidamente excelente, Lukey Boy! —dijo Danny, dándole una palmada en la espalda.
—Buen trabajo, hijo —repitió Michael.
—Por un momento he pensado que no lo conseguirías —añadió Danny—. Pero lo has hecho bien, chaval. Lo has hecho bien.