Capítulo 17
IDEAS brILLANTES
A Candice le había llevado poco más de cinco minutos recuperar las instrucciones que le habían entregado los Crimson.
A Pemberton se le había ocurrido la idea de enviarla de vuelta a la casa con la radio y un par de guantes.
La parte más larga del proceso consistió en asegurarse de que se moviera despacio y con cuidado, para evitar que cualquier movimiento brusco y drástico detonara el artefacto que llevaba alrededor del cuello.
Todos en la calle se daban cuenta de que, hicieran lo que hicieran, estaban jugando con la vida de una mujer inocente.
Un movimiento en falso, una decisión equivocada, y—
Se acabó.
Jake no era ajeno a aquello y agradecía que fuera responsabilidad de Pemberton y no suya. Así que mantuvo la boca cerrada y se guardó sus sugerencias. No solo no tenía la influencia necesaria para algo así, sino que además no quería cargar con sangre en sus manos.
Tras salir de la mansión, Candice colocó la hoja de papel en la bolsa del perro y envió al animal de vuelta hacia ellos a toda prisa.
Cuando el perro llegó, Jake se agachó, cogió la nota, le hizo una foto y la metió en una bolsa de pruebas.
Mientras contemplaba la imagen en su pantalla y leía las instrucciones, las palabras lo llenaron de miedo, con una sensación que le daban ganas de correr hacia Candice y empezar a serrar el collar bomba para liberarla de su cuello.
Una sensación que, al mismo tiempo, también le hacía querer huir y no tener que lidiar con lo que tenía delante.
Si pensaba que estaba en una posición difícil, no era nada comparado con lo que estaba pasando Candice.
No podía ser tan egoísta como para huir; ese no era él: había cruzado la línea y ya no había marcha atrás, por mucho que deseara lo contrario.
En su lugar, necesitaba mantener la calma y pensar con lógica, como Pemberton, si quería tener alguna posibilidad de que el día de hoy fuera un éxito.
Ella lo necesitaba tanto como él la necesitaba a ella. La misma regla se aplicaba a Bridger.
Jake bajó el brazo y le entregó las instrucciones a Pemberton, que siguió leyendo. Para alguien con un cargo tan importante, a Jake le sorprendió ver que era el tipo de lectora que seguía la línea con el dedo para no perderse en la página. Tardó una eternidad en terminar.
—Lo primero es lo primero —dijo ella finalmente—, averigüe dónde demonios están los de la científica y el equipo de desactivación de explosivos.
—Sí, señora —dijo Bridger, situándose a su lado—. Voy a meterles prisa ahora mismo. —Se alejó a grandes zancadas hacia el otro extremo de la entrada.
—Quienquiera que haya escrito esto tiene una letra muy cuidada —comentó Pemberton, protegiendo la pantalla del resplandor del sol.
Jake siguió el movimiento de su brazo con los ojos entornados. La luz del sol era casi cegadora. —Creo que han calcado sobre un documento de Word o algo parecido. Parece casi inmaculado. Nadie tiene una caligrafía tan precisa.
—Envíe el original a la oficina. Dígales que lo investigue el grafólogo lo antes posible. Que lo cotejen con cualquier documento y firma de la joyería Bridgewater... en particular con esos expedientes de empleados que todos parecen tener.
Jake asintió, se alejó a toda prisa e instruyó a un oficial uniformado para que lo entregara en comisaría. Una vez que el oficial aceptó, Jake volvió corriendo al lado de Pemberton.
—Esto es una locura. —Ella suspiró y se frotó el puente de la nariz con los dedos—. ¿Cómo vamos a entrar en la propiedad de forma segura?
Jake no estaba seguro de si se lo preguntaba directamente a él o si estaba pensando en voz alta. No obstante, se sintió aludido y empezó a mirar a su alrededor, observando cada detalle de su entorno. Se quedó paralizado al fijarse en el lateral de la mansión. —El jardín —dijo.
—¿Perdón, Jake?
—El jardín. Lleve a Candice al jardín, donde hay mucho espacio; mucho más. Eso dejará vía libre a los de desactivación cuando lleguen, y permitirá que la científica entre en la propiedad sin problemas.
—Espero que siga teniendo esas ideas tan brillantes —comentó Pemberton, y luego empezó a balancearse sobre las puntas de los pies, de lado a lado, como si esperara ansiosa a la salida de la discoteca del colegio a que el chico que le gustaba le dijera que la quería—.
Añádalo a mi registro de decisiones. Llevaremos a Candice a la parte trasera mientras Bridger y usted se ponen los trajes de protección. Vamos a meterlos ahí dentro.