Capítulo 43
Helena Collalto
La boda, aunque haya sido en una proporción mucho mayor de lo que imaginé que sería, fue preciosa.
La catedral donde nos casamos es enorme, toda decorada con flores blancas y mi ramo con rosas rojas, lo que generó una sonrisa cínica en la cara de Pietro cuando me vio entrar.
La ceremonia fue toda en italiano. Todavía no domino del todo el idioma, pero conseguí entender bastante bien. No se lo comenté a Pietro porque quiero darle una sorpresa.
Estamos casi al final de la fiesta, que fue digna de lo que Giulia me prometió, un evento enorme.
El escenario es inolvidable, con un amplio jardín que realza todavía más la decoración, que está preciosa, aunque fuera más discreta, como pedí.
Regado con un banquete de buena comida, vinos exclusivos de las mejores cosechas de la familia de Pietro, buena música. Exageran sin ninguna piedad.
—Mia bella donna, ¿estás feliz con la boda? —pregunta Pietro mientras bailamos.
—Sí. Aunque ha sido mucho más grande de lo que me habría gustado, me ha parecido todo precioso y perfecto, y todavía no supero este vestido que hizo la hermana de Adrian. Me siento como una princesa.
El vestido es de estilo princesa, aunque no tan voluminoso. Todo bordado a mano y lleno de piedras en los bordados. Me quedé completamente enamorada.
—Eres mi principessa[24]. Estás maravillosa, soy el hombre más afortunado del mundo.
—Tú tampoco estás nada mal, señor Collalto.
Sonríe, esa sonrisa que remueve algo dentro de mí.
—Pietro, perdona que interrumpa, pero tenemos un problema. —Nathan detiene nuestro baile, mirando serio a mi marido, que asiente.
—Amore, quédate con Giulia, enseguida vuelvo.
Escucho a Pietro preguntar dónde está el problema, y Nathan dice que está en el subsuelo.
Qué extraño, ¿qué habrá pasado?
Me acerco a Giulia y veo que está un poco afligida.
—Giulia, ¿todo bien? ¿Sabes qué es ese problema?
Está lívida.
—Por Dios, Pietro tiene que acabar con esto. —Lo susurra en italiano, pero lo entiendo, aunque mantengo el semblante neutro—. Nada de lo que tengas que preocuparte, puedes estar tranquila.
—Está bien.
Estoy de acuerdo, pero no me gusta. Siento que algo muy malo está ocurriendo.
—Voy a hablar con Henrique, enseguida vuelvo.
Asiente.
Salgo en dirección a mi hermano y me siento en la mesa donde está.
—¿Estás bien? He visto que Pietro ha salido corriendo con Nathan y Tizziano.
—Sí, ha sido solo un problema que tenía que resolver —soy sucinta, porque no quiero involucrarlo antes de saber exactamente de qué se trata.
—Vale. ¿Has comido bien hoy? ¿Has bebido agua?
Mi cara no niega que estoy metida en un lío con él. Apenas he bebido un vaso de agua.
—¡Helena! —me reprende, como si yo no fuera la hermana mayor—. Voy a pedir que te traigan algo. Solo un minuto. —Se levanta y va a hablar con la wedding planner.
Escucho algo en la conversación de la mesa de al lado que me llama la atención. No me giro para ver quién es, para que no noten que estoy prestando atención.
—Vaya, ya no respetan nada, ¡han invadido la boda de Pietro! La pobre novia está hasta desorientada.
¿Vaya, se me nota tanto?
—Sí, mi flor de lis, es lo que tiene estar casada con un mafioso.
—No es así. Yo también estoy casada con un mafioso y aun así no invadieron nuestra boda.
—Sí, pero yo no soy el consigliere de la mafia italiana, y tú siempre fuiste de la mafia, ella no.
Sé que mi italiano todavía no es el mejor, pero he entendido cada palabra que han dicho bajito.
En este momento no sé si estoy feliz por escuchar bien o en completo pánico.
¿Mafia italiana?
Dios mío, ¿en qué me he metido?
¿Cómo soy tan idiota y no me he dado cuenta de nada de esto antes?
Me levanto y acabo chocando con mi hermano.
—¿Todo bien?
—Sí, voy al baño, enseguida vuelvo.
Asiente y vuelve a la mesa.
Salgo en la dirección por donde fue Pietro y, por lo que escuché decir a Nathan, están en el subsuelo.
Cuando llego a la puerta que da a la salida lateral, un guardia me impide pasar.
—La señorita no puede pasar por aquí —dice en italiano.
—Creo que por la ropa sabe que no soy señorita. Soy la señora Collalto, ahora le sugiero que salga de mi camino y me diga dónde está la entrada del subsuelo —respondo en un italiano tan bueno que hasta yo misma me sorprendo.
Por dentro estoy al borde de un colapso, pero por fuera mi máscara está perfecta.
Me mira sorprendido, y veo que iba a intentar usar el comunicador, pero no quiero que avisen de mi presencia. Quiero que todo lo que he oído sea una gran mentira.
—Señora. Yo... es... no puedo.
Agarro su brazo y lo giro tan rápido que ni siquiera entiende lo que está pasando.
—Si no me dices exactamente dónde está la puta entrada, me encargaré de matarte personalmente —digo lo primero que me viene a la cabeza. Si todo esto es verdad, no tienen ni idea de que yo no sé que mi marido es un maldito mafioso.
Dios, ¿en qué libro estoy viviendo?
Porque todo esto parece una historia.
—No, no. Está bien, sé que usted sabe luchar mejor que muchos soldados y que su puntería es buena. Déjelo, se lo mostraré.
Vaya, ¿mi fama es tan grande?
—No sabía que era tan famosa. Lléveme allí ahora.
Asiente, y lo suelto.
—Fran ha luchado con usted algunas veces y dijo que era muy buena. Discúlpeme, con el ataque que hemos sufrido, me quedé aturdido, no asocié que usted era la esposa del señor Pietro.
¿Está loco? Estoy vestida de novia, ¿de quién iba a ser esposa?
—Vale. Esta vez pasa. —Sigo en mi papel. Sintiendo todo mi cuerpo temblar. Pero necesito saber la verdad.
Pasamos por el lateral del salón, que justo al final del pasillo tiene una puerta que baja al subsuelo.
—Gracias. Puede volver a donde estaba.
—Sí. Tenga cuidado y no vuelva sola al salón.
Asiento y bajo las escaleras, escuchando las voces resonando por el lugar.
El olor que invade rápidamente mis fosas nasales es a sangre y podredumbre.
El aire aquí dentro es denso.
Intento no hacer ruido, y en eso soy realmente buena.
Escapé de mi padre varias veces así, saliendo sin hacer ningún ruido.
Me deslizo hasta donde tengo una visión limpia de Pietro.
Está sosteniendo un arma, delante de dos hombres atados a sillas, entonces grita:
—Sois tan mierdas que creísteis que podríais invadir mi boda y salir vivos para contar la historia.
—No me importa salir vivo, solo queríamos matarte. Muy simple —responde uno de los tipos, y se ríe.
Pietro dispara en la pierna del hombre, haciéndolo gritar. Me llevo la mano a la boca, conteniendo el susto.
—Mátame de una vez, sabes que no voy a decir una mierda. Solo teníamos una misión, venir aquí y matarte.
—Sois tan idiotas, sabíais que no pasaríais ni de la puerta. ¿Sabes qué es peor? Sé que Artan está tramando algo. No sabe lo que le espera, va a arrepentirse de haberse metido con la mafia italiana.
La voz de Pietro es tan pesada y profunda, destila rabia, odio, que me provoca un escalofrío por la espalda.
Y nada me preparó para que acertara un disparo en medio de la cabeza de cada uno.
No consigo contener un grito.
Y en el mismo instante, tengo varias armas apuntadas en mi dirección.
Mi instinto es simplemente levantar los brazos.
Pero en cuanto me ven, las bajan, y Pietro corre hacia mí.
—Amore mio, ¿estás bien? —Intenta abrazarme, pero doy un paso atrás y subo las escaleras corriendo.
Escucho que grita algo y entonces sus pasos corriendo detrás de mí.
Dios mío, no es mentira. En el fondo quería creer que todo era una gran mentira.
¿Qué está pasando?
—Helena, por favor, déjame explicártelo.
—¿Explicármelo? ¿Explicarme qué? ¿Cómo me casé con un puto mafioso sin saberlo? ¿Quién te crees que eres para esconderme algo así?
Estamos en medio del jardín. Y sus primos, que estaban con él, acaban subiendo y nos observan.
—Vamos dentro, nadie necesita oír nuestra conversación.
Asiento, porque tampoco me gusta que se metan en mi vida.
Camino a pasos rápidos, y Pietro intenta tocarme.
—Ni se te ocurra —gruño.
Entramos, y en cuanto cierra la puerta, le doy una bofetada en la cara.
—No podías esconderme algo así, no es justo —pierdo la paciencia y acabo gritando.
—Intenté contártelo ayer... —empieza a decir, con una voz desesperada.
—¿En serio? ¿Ayer? —No consigo esconder la burla—. ¿Crees que marca alguna diferencia que lo sepa hoy o ayer? Llevamos juntos más de un año. Un puto año. ¿Quién te dio derecho a engañarme?
Mis manos tiemblan. Y trabo la mandíbula para no llorar de rabia.
Malditas hormonas, que me dejan todavía más confusa.
—No quería engañarte, pero si te lo contaba antes, ibas a querer desaparecer. Quería que te enamoraras de mí, de lo que soy, y no que te quedaras porque yo no te dejaría ir.
Miro a Pietro incrédula. Seguro que mis ojos han doblado su tamaño.
—Estás completamente loco. Pietro, esto no es como esconder que podrías haberte comprometido.
Esto es esconder una vida. ¡Una puta vida!
¿Tienes idea de cómo esto implica todo? Estás completamente fuera de ti.
No podrías haber mentido de esta forma. ¿Qué más me estás escondiendo?
¿Una mujer? ¿Un hijo? —hablo como una loca, sin contener las palabras.
Camino de un lado a otro por la sala. Sintiendo la rabia burbujear dentro de mí.
—No, claro que no. Desde que te conocí, nadie más ha estado en mi cama. Solo tú importas para mí.
—Si tratas así a quien te importa, imagino cómo tratarás a los demás. Eres solo un egoísta. No pensaste en mí —bramo con rabia, sintiéndome perdida.
No contengo una lágrima que se desliza de mis ojos, pero no es de tristeza, es de decepción y rabia.
—Te amo, no hables así. Por favor, no puedes decir eso.
No tiene ni idea de lo que puedo.
—Sí puedo. Entraste en mi vida como un puto huracán, lo sacaste todo de su sitio, ¿cómo crees que debo sentirme, joder?
—Helena, puedo ser egoísta, pero desde que te vi sabía que serías mía, no hay nada que decir al respecto —determina, como si todo fuera simple.
Intenta acercarse a mí de nuevo, pero me aparto. No consigo pensar con él tan cerca.
Porque, joder, ¡amo a este hombre!
¡Qué infierno!
—Joder, ¿crees que puedes acabar con toda mi vida de esa manera y que yo simplemente voy a decir vale? ¡Estás loco! Completamente loco. Esto no puede seguir así.
Me mira, y durante un segundo veo la desesperación bailar en su rostro. Pero enseguida vuelve a la normalidad, con un semblante forzando la calma, y dice de forma tranquila:
—Realmente, puedes pensar, calmarte y entender que hice y volvería a hacer todo lo mismo, siempre que al final te quedaras en mi vida. Entiéndelo, no hay ningún cambio respecto a eso.
—¿Qué amor insano es este?
—Es el mío. Es loco, posesivo, opresivo, pesado, doloroso, pero eso es lo que soy, Helena.
¡Roto! —Toma aire—. Nunca creí que pudiera amar a alguien hasta conocerte y tener a alguien con quien obsesionarme por completo.
Puede que sea completamente insano, pero eres mía, siempre serás mía, porque simplemente no existo sin ti.
Absorbo sus palabras.
Y joder, amo a este desgraciado de la misma forma. Pero ¿cómo puede pensar que interferiría en mi vida de esa manera y yo no iba a colapsar?
—Realmente estás completamente loco.
—Sí, ¡por ti! Helena, no voy a dejar que nada os pase.
—Se pasa la mano por el pelo, despeinándolo—.
Y joder, no podría haber ninguna mujer en mi vida que no fueras tú.
No olvides que tu ascendencia es la misma que la mía, vienes de una familia mafiosa, aunque no lo supieras.
—Me tira del brazo, estirándolo—. La sangre que corre aquí es tan mafiosa como la mía.
Tienes la misma sed que yo. Eres determinada, fuerte, implacable.
No luches contra lo que siempre estuviste destinada a ser.
Me suelto de él y me siento, en shock por sus palabras.
—No uses una ascendencia tan lejana para justificar tus actos. Puede que sí, que tenga una bisabuela nacida en la mafia, pero eso no me convierte en mafiosa.
—No, lo que lo hará serán tus actos. Ya eres fuerte, leal y determinada como cualquier mafioso.
No sé si sería capaz de las atrocidades a las que ellos están acostumbrados.
Mi cabeza es un caos ahora.
Pietro se agacha frente a mí y me levanta el rostro.
—Amore mio. Sé que es mucho para que lo absorbas, pero per favore, no te cierres.
—Necesito pensar, he recibido demasiada información para un solo día.
—Puedes pensar, pero bajo mi vista. No voy a dejar que te alejes de mí ni un momento.
—¿Vas a encadenarme a la pata de la cama? —pongo los ojos en blanco.
—Si es necesario, sí. No creas que no sería capaz. No voy a dejar que te vayas, sobre todo con mi hija en tu vientre. —Instintivamente llevo la mano a mi barriga.
—No me amenaces. Si quiero, desaparezco, y tú nunca más vuelves a poner tus malditos ojos en mí. —No sé si sería capaz de algo así, sobre todo porque mi corazón late de forma descontrolada cuando él está conmigo, pero en este momento que piense lo peor.
Sujetándome el rostro entre sus manos, me da esa mirada. Esa que mira hasta el fondo de mi alma.
—No tienes idea de lo que haría. No debería haberme enamorado de ti, me convertí en un maldito adicto, Helena. Puede que incluso creas que puedes huir. Pero yo nunca, nunca voy a dejarte ir. Quemaría el puto mundo entero. Eres mía, y haría que el mundo entero lo supiera.
Tiene lágrimas en los ojos. Y joder, yo tampoco estoy aguantando.
Todo esto es demasiado, me siento completamente alterada, porque mi voluntad es gritar que no me importa una puta mierda. Que lo único que quiero es a él, pero joder, es un mafioso.
Y mintió.
Mintió porque sabía que si me lo decía cuando me conoció yo habría huido, me recuerda mi conciencia.
No tengo forma de huir, aún más ahora que estoy embarazada del mafioso que me engañó.
Cielos, no sé si estoy lista para esto.
—Déjame sola, no quiero verte por ahora.
Me obedece y sale, sabiendo que en este momento necesito organizar mi mente.