Pinceladas de una traición Capítulo 19
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Capítulo 19

El sonido de la pintura al caer al suelo me resulta relativamente familiar. Por desgracia, los gritos de las criaturas que huyen del extraño charco negro que impacta al final del sendero, también.

Es pintura.

Lo que veo es aquella pintura negra, la del último cuadro.

De la misma manera que ocurrió en el taller, algo toma forma y sale del pequeño charco en el suelo. Se alza poco a poco. Mi cuerpo entero entra en pánico cuando la imagen está completa, porque no tengo nada para defenderme. Sin Sebastián, ¿cómo voy a hacerle frente al espíritu arcano que aparece?

Sin embargo, la visión es incluso peor que la de aquella noche en la casa.

Aquí lo que aparece del extraño pozo sin fondo del charco en el suelo es la figura de mis pesadillas. Me observa desde el otro extremo del sendero, entre las noxfloras que huyen y buscan refugio.

Retrocedo y trastabillo al ver que de la lluvia de tinta surgen más criaturas como la que vimos en el taller. Las manos se abren paso desde el suelo y se componen en horribles criaturas antropomorfas que arremeten contra las noxfloras.

Mi pesadilla empieza a hacerse real.

Intento huir, regresar al árbol, escapar.

Las criaturas se lanzan a defenderme. Protesto.

Les pido que lo dejen estar. Intento llevarme a alguna de ellas conmigo, lejos de la trayectoria de los extraños misiles de tinta que caen del cielo ennegrecido y, de repente, el custodio del cuadro desaparece.

Ninguna de las noxfloras me escucha y yo caigo al suelo cuando tengo la mala suerte de tropezar con una de las raíces del árbol.

Un corte limpio detiene a una de las criaturas que manan de la pintura.

La luz es blanca, como la de un reflejo de agua o el flash de una cámara. El golpe es rápido y certero, la mano que intentaba atraparme se desprende y pierde fuerza. Los dedos se quedan rígidos y el carbón que los compone se desprende.

De pie, entre las legiones de criaturas de pesadilla y yo, veo la silueta de una mujer.

Retrocedo y pego la espalda al árbol.

—¿Quién eres?

Ella gira la espada que tiene en la mano. Es hábil y se prepara para volver a la carga. Veo que bloquea el avance de las criaturas oscuras para proteger el árbol. Anonadada, intento ponerme en pie y ayudarla. También quiero ayudar a las noxfloras.

Sin embargo, antes de que pueda entender nada, siento las cuerdas, las raíces y el suelo que me atraparon en su momento.

Grito, protesto. Sin embargo, como el rey de los cuentos de mi padre, me hundo en la tierra hasta que todo se vuelve oscuro, hasta que creo que me he quedado dormida.

Sumida en un sueño eterno, imagino que mi padre todavía me pone la paleta en la cabeza, que yo sé mantener el equilibrio y ambos somos felices.

Cuando era pequeña, yo siempre llevaba trenzas.