Peyton Place (Peyton Place 1) 12 #3
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—Ahora bien, supongo que se preguntarán cómo sabía yo que era el hijo de Lucas lo que Selena llevaba en las entrañas —dijo el médico, y los susurros cesaron como si todo el mundo hubiera sido fulminado por un rayo menos Matthew Swain— .

Lo sé porque Lucas me lo confesó. Aquí todo el mundo recuerda cuándo Lucas abandonó la ciudad.

Pues bien, lo hizo porque yo le obligué .

Le dije que los hombres de esta ciudad le lincharían si se quedaba.

Resumiendo, le metí miedo en el cuerpo y se marchó.

No hay duda de que debería haber acudido a Buck McCracken cuando me enteré de lo que Lucas había hecho.

Fue un error no hacerlo así, pero no lo hice y hoy no se me está juzgando a mí.

De haber actuado como debía, Lucas no estaría muerto.

Estaría vivo y en la cárcel. No habría abandonado la ciudad con la oportunidad de ir y venir a su antojo, especialmente con la oportunidad de volver a molestar a una criatura.

Cuando volvió e intentó hacer lo que había hecho con ella en años anteriores, ella le mató.

No la culpo. Había que matar a Lucas Cross.

—El médico levantó la cabeza sólo un poco más arriba del ángulo normalmente alto en que siempre la tenía—.

Si alguno necesita una corroboración de mis palabras, la tengo.

—Metió la mano en el bolsillo interior de su americana y extrajo una hoja doblada que pasó a Charles Partridge—.

Éste papel es una confesión firmada —dijo—.

La redacté la noche que atendí a Selena, y Lucas la firmó. Esto es todo lo que tengo que decir.

Matthew Swain bajó del estrado y la vida volvió a la sala. En la última fila, la señorita Elsie Thornton se llevó a los ojos una mano enguantada de negro y rodeó a Joey Cross con su brazo libre. Joey estaba temblando, con el cuerpo tan rígido como un palo junto al costado de la señorita Thornton.

En la primera fila, Seth Buswell bajó la cabeza para ocultar la vergüenza que sin duda se reflejaba en sus ojos. «Oh, Matt —pensó—, yo nunca habría tenido el valor de hacerlo.»

En la segunda fila, Marion Partridge se estremeció de rabia.

«Tendría que habérmelo imaginado —pensó—.

Matt Swain es el culpable de todo. Un criminal y un asesino, y todo el mundo le escucha como si fuera un dios.

Pagará por esto, por arruinar la gran oportunidad de Charles.

Él y la chica estaban de acuerdo para poner en ridículo a Charles. »

La razón principal por la que Virginia Voorhees describiría más tarde el juicio de Selena Cross como «un fiasco» fue que el tribunal se conformó con las declaraciones de Matthew Swain y no buscó otra excusa para la muchacha.

La confesión que el anciano médico dijo haber obtenido del padrastro de Selena fue marcada y admitida como prueba.

Pasó al jurado para ser examinada, pero, según observó Virginia, ni uno solo de los doce miró el papel mientras iba de mano en mano.

Las palabras que el juez dirigió al jurado fueron palabras que Virginia nunca había oído pronunciar en la sala de un tribunal.

—Todos los miembros del jurado conocen a Matt Swain —dijo el juez—. Yo le conozco de toda la vida, igual que ustedes, y afirmo que Matt Swain no es un mentiroso. Vayan a la otra habitación y emitan su veredicto.

El jurado volvió al cabo de menos de diez minutos.

—No culpable —dijo Leslie Harrington , que actuaba de portavoz, y el juicio de Selena Cross terminó.

—Quizás haya empezado con un estallido —dijo Virginia Voorhees a Thomas Delaney—, pero ciertamente ha terminado con un ruido muy parecido a la pólvora mojada.

Thomas Delaney estaba contemplando al doctor Matthew Swain mientras el anciano se abría paso hacia la puerta de la sala.

Unos minutos después, el periodista observó que el médico iba escoltado por cinco hombres.

Seth Buswell le llevaba asido por un brazo, mientras Charles Partridge andada al otro lado del médico.

Jared Clarke y Dexter Humphrey estaban ligeramente detrás de él, y Leslie Harrington se adelantó para abrir la puerta del coche del doctor.

Los seis hombres se metieron en el coche y se alejaron, y Delaney giró la cabeza y vio a Clayton Frazier junto a él.

—Un buen puñado de viejos bastardos, ¿eh? —dijo afectuosamente Clayton, y Delaney se dio cuenta de que éste era el mayor cumplido que Clayton podía hacer a nadie.

—Sí —contestó, y se abrió paso entre la multitud hasta situarse junto a Peter Drake.

—Felicidades —dijo al abogado de Selena.

—¿Por qué? —inquirió Drake.

—¿Por qué va a ser? Acaba de ganar un caso muy importante —dijo Delaney.

—Escuche —repuso vivamente Drake—. No sé de dónde es usted, pero si no ha visto que el ganador de este caso ha sido Charles Partridge, tiene mucho que aprender sobre Peyton Place .

—¿Qué pasará con el doctor Swain? —preguntó Delaney.

Drake se encogió de hombros.

—No gran cosa.

—Reconozco que tengo mucho que aprender sobre Peyton Place —dijo Delaney con sarcasmo—, pero sé lo bastante sobre este estado para asegurar que el aborto va contra la ley.

—¿Quién va a acusar de aborto a Matthew Swain ? —preguntó Drake—. ¿Usted?

—Nadie tiene que hacerlo. En cuanto el Estado se entere de esto, le retirarán la licencia.

Drake volvió a encogerse de hombros.

—Vuelva dentro de un año —le dijo— y verá si Matthew Swain continúa ejerciendo. Le apuesto lo que quiera a que continúa viviendo en Chestnut Street y atendiendo las llamadas nocturnas.

—¿Qué hay de la chica? —preguntó Delaney, señalando con la cabeza hacia donde estaba Selena, rodeada por una gran parte de la población de la ciudad—. ¿Tiene algún plan? ¿Adónde irá?

—Escuche —dijo Drake con cansancio—, ¿por qué no se lo pregunta a ella? Yo me voy a mi casa.