Capítulo 42
Pietro Collalto
Italia
He intentado hablar con Helena más de una vez en estas últimas semanas, y siempre pasaba algo que nos impedía concluir cualquier conversación.
Sabe que tengo algo que necesito contarle, y tengo miedo de cuál será su reacción. Sobre todo porque el embarazo la ha dejado más sensible, llora por cualquier motivo y se cabrea por eso.
Pero hoy he decidido que no dejaré pasar ni un día más. Antes de oficializar nuestro matrimonio en la iglesia, quiero que sepa la verdad.
Helena acaba de salir de una reunión. Desde que decidió vender su parte en la empresa, mi mujer está trabajando más que antes.
—¿Has terminado, amore mio?
—Sí, por fin. No aguantaba ni una reunión más.
La llevo hasta el salón y nos sentamos en el sofá.
—Tenemos que hablar. —Respiro hondo, tomando valor.
—Es verdad, no hemos conseguido hablar hasta ahora. Aprovechemos entonces, ¿qué cosa tan misteriosa tienes que decirme?
Su mirada hacia mí es de curiosidad.
Decido empezar por la parte más fácil.
—Mia bella, cuando me dijiste que tu bisabuela era italiana, enseguida fui tras tu ascendencia.
—Mientras hablo, veo que mi mujer se vuelve cada vez más desconfiada—.
Y, para mi felicidad, no estabas equivocada.
Además, descubrí que no solo tienes ascendencia italiana, sino que eres pariente lejana de mi tío Carlo.
Tu bisabuela es la hermana mayor de su padre.
Se queda completamente sin palabras, mirándome como si le hubiera contado algo de otro mundo.
—No tenemos ningún parentesco, ¿verdad? —su voz no pasa de un susurro.
—No, per Dio. No descubriría algo así y me quedaría sin decírtelo. Aunque eso no me haría desistir de ti. El tío Carlo es mi tío solo por matrimonio. Su esposa era la hermana de mi padre.
Parece más tranquila ahora.
—Cielos, ¿eso quiere decir entonces que soy pariente de Matteo y de Renzo?
—Eso mismo. Esos idiotas son básicamente tus “primos” lejanos.
—¿Ellos ya lo saben? —aprieta los labios. Y no sé exactamente qué está pensando sobre eso.
Lo único visible es que siente curiosidad, porque Matteo, desde que supo que se casaría con Giorgia, empezó a evitarme, y Helena lo notó, porque comentó algunas veces que vinimos a Italia y él simplemente ignoró nuestra presencia.
—No, jamás se lo contaría sin que tú lo supieras primero. Las únicas personas que lo saben son mi padre y mi hermano. Todo el resto lo sabrá ahora.
Me mira analizándome.
Como siempre, estoy derrumbando su mundo.
Le doy unos minutos para procesar todo eso.
—Me estás mirando como si todavía hubiera más.
—En realidad, sí. Tengo una cosa más que decirte. Pero primero quiero saber cómo te sientes sobre lo que te he contado —sondeo, para asegurarme de que estará bien con lo que tengo que decir.
—No sé. Para decir la verdad, saber que tengo un parentesco lejano con tu tío y tus primos no cambia mucho mi vida. Pero sé que eso es importante para ti, por eso de tener que casarte con una italiana, ¿verdad?
—En realidad, no hace tanta diferencia, porque no eres una italiana de nacimiento, sino descendiente.
Ayuda, claro, no puedo negarlo, pero a ojos de mi padre, aceptó nuestro matrimonio por ti, y no porque tengas una bisabuela italiana.
Pero, Helena, aunque no hubiera nada de eso, me casaría contigo.
Y además los conquistaste a todos. No había posibilidad de que nuestro destino fuera distinto.
Abre una pequeña sonrisa, y sabe que nada de eso es mentira.
—No quería causar confusión en tu familia. Sin embargo, como dije antes, yo también lucharía por nosotros. Me cansé de no correr tras aquello que me hace bien.
Dio, escuchar esas palabras me da un nuevo aliento.
—¿Qué más querías decirme?
Siento el pecho apretarse y las manos sudarme.
No tiene idea de cuánto miedo tengo de hablar y que simplemente piense que es demasiado para soportarlo, o que se enfade mucho conmigo.
—Antes que nada, quiero que sepas que te amo más que a cualquier cosa, y nada en el mundo va a hacer que desista de vosotros, ¿entendido?
—Pietro, me estás asustando. ¿Qué ha pasado?
En el momento en que voy a abrir la boca, nuestra casa es invadida por toda mi familia.
Dio, ¿no podrían haber escogido un momento peor?
—Pietro, hemos venido a secuestrar a tu esposa para una despedida de soltera —dice mi hermana, ya cogiendo la mano de Helena, junto con Giulia, y arrastrándola fuera del sofá.
—Estábamos hablando —argumento.
—Ahora no es el momento, mañana después de la boda habláis.
Abro mucho los ojos, porque quería contárselo antes de la boda. Pero se han empeñado en frustrar mis planes.
Mis primas, mi hermana y mi cuñada simplemente raptan a mi esposa.
Y yo me quedo aquí, mirando a mis primos y a mi hermano.
—Sabes que cuando ellas se meten algo en la cabeza no hay forma de negarse. Giulia solo me intimidó y me avisó de que iba a hacer una fiesta para tu esposa.
—¿Adónde han ido? —pienso inmediatamente en la seguridad de ella y de mi hija.
—Están en nuestra casa. Me han echado, porque aparentemente no puedo quedarme en un evento femenino, así que tenía que venir aquí a emborracharme contigo y estos idiotas.
Es notable lo mucho que mi hermano está de buen humor hoy.
Ya que no tengo elección y mi plan fue interrumpido, solo me queda beber.
—Si ellas van a disfrutar, nosotros también. —Voy hacia el bar y cojo la caja de Macallan que fue entregada esta mañana.
Lorenzo abre una sonrisa más grande que su cara.
—Vaya, eso sí. Massimo, tendrías que haber hecho una despedida de soltero así. No irte a dormir temprano como el viejo de espíritu que eres.
—Eres un stronzo insoportable. No sé cómo mi madre consiguió criar a dos hijos tan diferentes. —Pone los ojos en blanco hacia su hermano.
—Porque vio la mierda que hizo al criarte a ti y entonces pensó: puedo hacerlo mejor con Lorenzo. Y ahí nací yo.
Estos dos son peores que Tizziano y yo. Lorenzo tiene un alma perturbada, mientras que Massimo es tranquilo, frío y detesta el mundo. Por eso encargarse de Calabria es perfecto para él. Allí se queda aislado y no necesita vernos siempre.
—Si no fuera a ser padre dentro de unos meses, te mataría.
—Vaya, no has perdido tiempo en dejar embarazada a Perla. ¿Tenías miedo de que después de casada desistiera de ti? —Matteo abre la boca solo para provocar a Massimo.
—En vez de preocuparte por cómo follo a mi mujer, deberías preocuparte por tu matrimonio, que va a ocurrir dentro de unos meses, ¿o me equivoco?
Matteo cierra el semblante de inmediato.
Lorenzo se ríe, sin dejar de pinchar.
—No me lo creo, ¿todavía no has superado que vas a casarte?
—Sabes que, si dependiera de mí, no me casaría, así que no me provoques.
—Una pena, porque Giorgia está buena de cojones. Creo que si tú no quieres seguir con la boda, no será difícil para su padre encontrar otro hombre de la mafia para ocupar tu lugar. Quién sabe, incluso puedo plantearme presentarme como candidato.
Lorenzo habla en un tono más serio, pero veo la sonrisa provocadora formándose en sus labios. Él y Matteo siempre se han peleado desde niños.
Matteo cierra la mano y se levanta rápido en dirección a Lorenzo.
Como estoy en medio del camino, lo sujeto antes de que le dé en la cara a Lorenzo.
—Repite. Repite, stronzo. ¡Eres un bastardo!
—Mi madre no tiene nada que ver con eso —Massimo se ríe de la pelea de los dos.
—¿Qué? Tú mismo dijiste que no querías casarte, ¿he dicho alguna mentira? ¿Ella no está buena? —Lorenzo sigue provocando cuando ve que sus palabras tienen el efecto deseado: desestabilizar a Matteo.
Matteo intenta soltarse.
—No me importa lo que dije o dejé de decir, Giorgia es mi prometida, así que respétala. Si vuelves a abrir esa boca sucia para hablar de ella, ¡te mato!
Veo que Lorenzo está listo para replicar, y lo paro.
—Basta, Lorenzo. Habéis venido para mi despedida de soltero y no para destrozar mi casa. Matteo, voy a soltarte, pero si vas a por Lorenzo, yo mismo te parto la cara.
Resopla, como si le pareciera una afrenta de mi parte.
Mi hermano, que solo estaba mirando, se mete.
—Ya no sois niños —decreta, sin siquiera parpadear, usando su voz de mando con ellos—. Matteo, esto es para que aprendas que debes respetar a tu prometida. Si ni tú la respetas, nadie de fuera lo hará. El matrimonio es un compromiso serio, empieza a encararlo como tal.
Mi primo baja la cabeza, pero no se contiene de replicar a Tizziano.
—Eso no habría ocurrido si Pietro no hubiera huido del matrimonio para casarse con alguien de fuera de la mafia.
Respiro hondo, y ahora soy yo quien quiere partirle la cara a Matteo.
—¿Cómo puedes decir eso si es bisnieta de la hermana del tío Carlo? Según me consta, eso la convierte en descendiente de italianos y, mejor aún, de mafiosos. ¿O me equivoco?
Todos en la sala me miran perplejos.
—¿Cómo? —pregunta Matteo, incrédulo.
—Eso mismo. La tía de tu padre que fue enviada a Brasil no murió. Nathan tiene los documentos que lo prueban.
Se deja caer en el sofá, incrédulo.
—¿Ahora puedo beber por fin o todavía quieres montar otro espectáculo?
No responde, y mis primos solo empiezan a llenarme de preguntas.
Y así, ahora toda mi familia lo sabe y yo ya no necesito preocuparme hasta que mi padre y Tizziano consigan cambiar las reglas.