Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

LAS SEÑALES

E l ambiente dentro del coche era tenso.

Michael observó cómo Luke se ajustaba el gorro y avanzaba hacia la gasolinera Shell, esquivando los baches del suelo antes de hablar. — ¿A qué ha venido todo eso? —le preguntó a Danny, manteniendo la mirada fija en las puertas giratorias del edificio.

—¿De qué hablas?

—De todas esas gilipolleces sobre Freddy que le estabas soltando. ¿Qué es lo que no nos estás contando?

Danny se desabrochó el cinturón de seguridad y se cruzó de brazos. —Luke no deja de hablar de ese puto imbécil. Lo idolatra.

—¿Acaso puedes culparlo?

—¿De verdad quieres volver a empezar con esto?

El hombre que nos crió estuvo sirviendo, defendiendo a nuestro país.

Era un puto héroe de guerra. No está bien lo que le hicieron después.

Pero Freddy no se le parece en nada; no es más que un mierdecilla engreído que estuvo allí en el momento adecuado y resultó ser bueno robando sitios.

Freddy no le llega a mi padre ni a la suela de los zapatos.

Michael suspiró, enganchó los dedos en el asidero sobre su cabeza y dijo: —No puedes culpar a Luke por nacer cuando nació. No es culpa suya que Freddy fuera el único referente que tenía.

—¿Y yo qué? —Había dolor en la expresión de Danny.

Era como si el estrés y la agitación por los que había pasado toda su vida se estuvieran manifestando ahora en su exterior.

Las finas líneas de su frente y de las comisuras de los ojos empezaban a profundizarse, y las ojeras se le oscurecían.

—¿Y yo qué, Michael? Yo intenté ser un buen referente para ese crío.

Sabes que lo hice. Somos de su sangre. Freddy no lo es.

Y me niego a que piense que Freddy es mejor hombre que yo.

Ese tipo ni siquiera conoce a su propio hijo.

—Solo espero que no le estés mintiendo —dijo Michael—. Eso solo empeorará las cosas.

Danny chasqueó la lengua, suspiró y luego centró su atención en los coches que entraban y salían de la pista de la gasolinera. Michael conocía a su hermano mejor que nadie, y sabía cuándo Danny les ocultaba algo. El único problema era averiguar qué era.

Por el rabillo del ojo, vio a Danny frotarse el antebrazo y apretarse la piel a través del mono de trabajo, aliviando una sensación incómoda aunque invisible. Danny ni siquiera se daba cuenta de que lo estaba haciendo, pero Michael sabía lo que significaba. Ya había visto las señales antes.

—Oye —dijo, dándole a Danny una palmadita en la pierna con el dorso de la mano. Cuando Danny desvió la mirada hacia él, señaló el brazo de su hermano—. ¿Estás bien?

—Sí. —Danny se bajó la manga sobre la mano y descansó las manos en el regazo.

—A mí tampoco me mientas, Dan.

—No es nada.

—¿Fue L...?

En ese momento, la puerta trasera del pasajero se abrió de golpe y Luke entró a trompicones, con una sonrisa de alivio iluminándole el rostro.