16 #2
Ella y Evelyn se miraron con ojos asesinos, pero el momento de la violencia física había pasado. Tom casi sonrió. Era la primera vez que oía pronunciar a Constance una palabra como la que había empleado para describir a Evelyn Page .
—Escuchad, chicas —dijo, y esta vez sí que sonrió—. Prescindid del consabido tirón de pelo y sentaos. No hay nada por lo que excitarse.
—¡Nada! —dijeron ellas al unísono
Y, mientras el eco de su exclamación aún sonaba en la estancia, Allison MacKenzie entró soñadoramente por la puerta principal.
—¡Allison! —exclamó Constance.
—¿Dónde está Norman? —preguntó Evelyn.
Allison miró a su alrededor.
—Hola, madre —dijo—. ¿Norman? Estaba fuera. Ha seguido calle abajo.
Evelyn echó a correr hacia la puerta.
—¡Norman! —chilló—. ¡Norman!
Continuó gritando el nombre del muchacho hasta que apareció frente a la casa de las MacKenzie.
—¡Ven aquí! —ordenó Evelyn con la misma voz estridente.
Norman entró en el salón de las MacKenzie. Miró a Allison con temor, después a Constance, a Tom y a su madre.
—Hola, madre —dijo.
—Hola, madre. ¡Hola, madre! —gritó Constance—. ¿Es lo único que se os ocurre decir? ¿Dónde demonios habéis estado?
Evelyn Page apretó los labios.
—No hay necesidad de utilizar un lenguaje soez delante de Norman —dijo.
—¡Ja! —exclamó Constance—. ¡Seguramente sabe cosas mucho más soeces que la palabra demonios!
El rostro de Allison estaba tan blanco como el papel. Dejó la cesta de picnic en el suelo.
—¿Qué pasa, madre? —preguntó con voz temblorosa.
Tom no pudo seguir resistiéndolo un momento más. Fue a colocarse junto a la joven.
—Tu madre estaba un poco preocupada —dijo—. Ya ha oscurecido y no sabía dónde podías estar.
—Sé muy bien dónde estaba —le dijo furiosamente Constance—. ¡En el bosque con este animal haciendo quién sabe qué!
—Por el amor de Dios, Constance —protestó Tom, volviéndose hacia ella.
—¡Sí, por el amor de Dios! —dijo Constance—. ¡Y bien! —Se acercó a Allison—. ¡Y bien! Estoy esperando que me des una explicación sobre tu despreciable comportamiento.
—Mi comportamiento no ha sido despreciable —protestó Allison.
—¡Supongo que habréis ido al bosque con la única intención de leer libros! —exclamó Constance.
—Hoy no hemos leído —dijo Norman—. Hoy hemos fingido que estábamos en la laguna Walden.
—Tú no te metas en esto —dijo Constance, volviéndose hacia él—. Cuando quiera que me des una explicación, te la pediré.
—Norman —dijo Evelyn, agarrándole por el hombro y sacudiéndole—, ¿qué te ha hecho esa niña mala y perversa?
—¿Qué me ha hecho? —preguntó Norman, estupefacto—. Allison no me ha hecho nada.
—¿Qué le has hecho tú a ella? —preguntó Constance—. Esto es lo importante.
—¡No ha hecho nada! —gritó Evelyn.
—Así lo espero —dijo Constance, en voz baja y amenazadora—. Mañana llevaré a Allison al consultorio de Matt Swain. Si no está tal cómo debería estar, denunciaré a tu hijo por violación.
La cara de Norman estaba tan blanca como la de Allison.
—Yo no he hecho nada —balbuceó—. No hemos hecho nada, ¿verdad, Allison?
—Esto ya ha ido demasiado lejos —dijo Tom, con voz ahogada por la indignación—. Coja a su hijo y váyase a su casa, señora Page.
—Veo que se ha adueñado de la casa de la señora MacKenzie con todo lo demás —dijo Evelyn, despreciativamente—. Vámonos, Norman. ¡No queremos estar en la misma habitación con prostitutas y los hombres que se divierten con ellas!
Los dientes de Constance castañetearon con una ira que nunca había experimentado hasta entonces.
—¡Fuera de mi casa! —chilló, y con un gesto de desdén Evelyn cogió a Norman de la mano y se marchó.
Todo habría terminado aquí si Allison no hubiera escogido ese momento para recuperar la voz y hacer un comentario. En cuanto Norman y Evelyn hubieron salido, Allison se volvió hacia su madre.
—¡Nunca —dijo, casi escupiendo las palabras—, nunca, jamás en mi vida me había sentido tan avergonzada!
Antes de que Tom pudiera detenerla, Constance levantó el brazo y descargó una bofetada sobre el rostro de Allison.
La muchacha se tambaleó hacia atrás y cayó en el sofá, y una mujer a la que Tom nunca había visto se irguió ante ella.
Constance tenía todo el cuerpo rígido de furor, la cara contorsionada, y la voz temblorosa.
—¡Bastarda! —gritó Constance a su hija.
Tom se compadeció de la expresión que apareció en el rostro de Allison.
—¡Basta! —dijo, pero Constance no le oyó.
Se inclinó sobre su lívida hija y siguió chillando.
—¡Igual que tu padre! ¡Sexo! ¡Sexo! ¡Sexo!
En ese aspecto eres igual que él. ¡Es lo único que has heredado de él!
No te pareces a él, ni hablas como él, pero te has comportado igual que él.
Es lo único que tienes de él. Ni siquiera su nombre te pertenece.
Y después del modo en que me he sacrificado para educarte decentemente, te vas por ahí y actúas como una maldita MacKenzie.
¡La hija bastarda del mayor bastardo que ha habido en el mundo!
Las palabras de Constance flotaron en la silenciosa habitación como la niebla sobre el agua.
Su respiración se oía claramente, igual que la de Tom.
Pero Allison ni siquiera parecía respirar.
La muchacha estaba como muerta, ni siquiera sus enormes ojos se movían.
Las tres figuras del salón de las Mac-Kenzie estaban tan inmóviles, pensó Tom, como los personajes de un cuadro, y cuando el silencio se rompió, fue Constance quien lo hizo.
Se derrumbó en un sillón y empezó a sollozar, dándose cuenta demasiado tarde de lo que había hecho.
Como si sólo esperasen una señal, las otras dos figuras reaccionaron al sonido del llanto de Constance.
La mente de Tom empezó a funcionar de nuevo al comprender lo que había tratado inútilmente de descubrir durante dos años.
Miró la cabeza inclinada de Constance y le pareció ver los pedazos de su caparazón roto junto a sus pies.
Pero ¡qué cruel para una mujer abandonar de este modo la falsedad de su existencia!
Se volvió hacia Allison y, como si hubiera estado aguardando esa mirada, Allison se levantó de un salto y echó a correr escalera arriba en dirección a su dormitorio.
Tom se dirigió lentamente hacia la puerta principal y Constance alzó la cabeza para mirarle.
—Sabía que me dejarías cuando supieras la verdad —dijo, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
—Lo importante no es la verdad —dijo él—. Lo que no puedo aceptar de ninguna manera es la forma tan cruel en que se la has revelado a una simple criatura.
Él se sobresaltó al oír el primer chillido de Allison.
Pensó que la reacción de la joven a las palabras de Constance empezaba ahora a salir a la superficie.
Allison volvió a chillar dos veces antes de que su cerebro entumecido comprendiera que ésos no eran gritos de dolor sino de espanto.
Se lanzó hacia la escalera y la subió de tres en tres.
Encontró a Allison, una Allison aterrorizada y espantosamente pálida, apoyada en la pared de su dormitorio y mirando con ojos desorbitados hacia la puerta del armario abierto.
Tom la cogió antes de que cayera al suelo, y por encima del cuerpo inerte que reposaba en sus brazos, vio la cara azulada y el cuerpo grotesco de Nellie Cross colgando de la viga en el armario de Allison.
Llevó a Allison hasta la cabecera de la escalera, y cuando oyó la voz que hablaba abajo, le pareció estar viviendo una pesadilla.
—Éste era el único sitio adonde mamá debía venir hoy —decía Joey Cross a Constance— . Selena me ha enviado a buscarla. Mamá ha estado muy rara durante las últimas dos semanas. Selena ha pensado que quizás había vuelto a perderse.